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ACTUALIDAD DENTAL

Resuelve tus dudas sobre técnicas y tratamientos dentales de la mano del internacionalmente reconocido Dr. Alberto Meriñán Sebastián.







Los problemas dentales que más solemos confundir

¿Tengo una caries o sensibilidad dental? ¿Me sangran las encías como respuesta a una gingivitis o simplemente me cepillo demasiado fuerte? Estas dudas sobre problemas dentales, que se producen cuando los síntomas entre una afección y otra son similares, nos pueden desconcertar a la hora de identificar nuestra afección y, en consecuencia, a no iniciar el tratamiento adecuado.

  • ¿Sensibilidad dental o caries?
    Ésta es una de las grandes dudas que llegan a menudo a las consultas. Cuando el paciente consume bebidas frías o alimentos muy azucarados, puede sentir un dolor punzante en los dientes y traducirlo directamente con una caries. Sin embargo, en muchas ocasiones, es síntoma de sensibilidad dentaria. A diferencia de las caries, se debe a factores químicos o erosivos como las pastas dentales blanqueadoras, tratamientos de blanqueamiento mal realizados en casa o al consumo exagerado de bebidas ácidas. La diferencia entre ambas radica en la zona del dolor. Cuando hablamos de sensibilidad dentaria el dolor suele darse de forma generalizada o en un área concreta, mientras que el dolor por caries se focaliza en un diente o muela puntual. El diagnóstico diferencial es importante ya que comporta un tratamiento diferente.
  • ¿Gingivitis o cepillado agresivo?
    Muchas personas también acuden al dentista por un problema de sangrado de encías. Bastantes pacientes suelen identificarlo directamente como un síntoma de gingivitis, una infección que crean las bacterias en nuestra encía y que hace que se inflamen, sangren y cambien de color. Sin embargo, en muchas ocasiones este sangrado solamente se debe a un cepillado demasiado agresivo. La diferencia radica en el tipo de sangrado: cuando es espontáneo o por cepillado excesivamente fuerte el color de la encía es más rosado y no hay inflamación; mientras que en los casos de enfermedad periodontal la encía está engrosada e inflamada además de tener un color más rojizo.
  • ¿Manchas externas en los dientes o caries?
    Éste antiestético problema es bastante habitual, al igual que la confusión que suele generarse al determinar el origen del mismo. Aunque a priori se puede relacionar con la presencia de caries dentales debido a su apariencia similar, en muchas ocasiones son manchas producidas por el abuso de café y tabaco unido a una mala higiene dental. No deben tratarse a la ligera, ya que pueden ser el primer estadio de un problema mayor. Las manchas por tabaco o café son más extensas y visibles, mientras que las producidas por las caries se localizan en un punto. Lo ideal en estos casos es acudir al dentista para salir de dudas y obtener un diagnóstico certero para ver si lo recomendable es hacer una profilaxis y/o limpieza bucal.

 
Fuente: vivirmasymejor.elmundo.es
 

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El hueso es una estructura viva que continuamente está en un proceso de remodelación, pues a lo largo de la vida reabsorbemos tejido óseo viejo y creamos hueso nuevo de forma constante. Eso sí, el envejecimiento, determinadas enfermedades o incluso las pérdidas dentales pueden influir en que esta remodelación se complique, haciendo que la pérdida ósea dental se agrave y se produzca a una mayor velocidad.

