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ACTUALIDAD DENTAL

Resuelve tus dudas sobre técnicas y tratamientos dentales de la mano del internacionalmente reconocido Dr. Alberto Meriñán Sebastián.







Es verdad que algunos de los síntomas asociados al embarazo, especialmente en el primer trimestre, pueden debilitar el esmalte dental, pero eso que se suele decir de que cada hijo «cuesta un diente», no es cierto. Hoy repasamos algunas de las verdades y mentiras sobre la salud de los dientes durante el embarazo:

VERDADERO. En el embarazo se pueden producir dolor, inflamación o un sangrado al cepillarse, síntomas principales de la gingivitis. Cualquier persona puede sufrir de enfermedades gingivales, pero las embarazadas a veces tienen más posibilidades debido a los cambios hormonales.

FALSO. El dicho «cada hijo me costó un diente». Es un dicho popular que no tiene ningún fundamento si se mantiene una correcta higiene bucal y revisiones periódicas.

VERDADERO. Los vómitos provocan erosión del esmalte, haciéndolo más susceptible a las caries.

FALSO. El bebé obtiene el calcio de los dientes de la madre. El bebé necesita mucho calcio para generar su propio esqueleto, pero éste proviene fundamentalmente de los huesos y no de los dientes. Es aquí donde entran en juego los meticulosos cuidados prentales que tienen que ver con la alimentación de la embarazada. Para no ‘robarle’ calcio a los huesos de la mamá, es importante incrementar el consumo de este mineral, lo mismo que el de proteínas.

FALSO. Durante el embarazo no se deben hacer tratamientos dentales ni recibir anestesias para evitar lesiones o problemas en el feto. Aunque hay que tener más cuidado durante el primer trimestre, durante el resto del embarazo no sólo es posible ir al dentista sino además recomendable, precisamente para evitar los problemas mencionados antes. A veces es posible incluso utilizar algunas anestesias, como las anestesias sin vasoconstrictor en el segundo trimestre, o las radiografías digitales.

VERDADERO. Es posible tener mal sabor de boca o aliento, debido a las malas digestiones, el ardor de estómago, los vómitos o los cambios en la composición de la saliva. También la sequedad en la boca o exceso de salivación, efectos menos probables pero que pueden ocurrir en el primer trimestre del embarazo.

CUÁNDO IR AL DENTISTA

Si notamos las encías sensibles, hinchadas o enrojecidas, si los dientes sangran con facilidad durante el cepillado o si no podemos eliminar el mal aliento y el mal sabor de boca. También hay que tener cuidado de cepillarse entre horas y más a menudo de las dos veces diarias recomendadas, sobre todo si se comen alimentos y bebidas azucarados o los consabidos antojos, usando siempre pasta fluorada y un cepillo pequeño para evitar las náuseas. Se puede complementar este cuidado con hilo dental y cepillos interproximales: para aprender a usarlos, mejor visitar al dentista y comprobar si se necesita un complemento adicional para la higiene bucal durante el embarazo.

 

Fuente: hola.com

 
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Una buena salud bucodental puede ayudar a los deportistas a evitar futuros problemas en músculos, tendones o arterias

