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Resuelve tus dudas sobre técnicas y tratamientos dentales de la mano del internacionalmente reconocido Dr. Alberto Meriñán Sebastián.







Cepillarse los dientes es una de las actividades de higiene diaria más importantes, pero nuestra concepción de la salud bucodental suele estar equivocada a la hora del cepillado, por lo que os presentamos varias recomendaciones que todos deberíamos conocer:
Los dientes no deben lavarse hasta media hora después de comer
Cepillarse los dientes inmediatamente después de comer es uno de los errores más extendidos. Parece lógico pensar que el mejor momento para lavar la dentadura es después de usarla, pero es una idea equivocada. Si hacemos esto frotaremos el ácido, el mayor enemigo de nuestros dientes, contra éstos, haciendo que su efecto sea más intenso y duradero.

Cuando comes o bebes algo ácido el pH de tu boca disminuye y tarda un tiempo en volver a la normalidad. El pH ideal de nuestra boca se sitúa en torno al 7, mientras que un refresco (aunque sea light) puede ser hasta de 2,5, “parecido al del vinagre. El ácido desmineraliza y debilita la superficie del diente, lo que nos hace más propensos a la caries. Si nos cepillamos los dientes justo después de comer el proceso se intensifica, pues repartimos el ácido por toda la boca y, además, empujamos éste contra los dientes. Por el contrario, si nos cepillamos después de 30 minutos, la saliva de nuestra boca hará que disminuya el nivel de acidez sin frotar estas sustancias contra nuestros dientes.
 Tras las comidas lo mejor es enjuagarnos la boca con agua (o colutorio)
En vez de lavarnos los dientes, lo mejor que podemos hacer tras una comida es enjuagar la  boca con agua, que hará que los niveles de pH se situen dentro de la normalidad. Los expertos recomeiendan que tengamos en el trabajo un bote de enjuague bucal antibacteriano antes que un cepillo. Tras las comidas podemos hacer una limpieza para prevenir que la placa se acidifique, una costumbre mucho más saludable que la de cepillarse después de comer.
Debemos barrer los dientes, no fregarlos.
A la hora de lavarnos los dientes nuestro objetivo debe ser eliminar los restos de comida y los microbios, no extenderlos por la boca. La manera correcta de cepillarse los dientes es de arriba a abajo, no de derecha izquierda, pues de esta forma no corremos el riesgo de llevar la porquería debajo de la encía, lo que genera sarro y gingivitis. Además, no debemos olvidarnos de limpiar los dientes por delante y por detrás, así como los espacios entre estos y la lengua. Es más importante limpiarse bien que estar tres minutos llevando el cepillo de un lado a otro.

Masticar chicles (o queso)
Masticar determinadas sustancias puede ayudar a nuestra boca a producir saliva, el mejor mecanismo natural con  el que contamos para reducir los niveles de ácido en los dientes. Los chicles sin azúcar son una buena opción, pues además de ayudarnos a salivar contienen xilitol, un sustituto de la sacarosa que, pese a endulzar, tiene propiedades anticariogénicas. Pero no es lo único que podemos masticar para proteger a nuestros dientes. Uno de los alimentos más recomendables a consumir para finalizar una comida es el queso, pues ayuda a reducir el pH de la placa bacteriana y tiene elementos que ayudan a los dientes a remineralizarse.
No abusar con la pasta de dientes
Si usamos demasiada pasta nuestra boca se llena de espuma, provocando una sensación de limpieza que no tiene por qué ser real. Una buena técnica para cepillarnos los dientes correctamente (como hemos apuntado anteriormente) consiste en realizar un primer lavado de estos sin pasta de dientes, lo que nos ayudará a ser más concienzudos en nuestro cepillado, para después volver a hacer un repaso con la pasta.
Lavarnos siempre los dientes antes de ir a la cama
Cepillarse los dientes antes de acostarnos es básico para mantener una correcta higiene bucal, pues es el momento del día en el que el lavado es más necesario. Por la noche salivamos menos y las sustancias cariogénicas campan a sus anchas por nuestra dentadura, por ello es imprescindible que las eliminemos por completo antes de ir a la cama. El cepillado nocturno, sin embargo, es el que más veces se obvia, sobre todo entre los niños.
Si te cepillas los dientes menos de 4 minutos al día, lo haces mal.
Un detalle como la duración de cada uno de los cepillados puede ser clave para mantener una buena higiene dental. Los expertos recomiendan que como mínimo, hay que cepillar los dientes dos veces al día, de la que una debe tener lugar antes de irse a la cama. Cada uno de estos cepillados debe durar unos dos minutos. Es decir, cuatro al día. La cifra no es aleatoria, ya que un cepillado más largo puede producir el efecto contrario y dañar el esmalte o las encías. Además, hay que evitar enjuagarse con colutorios después de cepillarse, porque eliminará el efecto del flúor de la pasta dental.