Causas más comunes de la pérdida ósea dental
Podemos distinguir entre pérdida ósea fisiológica por atrofia, asociada al envejecimiento y a la pérdida de piezas dentales, y pérdida ósea asociada a patologías que pueden ser motivadas por una enfermedad que afecte al medio oral, como la periodontitis, o enfermedades sistémicas cuyos efectos desemboquen en una pérdida ósea bucal o una falta de desarrollo de los maxilares entre otros síntomas generales, como por ejemplo la osteoporosis.
Los síntomas que nos pueden alertar de su existencia
Hay que decir que la pérdida ósea puede pasar completamente desapercibida para el paciente. Eso sí, el síntoma más claro (y por lo general con mal pronóstico) es la movilidad dental provocada por estados avanzados de enfermedad periodontal. Otros síntomas previos a la movilidad pueden ser la percepción de dientes más largos, con el consecuente aumento de sensibilidad dental o la aparición de triángulos negros entre los dientes. Por eso siempre insistimos en visitas periódicas al dentista, ya que puede identificar de manera temprana estos síntomas y actuar en consecuencia.
En zonas donde el paciente ha perdido piezas, como consecuencia de una extracción dental o un trauma, es común que note la zona más deprimida y cóncava respecto a las zonas adyacentes con dientes y sufra retención de alimentos en la zona. Si hablamos de personas que han optado por rehabilitar sus piezas dentales mediante prótesis removibles acrílicas (dentadura postiza), lo que pueden notar es que la prótesis que anteriormente se adaptaban bien a su boca, tras la pérdida ósea, se mueve imposibilitando una correcta masticación.
Reponer las piezas para frenar la pérdida ósea
El hueso maxilar necesita el estímulo que le proporciona las cargas y tensiones procedentes de la masticación para que no se reabsorba en mayor medida del hueso que se apone. Así que cuando faltan los dientes, el hueso maxilar y mandibular tiende a reabsorberse con mayor facilidad.
Si hablamos de pérdida ósea provocada por enfermedad periodontal existen algunos tipos concretos de defectos óseos en los dientes que sí son regenerables mediante técnicas de cirugía regenerativa periodontal. Estas técnicas permiten estabilizar y alargar la vida útil de las piezas dentales de un paciente afectado por periodontitis.
Cuando existe una pérdida ósea en una zona edéntula y el paciente desea ser rehabilitado con implantes dentales, es posible que no exista un soporte suficiente para la fijación de los mismos. En estos casos se pueden estudiar distintas soluciones por parte de un especialista, entre ellas la cirugía reconstructiva mediante injertos de hueso, ya sean del propio paciente (autoinjerto), de un donante (aloinjerto), materiales procedentes de otra especie animal previamente tratado y procesado (xenoinjerto) e incluso de origen sintético (aloplásticos).
 
 
Fuente: vivirmasymejor.elmundo.es

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Habitualmente se tiene la impresión de que las enfermedades de las encías o ‘periodontales’ no son especialmente frecuentes ni importantes. Sin embargo, según la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA), en nuestro país afectan actualmente a 8 de cada 10 adultos mayores de 35 años, y recientes estudios publicados confirman que la periodontitis avanzada es la sexta enfermedad más prevalente del planeta, afectando a un 11,2% de la población mundial. Y a ello se suma que estas enfermedades también influyen muy negativamente en la salud general. Y es que lo que pasa en las encías no se queda en las encías.

No cabe duda de que una buena salud bucodental es clave para disfrutar de una buena salud general. Sin embargo, el ideario popular está plagado de creencias o ‘medias verdades’ que, lejos de proteger nuestros dientes y encías, provocan que descuidemos nuestra salud oral y tengamos un mayor riesgo de contraer enfermedades. Por ello, y en el marco de su Congreso de la Periodoncia y la Salud Bucal que se está celebrado en Málaga con la asistencia de más de 4.300 profesionales de 40 países del mundo, la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA) ha presentado su campaña ‘Cuida tus Encías’ para desmontar estos ‘mitos y leyendas’ y ofrecer consejos prácticos sobre el cuidado de la boca.