Los deportistas son uno de los grupos de la población más concienciado con su salud bucodental, ya que un 88,5 por ciento se muestra preocupado por esta, en comparación con el 64 por ciento de la población total, aunque sólo el 25 por ciento comprende la influencia que puede tener en su rendimiento deportivo, según se desprende de las estadísticas.
Y es que, los problemas que se originan en la cavidad bucal pueden desencadenar infecciones o molestias en el resto del organismo. En concreto, las afecciones más comunes entre deportistas son dientes sensibles (26%), caries sin empastar (17%) y problemas periodontales (12%).
La aparición de estos problemas, especialmente los dos últimos, generan una serie de bacterias que pueden llegar a pasar a la sangre y, en última instancia, extenderse por todo el sistema sanguíneo hasta llegar a comprometer la estructura ósea, dañar tejidos blandos circuncidantes e incluso afectar a otros músculos, tendones y articulaciones.
Por ello, la experta ha insistido en que una buena salud dental evita los problemas musculares y/o articulares que puedan padecer los deportistas profesionales o amateurs. No obstante, puntualiza, no todos los problemas de salud bucodental relacionados con el deporte están ligados con el flujo sanguíneo.
En concreto, hay otros más comunes que tienden a pasar desapercibidos, como el bruxismo o la escasa salivación. El estrés del momento, combinado con el intenso trabajo físico favorece que los dientes se aprieten con mayor fuerza de lo habitual, hecho que no sólo puede dañar la dentadura y dar lugar a padecer más sensibilidad dental, sino que puede derivar en contracturas de las zonas conectadas a los músculos bucales como el cuello o la espalda.
Además, el aumento de la frecuencia cardiaca implica un mayor consumo de oxígeno, por lo que la respiración tiende a acelerarse. Este acto, tal y como ha explicado, provoca la disminución de saliva y la sequedad de la boca que favorecen la aparición de afecciones bucodentales, o que el esmalte dental se pueda ver dañado.
Los deportistas también experimentan un mayor número de extracción de piezas dentales y de colocación de implantes, concretamente entre un 2,5 y un 4 por ciento más que el resto de la población. La principal causa se encuentra en los deportes de contacto, en los que es común dañar o perder piezas dentales, lo que puede ocasionar heridas abiertas en la encía o en tejidos blandos que estén en contacto en el momento del impacto.
Por otra parte, los expertos también informan de que los suplementos alimenticios más comunes en la práctica deportiva son el origen de gran cantidad de problemas de salud bucodental si su consumo no es moderado o no está supervisado.
La razón de que estos complementos alimenticios den lugar a afecciones bucodentales se basa en su composición, en la que están presentes elevados niveles de azúcares, carbohidratos, minerales y otros elementos que compensan las pérdidas del organismo, pero que a su vez favorecen la erosión dental, la aparición de caries y pueden dañar el esmalte dental debido a su composición ácida.
Del mismo modo, los complementos como las bebidas o las barritas energéticas o nutritivas, tienden a adherirse a las piezas dentales, especialmente en sitios poco accesibles, favoreciendo la aparición de caries por su elevado contenido en azúcares.
En el caso de los deportistas es esencial acudir con frecuencia (dos veces al año mínimo) al dentista para una revisión general, de tal forma que se puedan prevenir problemas bucodentales que lleguen a afectar a la salud general.
 
Fuente: lne.es

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Masticar bien es importante, ya que la digestión de los alimentos se inicia en la cavidad oral. La correcta trituración de los alimentos no solo favorece la absorción de nutrientes en el tracto intestinal, sino que cuanto más masticamos, más lento comemos y, en consecuencia, más saciados nos sentimos. O dicho de otra manera, prolongar la masticación hace que tengamos menos apetito durante el resto del día, lo que evita posteriores ingestas de alimentos tan banales como innecesarias. Tal es así que un estudio publicado en 2012 concluyó que el secreto para no engordar reside en masticar la comida durante 30 segundos antes de tragarla. Pero parece que los beneficios de ejercitar nuestros músculos maseteros no acaban aquí. Y es que como sugiere un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Manchester (Reino Unido), una correcta masticación también nos puede proteger frente al desarrollo de infecciones en la cavidad oral.
Concretamente, el estudio, publicado en la revista «Inmunity», describe cómo el proceso de masticación estimula la producción de linfocitos T colaboradores Th17, células del sistema inmune que juegan un papel fundamental en la lucha frente a las infecciones fúngicas y bacterianas que se presentan en la cavidad bucodental.
Como explica Joanne Konkel, directora de la investigación, «el sistema inmunitario lleva a cabo un notable ejercicio de equilibrio en las zonas de barrera como la piel, la boca y el intestino, en las que combate los patógenos dañinos a la vez que ‘tolera’ la presencia de las bacterias ‘amistosas’. Y en este sentido, nuestro trabajo muestra que, contrariamente a como sucede en otras zonas de barrera, la boca tiene una forma especial de estimular los linfocitos Th17: no a través de las bacterias, sino de la masticación. En consecuencia, la masticación puede inducir una respuesta inmune protectora en nuestras encías».