Fuentes: elconfidencial.com/20minutos.es

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La enfermedad periodontal es la patología más prevalente en el ser humano. Los expertos advierten que las consecuencias van mucho más allá la estética o de tener únicamente repercusiones en la esfera bucodental, sino que también son crecientes las evidencias que vinculan algunas enfermedades periodontales con el mayor riesgo de sufrir un evento cardiovascular, de diabetes o de controlarla peor, o de sufrir un parto prematuro.

Se estima que en España 8 de cada 10 personas mayores de 35 años tienen algún problema relacionado con las encías

Según las encuestas se determina que entre el 85- 94% de la población española mayor de 35 años presenta algún problema relacionado con las encías. En concreto, sobre la periodontitis, en el informe pone de manifiesto que entre el 16-30% de los españoles mayores de 35 años tiene esta infección periodontal, alcanzando el grado de severa en el 5-11% de la población adulta.

Al ser la periodontitis una enfermedad en la que la inflamación supone un aspecto trascendental, se ha relacionado con algunas enfermedades sistémicas, como la diabetes, el parto prematuro o determinadas enfermedades cardiovasculares. Por lo que es importante tratar la salud periodontal como parte del manejo del paciente con riesgo cardiovascular, el control de los pacientes con diabetes, o como elemento relevante en la prevención del parto prematuro.

Las enfermedades periodontales son patologías que afectan al periodonto, es decir, a los tejidos que sostienen a los dientes. Son patologías infecciosas, causadas por bacterias. Hay dos grandes grupos de enfermedades periodontales: gingivitis (inflamación superficial) y periodontitis (destrucción más profunda de los tejidos periodontales). Su prevalencia la convierte en la patología más frecuente en el ser humano, junto con la caries. En España, solo el 10-15% de los adultos presenta una encía sana, y entre el 25-40% presentaría la enfermedad más destructiva, la periodontitis.

Algunas medidas básicas de higiene bucodental pueden ahorrar muchos costes y evitar problemas de salud posteriores. Si conseguimos cepillarnos los dientes dos veces al día y utilizar seda dental o cepillitos interdentales, nuestro nivel de enfermedad bajará muchísimo. Se prevendrán así enfermedades como las de las encías, que suponen la presencia de gran cantidad de bacterias dentro de la boca, y eso aumenta el nivel de inflamación que tiene todo nuestro cuerpo. Al menos una vez al año, y si se puede, cada 6 meses, deberíamos acudir al dentista para que evalúe la situación, para que detecte si hay algún problema y solucionarlo rápidamente, y para conseguir así mantener nuestra salud a medio y largo plazo. Los tratamientos son más sencillos y exitosos en las fase iniciales de la enfermedad, siendo el diagnóstico precoz importantísimo; por el contrario, cuanto más se retrasa el tratamiento, más avanza la enfermedad, más complejo es el tratamiento y más severas son las secuelas.

Causas

Las enfermedades periodontales son infecciones causadas por bacterias situadas bajo la encía, en concreto, entre la encía y el diente. En la gingivitis, la acumulación de bacterias bajo la encía, organizadas en forma de placa bacteriana (ahora se denomina biofilm dental), conduce a la inflamación de los tejidos adyacentes. Siempre que haya placa bacteriana, habrá algún grado de gingivitis.

La causa primaria de la periodontitis también son las bacterias del biofilm dental. Sin embargo, para que la gingivitis progrese a periodontitis, son necesarios más factores (factores de riesgo), y que incluyen: factores genéticos (antecedentes familiares); ambientales: estrés, alcohol, sobrepeso y, sobre todo, tabaco; enfermedades del resto del cuerpo: diabetes, la osteoporosis, cualquier enfermedad que suponga una bajada en las defensas (inmunodepresión) o infecciones frecuentes por virus como el herpes; ciertos medicamentos: fármacos inmunosupresores, antagonistas del calcio para pacientes hipertensos, anticonvulsionantes, antiepilépticos o anticonceptivos orales que favorecen la inflamación y el aumento de sangrado de la encía; malos hábitos de higiene de la boca, junto con la ausencia de cuidados profesionales (revisiones, limpiezas de boca periódicas,…), y factores de la propia boca o de los dientes, como la presencia de dientes mal colocados, empastes desajustados…

¿Cómo prevenir y tratar?