Mitos y leyendas

1. Es normal que sangren las encías
El sangrado es un signo de alarma en cualquier lugar del cuerpo y, lógicamente, las encías no constituyen una excepción. Así, una encía sana no debe sangrar, y si lo hace es porque algo no va bien. Además, el origen de este sangrado no se encuentra, como creen muchas personas, en el uso de un cepillo más duro o en un cepillado con mayor fuerza. Como alerta la SEPA, «el sangrado de las encías es un signo de inflamación y de enfermedad».
2. Si no duele, no es importante
La periodontitis o enfermedad de las encías también es conocida, además de como piorrea, como la ‘enfermedad invisible’. Y es que en los estadios iniciales no presenta ningún signo o síntoma aparente, caso del dolor. Pero ello no implica que las encías estén sanas. Un aspecto importante dado que esta periodontitis se asocia a un mayor riesgo de enfermedades muy peligrosas y potencialmente mortales, como las patologías cardiovasculares, la diabetes o el cáncer.
3. Los fumadores están ‘protegidos’ frente a la enfermedad periodontal
El sangrado de las encías es menos frecuente en los fumadores que en el resto de la población. Pero ello no supone que fumar proteja frente a la periodontitis. Por el contrario, los fumadores tienen un riesgo tres veces mayor de padecer la enfermedad y de que esta progrese más rápidamente. Y como el principal signo de alarma, esto es, el sangrado de las encías, está enmascarado, el riesgo de demora diagnóstica es mucho mayor.
4. Los tratamientos de mantenimiento me desgastan los dientes
El esmalte dental, esto es, el armazón que recubre el diente, es la parte más dura y resistente del organismo. De hecho, alcanza siete puntos en la Escala de Mohs –escala que mide la dureza de los materiales y que abre el talco, con un único punto, y cierra el diamante, con 10–. Por tanto, los tratamientos de mantenimiento, amén de necesarios, no desgastan el diente.
Como recuerda la SEPA, «los mantenimientos periodontales son indispensables para el paciente con periodontitis, puesto que es necesario eliminar periódicamente los depósitos de placa bacteriana y cálculo con una regularidad para así evitar la recaída y progresión de la enfermedad. Es una etapa fundamental del tratamiento y la única manera de conseguir el control de la enfermedad periodontal a largo plazo. Este tratamiento continuado no tiene repercusión, ni produce desgaste del diente».
5. El tratamiento periodontal no sirve para evitar la pérdida dentaria
La periodontitis provoca la destrucción de la masa ósea que sustenta las piezas dentales y, por tanto, la pérdida irreversible de los dientes. Por tanto, su tratamiento logra mantener los dientes en la mayor parte de los casos. Y en aquellos en los que no resulta posible, se puede recuperar parte del hueso perdido con técnicas regenerativas específicas.
6. Cuanta más espuma hace el dentífrico, más limpia. Y mejor con un cepillo de cerdas duras
Los espumantes son, junto a otros muchos productos –como los antibacterianos, los humectantes o los saborizantes–, un componente esencial de la formulación básica de la mayoría de las pastas dentales. Pero lo que realmente asegurar una limpieza adecuada de los dientes y elimina la placa bacteriana es el uso adecuado y eficaz del cepillo. Como recuerda la SEPA, «la duración del cepillado y el método empleado son claves para el éxito».
Entonces, ¿es mejor utilizar un cepillo de cerdas duras? Pues sí, pues por lo general son más efectivos a la hora de eliminar la placa bacteriana y las manchas en los dientes. Pero cuidado: los cepillos de cerdas duras o el cepillado brusco o traumático pueden producir desgaste en el esmalte y retracción en las encías, quedando expuesta la raíz de la pieza dental.
7. El colutorio, cuanto más ‘pica’, más cura
Un enjuague bucal fuerte o con mucho alcohol no siempre es mejor para la salud de las encías. Además, pueden provocar sequedad de los tejidos orales. Y asimismo, siempre deben utilizarse como complemento del cepillado, pues por sí solos no son efectivos para controlar la placa bacteriana.
8. El mal aliento o halitosis se debe a problemas digestivos
La realidad es que el mal aliento o halitosis se origina en hasta un 85-90% de las veces en la cavidad oral. De hecho, este mal olor procede del efecto de las bacterias anaerobias que hay en la boca, que son capaces de degradar productos de la alimentación. Así, las deficiencias en la higiene oral, la presencia de enfermedad periodontal, la acumulación de bacterias y la putrefacción de restos de comida son, entre otros, factores de riesgo para el desarrollo de la halitosis.
9. Las limpiezas periódicas de boca sustituyen el tratamiento periodontal
El tratamiento periodontal no se limita a una simple limpieza de la cavidad oral, sino que es una actuación médica individualizada según la situación de cada paciente en un momento concreto. Por tanto, estas limpiezas periódicas no sustituyen, en ningún caso, este tratamiento.
10. Mascar un chicle puede sustituir la higiene bucal
La acción mecánica que conlleva el mascar chicle –o el comer alimentos crujientes como frutas y verduras– favorece la autolimpieza dental. Pero lo que en realidad lleva a cabo el mascar chicle es un efecto de arrastre y un aumento de la salivación, lo que contribuye a la eliminación de la placa. Pero no puede considerarse como un sustituto de otras acciones básicas que conforman la higiene bucal diaria.