Masticación ‘inmunitaria’

Numerosos estudios han demostrado que la capacidad, mayor o menor, del sistema inmune para combatir las infecciones se encuentra condicionada por la dieta. Sin embargo, y según muestra el nuevo estudio, parece que no se trata solo del tipo de alimentos que comemos, sino también de la paciencia que tenemos para ‘procesarlos’ antes de deglutirlos.
Para lleva a cabo el estudio, los autores utilizaron un modelo animal al que suministraron alimentos cada vez más duros, forzándoles así a un incremento progresivo de su necesidad de masticación. Y lo que vieron es que cuanto más duros eran estos alimentos, mayor era la estimulación de linfocitos Th17, constatando que la masticación es el factor crítico para la producción de estas células inmunitarias.
Y este tipo de linfocitos, ¿es exclusivo de la cavidad oral? Pues no, se encuentran en la piel y el intestino, en los que su producción requiere la presencia de bacterias ‘amistosas’. No así en la boca, en la que la masticación induce factores que estimulan el desarrollo de estos linfocitos Th17 por el tejido de las encías –o ‘tejido gingival’.
Es más; dada la relación de las infecciones y procesos inflamatorios en la boca y la aparición de múltiples enfermedades, no debe descartarse que los beneficios de la activación de los linfocitos Th17 puedan extenderse a otras zonas del cuerpo.
Como refiere la directora de la investigación, «la inflamación en la boca se asocia al desarrollo de enfermedades por todo el organismo, por lo que un mejor conocimiento de los factores específicos que regulan la inmunidad a nivel de la barrera oral podría, cuando menos en teoría, conllevar al diseño de nuevas vías para tratar múltiples enfermedades inflamatorias».

Persistir con moderación

Entonces, y con objeto de proteger nuestras encías frente a hongos y bacterias, ¿es aconsejable que mastiquemos la comida no ya durante 30 segundos, sino incluso mucho más tiempo? Pues no. Los excesos son perjudiciales y la masticación no es la excepción que confirma esta regla. Y no tanto porque un masticado desmesuradamente exagerado pueda dañar nuestros músculos maseteros y, a la larga, acabar erosionando nuestros molares, sino porque la sobreestimulación de linfocitos Th17 tiene un efecto negativo: cuando se encuentran en un número excesivo, estos linfocitos pueden contribuir a la aparición y desarrollo de la periodontitis –esto es, la consabida ‘enfermedad de las encías’, comúnmente conocida como piorrea.
Como concluye Joanne Konkel, «en nuestro trabajo también hemos sido capaces de demostrar que el aumento del daño causado por la masticación también podría exacerbar la pérdida ósea en la periodontitis».
Fuente: ABC.es

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La enfermedad periodontal es la patología más prevalente en el ser humano. Los expertos advierten que las consecuencias van mucho más allá la estética o de tener únicamente repercusiones en la esfera bucodental, sino que también son crecientes las evidencias que vinculan algunas enfermedades periodontales con el mayor riesgo de sufrir un evento cardiovascular, de diabetes o de controlarla peor, o de sufrir un parto prematuro.

Se estima que en España 8 de cada 10 personas mayores de 35 años tienen algún problema relacionado con las encías

Según las encuestas se determina que entre el 85- 94% de la población española mayor de 35 años presenta algún problema relacionado con las encías. En concreto, sobre la periodontitis, en el informe pone de manifiesto que entre el 16-30% de los españoles mayores de 35 años tiene esta infección periodontal, alcanzando el grado de severa en el 5-11% de la población adulta.

Al ser la periodontitis una enfermedad en la que la inflamación supone un aspecto trascendental, se ha relacionado con algunas enfermedades sistémicas, como la diabetes, el parto prematuro o determinadas enfermedades cardiovasculares. Por lo que es importante tratar la salud periodontal como parte del manejo del paciente con riesgo cardiovascular, el control de los pacientes con diabetes, o como elemento relevante en la prevención del parto prematuro.

Las enfermedades periodontales son patologías que afectan al periodonto, es decir, a los tejidos que sostienen a los dientes. Son patologías infecciosas, causadas por bacterias. Hay dos grandes grupos de enfermedades periodontales: gingivitis (inflamación superficial) y periodontitis (destrucción más profunda de los tejidos periodontales). Su prevalencia la convierte en la patología más frecuente en el ser humano, junto con la caries. En España, solo el 10-15% de los adultos presenta una encía sana, y entre el 25-40% presentaría la enfermedad más destructiva, la periodontitis.