No dejes para mañana…

Pero aún queda una última puntualización que sumar a este decálogo. Y es que en salud bucodental no vale el ‘ya me cepillaré los dientes por la mañana.
Como concluye la SEPA, «al dormir se produce menos saliva, y el movimiento de nuestra lengua, mejillas y labios es menor. Esta situación favorece el crecimiento de las bacterias causantes de la caries y de las enfermedades de las encías. Y es que como consecuencia de la disminución de producción de saliva durante la noche, nuestra boca se encuentra más desprotegida y las bacterias pueden adherirse más fácilmente a nuestros dientes. Por ello, es absolutamente necesario limpiar cada diente meticulosamente antes de dormir. Si hay un cepillado imprescindible a lo largo del día, es el que debe hacerse antes de acostarnos».
 
Fuente: abc.es
 

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Cuando los jugadores de fútbol profesional no se preocupan de la salud bucal como hacen con sus rodillas o cuádriceps son más propensos a lesionarse y a bajar su rendimiento. A más caries, menos goles y más lesiones. Esa es la conclusión de los primeros estudios científicos realizados en el Reino Unido, España y Brasil, y publicados en los últimos cinco años.
Una investigación realizada en 2015 por la University College de Londres con ocho equipos de la Premier League, mostraba que la mayoría de jugadores padece problemas importantes bucodentales: ¡casi el 40% tiene caries activas!, el 50% presenta erosión dental y el 45% reconoce que se siente molesto con su boca. Algunos –un 7%– incluso afirman que eso les perjudica tanto en los entrenos como en los partidos.
En 2011 se publicó otro estudio, esta vez sobre la salud bucodental de los jugadores del FC Barcelona: los futbolistas culés tenían nada menos que una media de ¡dos caries activas cada uno! Durante tres temporadas, de 2003 a 2006, investigadores de la Universidad de Barcelona y del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) realizaron un seguimiento de la plantilla del primer equipo: qué lesiones o traumatismos bucales tenían, cómo era la higiene bucodental que practicaban o si tenían problemas de encías u oclusión dental.
Luego contrastaron los datos recogidos con la información del equipo médico del club acerca de las lesiones deportivas. La conclusión era apabullante: los jugadores con peor salud bucodental eran también los que atesoraban una mayor probabilidad de lesionarse. Al parecer, cuando se produce una infección en la boca, se segregan una serie de mediadores químicos que, a través de la sangre, pueden llegar a los músculos y debilitarlos.
«Hay que pensar que, en general, los deportistas de alto rendimiento son un grupo con un índice de caries muy elevado. Toman muchos carbohidratos ricos en azúcares, barritas energizantes, bebidas con azúcar… Y el ejercicio les seca la boca y los deja sin saliva, fluido que protege contra las caries. Una boca insana puede tener un gran impacto en su rendimiento», explica la dentista Lluïsa Solé.
Vieron que un tercio de la plantilla sufría bruxismo: debido al estrés, rechinaban los dientes mientras dormían. Y como le ocurría a Ronaldinho, dos tercios de los jugadores tenían los dientes mal alineados. Y eso no solo es una cuestión estética: en el caso del brasileño, le provocaba ciertas dificultades respiratorias.
Solé explica que está documentado científicamente cómo “las enfermedades orales, sobre todo las relacionadas con las encías, pueden provocar problemas de salud en el resto del organismo”. Generan desde trastornos del equilibrio y lesiones musculares hasta dolores de cabeza o calambres, e incluso agravan una diabetes y aumentan el riesgo de cardiopatías.
Los españoles, sin embargo, no parecemos ser muy conscientes de ello. Según los datos recogidos por el Libro blanco de la salud bucodental en España, elaborado en 2015 por el Consejo General de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos, solo el 48,3 % de los españoles habían pasado el último año por el dentista. Aun así, “en general, hemos mejorado bastante de un tiempo a esta parte. A nuestros padres les insistían en que se cepillaran los zapatos y a nosotros ya nos dijeron que era importante lavarse los dientes. E incluso hemos introducido colutorios e hilo dental”, valora Vicente Faus, presidente de la Sociedad Española de Odontología Conservadora (SEOC).
Nuestra salud bucodental tiene mucho que ver con las bacterias que hay en nuestra boca: son más de setecientas especies distintas, y en un mililitro de saliva viven tantos microorganismos como habitantes tiene China. La mayoría nos ayudan a degradar la comida; pero otros nos acarrearán problemas de salud si consiguen proliferar y desequilibrar la microbiota bucal. Uno de los microorganismos que hay que mantener a raya es el Streptococcus mutans, bacteria causante de las caries.

¿Y cómo se mantiene en equilibrio la microbiota bucal?

Con una buena higiene y tratando de evitar factores de riesgo, como entrar en contacto con bacterias patógenas. Y esto es así incluso desde la gestación: si la embarazada tiene una carga bacteriana elevada, es más probable que parte de esos microbios pasen a la boca del hijo; y si son causantes de infecciones, pueden provocarle problemas.
Se transmiten por la saliva, de manera que, con un gesto tan habitual como limpiar el chupete del bebé chupándolo nosotros, podemos pasar al niño microorganismos patógenos. También las parejas comparten microbiomas bucales muy parecidos, ya que en cada beso se intercambian bacterias; si algunas de ellas son indeseables, pueden contagiar la caries.
La dieta, y sobre todo una ingesta elevada de azúcar, es clave para alterar la microbiota oral. Y no solo nos referimos a los terrones que le echamos al café o a las chucherías, sino también a los refrescos, los zumos industriales, el pan, la pasta, el kétchup… El azúcar puede alterar el colágeno y además acidifica el entorno, lo que afecta a los dientes erosionando su esmalte y dejándolos sin protección ante las bacterias que provocan las caries.
La saliva desempeña un papel protector fundamental. Está repleta de iones de fosfato y de calcio, y de flúor, que remineralizan las superficies del esmalte que el ácido ataca. No obstante, en algunos momentos de la vida, la producción de saliva disminuye, como cuando nos hacemos mayores. También algunas profesiones nos hacen salivar menos –las que requieren que hablemos mucho en público o el deporte de alto rendimiento–, y, por eso, estos grupos se consideran de riesgo ante las enfermedades bucodentales.
Si la comunidad de microorganismos se desequilibra y proliferan microbios patógenos, pueden aparecer las caries o la enfermedad periodontal. Aunque la mayoría pensamos en las caries como en los agujeritos que aparecen en los dientes, el problema comienza ya con la desmineralización de la pieza, a la que deja sin capa protectora. Por suerte, se puede revertir. «Podemos controlar y evitar los factores patológicos de cada paciente y potenciar aquellos que nos ayudan a tener unos dientes y una microbiota compatible con una buena salud oral», explica Solé.
También son útiles determinados productos profesionales que se colocan sobre los dientes por la noche, ricos en fosfato de calcio, que ayudan a recuperar la mineralización de la dentadura; o aquellos con xilitol o flúor, que también devuelven a los dientes su esmalte.
La enfermedad periodontal resulta más complicada: es infecciosa, inflamatoria y crónica, y además destruye los tejidos de soporte del diente: el hueso alveolar. Y pese a que la mayoría de la población desconoce qué es, alrededor del 35 % de los españoles la padece, de acuerdo con un estudio de la Sociedad de Prevención Ibermutuamur-SEPA de 2012.
La primera fase es la gingivitis, o sea, la inflamación de las encías, que es reversible. Cuando se eliminan las bacterias patógenas o se mejora la higiene, el problema desaparece. Ahora bien, en algunos casos evoluciona a periodontitis y se produce pérdida de hueso. “Hay unas bacterias que afectan directamente al esmalte; y otras que colonizan el espacio entre la encía y el diente y que van destruyendo el hueso, hasta que llega un momento en que el diente se mueve y lo puedes perder”, explica Solé.