Algunas medidas básicas de higiene bucodental pueden ahorrar muchos costes y evitar problemas de salud posteriores. Si conseguimos cepillarnos los dientes dos veces al día y utilizar seda dental o cepillitos interdentales, nuestro nivel de enfermedad bajará muchísimo. Se prevendrán así enfermedades como las de las encías, que suponen la presencia de gran cantidad de bacterias dentro de la boca, y eso aumenta el nivel de inflamación que tiene todo nuestro cuerpo. Al menos una vez al año, y si se puede, cada 6 meses, deberíamos acudir al dentista para que evalúe la situación, para que detecte si hay algún problema y solucionarlo rápidamente, y para conseguir así mantener nuestra salud a medio y largo plazo. Los tratamientos son más sencillos y exitosos en las fase iniciales de la enfermedad, siendo el diagnóstico precoz importantísimo; por el contrario, cuanto más se retrasa el tratamiento, más avanza la enfermedad, más complejo es el tratamiento y más severas son las secuelas.

Causas

Las enfermedades periodontales son infecciones causadas por bacterias situadas bajo la encía, en concreto, entre la encía y el diente. En la gingivitis, la acumulación de bacterias bajo la encía, organizadas en forma de placa bacteriana (ahora se denomina biofilm dental), conduce a la inflamación de los tejidos adyacentes. Siempre que haya placa bacteriana, habrá algún grado de gingivitis.

La causa primaria de la periodontitis también son las bacterias del biofilm dental. Sin embargo, para que la gingivitis progrese a periodontitis, son necesarios más factores (factores de riesgo), y que incluyen: factores genéticos (antecedentes familiares); ambientales: estrés, alcohol, sobrepeso y, sobre todo, tabaco; enfermedades del resto del cuerpo: diabetes, la osteoporosis, cualquier enfermedad que suponga una bajada en las defensas (inmunodepresión) o infecciones frecuentes por virus como el herpes; ciertos medicamentos: fármacos inmunosupresores, antagonistas del calcio para pacientes hipertensos, anticonvulsionantes, antiepilépticos o anticonceptivos orales que favorecen la inflamación y el aumento de sangrado de la encía; malos hábitos de higiene de la boca, junto con la ausencia de cuidados profesionales (revisiones, limpiezas de boca periódicas,…), y factores de la propia boca o de los dientes, como la presencia de dientes mal colocados, empastes desajustados…

¿Cómo prevenir y tratar?

La mejor forma de prevenir la periodontitis es mantener una correcta higiene oral para controlar los niveles de placa dental, pero en personas predispuestas, a pesar de una correcta higiene oral, puede tender a producirse la enfermedad. Por lo tanto, la higiene oral es un importante pilar de prevención de las enfermedades periodontales, pero no el único. Se debe acompañar de revisiones periódicas al especialista para que se pueda realizar un diagnóstico precoz de la enfermedad en caso de que se presente. Para controlar la placa bacteriana en la boca, disponemos de dos tipos de métodos: los mecánicos (cepillado, seda dental, cepillitos interdentales…) y los químicos (enjuagues, pastas de dientes…, siempre que cuenten con aval científico sobre su eficacia).

Por su parte, el tratamiento de las enfermedades periodontales tiene tres objetivos diferentes: Eliminar o reducir las bacterias productoras de la enfermedad; suprimir, reducir o modificar los factores que hacen que los pacientes sean más susceptibles a ésta, como el tabaco o ciertas alteraciones dentarias como las malposiciones, y crear las condiciones adecuadas para que la enfermedad se pueda mantener controlada a largo plazo.

En el caso de la gingivitis, es necesario limpiar las bacterias que se hayan acumulado, mediante la eliminación de la placa dental y el cálculo dental (también llamado “sarro”). Este tratamiento, denominado profilaxis profesional (o “limpieza de boca”), lo realizan los profesionales odontológicos. Además, es fundamental explicar cómo se deben cepillar los dientes y encías para mantenerlos limpios, y que no vuelva a aparecer la gingivitis.