La detección precoz, esencial

Si se detecta en las primeras fases, el tratamiento permite mantener los dientes, pero si se diagnostica en una fase avanzada, con frecuencia no se puede conservar la dentadura. Una primera pista de que podemos tener periodontitis es que nos sangren las encías con frecuencia. “Pueden sangrar si nos hacemos una herida un día o en situaciones como el embarazo, por los cambios hormonales. Pero un sangrado habitual es síntoma de que hay un problema”, señala Regina Izquierdo, ortodoncista profesora de la Universidad de Valencia y miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA).
La enfermedad periodontal tiene dos consecuencias. La primera es local y supone la pérdida de dientes. La otra es sistémica y puede llegar a ser grave: la presencia de una gran cantidad de bacterias patógenas bajo la encía puede hacer que aquellas pasen a la sangre e invadan diferentes tejidos y órganos. De hecho, una mala salud bucodental se ha relacionado con un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular, parto prematuro, diabetes y síndrome metabólico, entre otras complicaciones.
La SEPA tiene varios grupos de trabajo en colaboración con otras sociedades, como las de cardiología, diabetes y ginecología, porque “la salud de las encías puede mejorar o empeorar ciertas afecciones sistémicas que, a su vez, si no se controlan, pueden agravar el problema de encías”, comenta la doctora Izquierdo. “Empezamos a encontrar muchos microorganismos presentes en el sarro en órganos distantes que tienen algún problema de salud. Y vemos que cuando eliminamos esos microorganismos, disminuye la prevalencia de esa enfermedad”, explica el doctor Faus.
Las dos enfermedades sistémicas en las que mayor relación se ha descubierto con la periodontitis son la diabetes y las cardiopatías. El riesgo de los diabéticos de sufrir enfermedad periodontal es mucho mayor; y también al revés: la enfermedad periodontal, debido a la inflamación crónica que genera, hace que mediadores de esa inflamación pasen a la sangre, lo que afecta al control metabólico del azúcar.
Asimismo, cuando le diagnostican a alguien periodontitis, el riesgo de padecer una enfermedad del corazón aumenta. De hecho, las personas que han sufrido un infarto de miocardio deben extremar el cuidado de las encías: un estudio reciente de la Universidad de Granada concluía que los infartos eran más frecuentes y graves entre los pacientes con problemas periodontales no tratados.
Por otra parte, el hecho de que España sea uno de los países del mundo en que más implantes se realizan, en palabras del doctor Faus, puede tener una doble lectura: que tenemos excelentes cirujanos orales y que “en España han proliferado más que en otros países de Europa o Estados Unidos un tipo de clínicas dentales que se lucran con su trabajo, sobre todo poniendo implantes. Al fin y al cabo, mantener un diente en la boca es lo más complejo. Un implante, en cambio, es más lucrativo y necesita menos técnica y tiempo”.

«Solo hay que hacer un implante cuando ha fallado todo lo demás», asegura la doctora Izquierdo. “El mejor material para la boca es el propio diente. Es el más biocompatible y se une a la encía de forma perfecta protegiendo de la entrada de bacterias”. Los implantes, al contrario de lo que se suele pensar, no son para toda la vida y tienen un riesgo asociado elevado de que la persona acabe desarrollando periimplantitis, “una enfermedad que implica una pérdida de hueso por infección alrededor del implante”, explica Solé. De hecho, según un estudio de la SEPA, entre un 28 % y un 56 % de los pacientes que llevan implantes la padecen.
Los implantes suelen ser de titanio y, en los últimos años, han evolucionado en tema de diseño, materiales, superficies y tipos de rosca. Incluso también en su colocación: «Ahora hacemos cirugía guiada mediante ordenador. A partir de un TAC de la boca del paciente y mediante un software, podemos virtualmente saber cuál es la mejor opción para realizarle el implante: la angulación, la profundidad o la posición exacta», destaca Solé.
Una vez decidida, se transfiere la información a una guía que luego se coloca sobre la encía, de manera que «se mejora mucho la predictibilidad, se acortan tiempos quirúrgicos y, si el caso lo permite, incluso evitamos levantar la encía, lo que supone mayor comodidad para el paciente. A pesar de todo, los conocimientos y la experiencia del dentista siguen siendo la clave del éxito de estos tratamientos», sentencia Solé.
 
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La obsesión por tener los dientes blancos o blancorexia, que impulsa a las personas a realizarse tratamientos de blanqueamiento dental frecuentes y sin control médico, puede afectar negativamente a la salud oral.
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A todo el mundo le gusta lucir una sonrisa radiante porque unos dientes sanos, blancos, y correctamente dispuestos, contribuyen a dar armonía al rostro y aumentan el atractivo de una persona. Quizás por eso en los últimos años los dentistas han observado que se ha producido un significativo aumento en la demanda de tratamientos estéticos como el blanqueamiento dental.
Pero si este deseo se convierte en una obsesión por tener los dientes blancos, lo que se conoce como blancorexia, y se abusa de estos tratamientos –lo normal es realizarse uno cada cinco o seis años– o, lo que es peor, se utilizan sustancias blanqueantes sin supervisión profesional, se puede llegar a perjudicar la salud bucodental.
El blanco no es el color natural de los dientes, afirman los expertos, sino que este se asemeja más a un tono marfil y, además, está condicionado por aspectos genéticos y hábitos de alimentación e, incluso, por el consumo de ciertos medicamentos. Los tratamientos aclaran el tono, pero no siempre se puede conseguir el blanco que demandan algunos pacientes.
Las personas con blancorexia, obsesionadas por tener la sonrisa perfecta de los famosos y los modelos publicitarios, suelen recurrir a productos que se comercializan en farmacias, parafarmacias y supermercados, y hacerse los tratamientos por su cuenta, con mayor frecuencia de la recomendable, y sin supervisión especializada. Este trastorno, que afecta a ambos sexos, requiere atención psicológica, como ocurre con otro tipo de obsesiones o manías.

Riesgos del blanqueamiento sin control

Aplicarse tratamientos para blanquearse los dientes sin control puede afectar negativamente a la salud bucodental y, según advierten los dentistas, provocar efectos secundarios como grietas, hipersensibilidad dental, o lesiones en la pulpa dentaria que pueden incluso causar la muerte y pérdida del diente por una necrosis pulpar.
El blanqueamiento dental es una técnica que tiene que ser realizada por profesionales, que son los que están cualificados para determinar si una persona tiene una buena salud oral, y cuál es el tratamiento más adecuado y menos invasivo en cada caso, ya que las sustancias químicas que contienen los blanqueantes pueden irritar las encías o dañar el esmalte, y es necesario dejar pasar un tiempo entre un tratamiento y el siguiente.
Para realizar el blanqueamiento el especialista tiene que aumentar la porosidad de los dientes para que ciertas sustancias penetren en su interior, y se protegen las encías del paciente, ya que algunos de los productos utilizados, como el peróxido de hidrógeno o de carbamida, pueden resultar tóxicos a determinadas dosis, y dañar dientes y encías.
En las clínicas odontológicas se emplean, además, técnicas como el láser o el blanqueamiento por luz fría con el fin de activar las sustancias que se aplican sobre la dentadura, y el tratamiento se combina con el uso de productos en el domicilio, siempre bajo la supervisión del especialista, lo que resulta más eficaz y evita efectos secundarios indeseados.

Fuente: webconsultas.com

 
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