En las periodontitis, el tratamiento es más extenso y complejo. En primer lugar se realiza un detenido estudio preoperatorio de la encía que puede incluir radiografías, para valorar la situación antes de empezar el tratamiento. En algunas ocasiones podría ser necesaria la realización de algunas pruebas complementarias, como un estudio de las bacterias presentes en la encía.

Fuente: ABC.es

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Una buena salud bucodental limita el número de bacterias en la cavidad oral que pueden acabar originando la neumonía. Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de la Mancomunidad de Virginia en Richmond (EE.UU.) muestra que las personas que nunca van al dentista tienen un riesgo hasta un 86% mayor de desarrollar neumonía que aquellas que acuden dos veces al año a la consulta del especialista. Y es que la salud bucodental juega un papel clave en nuestra salud general. No en vano, la falta de higiene oral puede conllevar el desarrollo de enfermedades que, como las caries o la periodontitis –la consabida ‘enfermedad de las encías’–, pueden derivar en patologías asociadas a una gran mortalidad, caso de las cardiovasculares y de distintos tipos de cáncer. Y asimismo, de neumonía. De ahí la importancia de acudir regularmente a las consultas del dentista para un mejor cuidado de nuestra salud oral.
Como explica Michelle Doll, directora de esta investigación publicada en el marco de la Reunión Conjunta 2016 para las Enfermedades Infecciosas (IDWeek) que se está celebrando en Nueva Orleáns (EE.UU.), «la conexión entre la salud oral y la neumonía está bien documentada, y las visitas a la consulta del dentista son importantes para mantener una buena salud oral. Es cierto que no podemos eliminar completamente las bacterias de nuestra cavidad oral, pero también es verdad que una buena salud bucodental puede limitar la cantidad de bacterias presentes».

Enfermedades infecciosas

La neumonía es una enfermedad del sistema respiratorio que, generalmente causada por una bacteria, un hongo o un virus, puede llegar a resultar mortal, muy especialmente en los niños, las personas inmunocomprometidas y los mayores. De hecho, la Sociedad Americana de Enfermedades Infecciosas (IDSA) calcula que, cada año, en torno a un millón de estadounidenses contrae neumonía y cerca de 50.000 acaban falleciendo a causa de la misma. Entonces, y dado que la neumonía tiene un origen infeccioso, ¿el cuidado de nuestro microbioma oral puede ayudar a reducir el riesgo de contraer la enfermedad? Pues parece que sí, y mucho.
Para llevar a cabo el estudio, los autores evaluaron los datos registrados en una encuesta realizada en 2013 en Estados Unidos sobre la atención sanitaria –incluido el cuidado bucodental–, su coste y el grado de satisfacción de los usuarios. Y de acuerdo con los resultados, hasta 441 del total de 26.246 participantes en la encuesta padecían neumonía bacteriana.
El análisis de los resultados concluyó que las personas que nunca acuden al dentista para una revisión bucodental tienen un riesgo hasta un 86% mayor de desarrollar neumonía que aquellas que conciertan –y acuden– dos visitas anuales con el especialista.
El organismo está repleto de microorganismos –esto es, de bacterias, hongos y virus–, algunos de los cuales juegan un papel esencial. Es el caso, por ejemplo, de algunas especies bacterianas de la flora intestinal y del microbioma oral. Pero algunos de estos microorganismos son simplemente nocivos y pueden llegar a causar una enfermedad. Así sucede cuando, entre otras muchas bacterias, algunas especies de estreptococos y de estafilococos son accidentalmente inhalados o aspirados y llegan a los pulmones, en los que pueden originar una neumonía. Y en este contexto, como destaca Michelle Doll, «las visitas rutinarias al dentista pueden reducir la cantidad de bacterias que pueden ser aspiradas».

Hay que ir al dentista

En definitiva, acudir dos veces al año a la consulta del dentista no solo mantiene sanos los dientes y encías, sino que reduce la cantidad de bacterias que viven en la cavidad oral y disminuye el riesgo de acabar padeciendo una neumonía.
Como concluye Michelle Doll, «nuestro estudio refuerza las evidencias de que la salud oral está unida a la salud general, y sugiere que es importante incorporar el cuidado bucodental al cuidado rutinario para la prevención de la salud».
 
Fuente: ABC.es
 
 
 
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