La mejor forma de prevenir la periodontitis es mantener una correcta higiene oral para controlar los niveles de placa dental, pero en personas predispuestas, a pesar de una correcta higiene oral, puede tender a producirse la enfermedad. Por lo tanto, la higiene oral es un importante pilar de prevención de las enfermedades periodontales, pero no el único. Se debe acompañar de revisiones periódicas al especialista para que se pueda realizar un diagnóstico precoz de la enfermedad en caso de que se presente. Para controlar la placa bacteriana en la boca, disponemos de dos tipos de métodos: los mecánicos (cepillado, seda dental, cepillitos interdentales…) y los químicos (enjuagues, pastas de dientes…, siempre que cuenten con aval científico sobre su eficacia).

Por su parte, el tratamiento de las enfermedades periodontales tiene tres objetivos diferentes: Eliminar o reducir las bacterias productoras de la enfermedad; suprimir, reducir o modificar los factores que hacen que los pacientes sean más susceptibles a ésta, como el tabaco o ciertas alteraciones dentarias como las malposiciones, y crear las condiciones adecuadas para que la enfermedad se pueda mantener controlada a largo plazo.

En el caso de la gingivitis, es necesario limpiar las bacterias que se hayan acumulado, mediante la eliminación de la placa dental y el cálculo dental (también llamado “sarro”). Este tratamiento, denominado profilaxis profesional (o “limpieza de boca”), lo realizan los profesionales odontológicos. Además, es fundamental explicar cómo se deben cepillar los dientes y encías para mantenerlos limpios, y que no vuelva a aparecer la gingivitis.

En las periodontitis, el tratamiento es más extenso y complejo. En primer lugar se realiza un detenido estudio preoperatorio de la encía que puede incluir radiografías, para valorar la situación antes de empezar el tratamiento. En algunas ocasiones podría ser necesaria la realización de algunas pruebas complementarias, como un estudio de las bacterias presentes en la encía.

Fuente: ABC.es

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La endodoncia, endo (interior) y doncia (diente), es un tipo de tratamiento que consiste en la extirpación de la pulpa dental y el posterior relleno y sellado de la cavidad pulpar con un material inerte. Se aplica en piezas dentales fracturadas, con caries profundas que presentan lesiones en su tejido pulpar que se conocen como pulpitis. Esta es irreversible y la única opción terapéutica es la extirpación total de la pulpa dental, y la obturación tridimensional del conducto dentario. La pulpitis está frecuentemente provocada por caries dentales profundas que alcanzan la pulpa dental y producen infección en la misma, originando dolor continuo y permanente que aumenta con estímulos fríos, calientes, alimentos dulces o ácidos.
No siempre estará indicada la endodoncia en dientes con pulpa necrótica o lesión irreversible, se podrá optar por la extracción de la pieza dental cuando existe imposibilidad de restaurar la misma, se han producido reabsorciones dentales importantes, existen perforaciones de las raíces dentales, fracturas verticales o enfermedad periodontal grave. También en dientes sin valor estético o funcional, por ejemplo en muelas del juicio sin antagonista con el que pueda ocluir para masticar o en otras circunstacias.

¿En qué consiste una endodoncia?

La endodoncia es, como hemos dicho, la extirpación total de la pulpa o nervio del diente. Se trata de un procedimiento de limpieza del sistema de conductos radiculares en el que se eliminan bacterias y tejido necrótico para dejar el conducto lo más aséptico posible. Se realiza en diferentes fases:

  1. Diagnóstico por parte del profesional sanitario: durante la parte del diagnóstico se realiza una anamnesis o preguntas guiadas por el profesional, durante las cuales el paciente informa de cómo es el dolor qué siente, dónde se localiza, con qué intensidad lo nota, si puede calmarse aplicando frío… Todo encaminado a hacer un buen diagnóstico y a aplicar el tratamiento correcto. Además, se realizan radiografías para verificar el estado del diente y para ver cómo es su anatomía (longitud de las raíces, estado de las mismas…).
  2. Anestesia: la anestesia que se utiliza en este tipo de intervención es local, afectando solo al diente a tratar y a la zona de alrededor. Es importante que en el momento de la anestesia no exista ninguna infección o inflamación en la pieza para que ésta actúe de forma correcta. De existir infección, la intervención deberá posponerse y se recetará al paciente la toma de antibióticos y antiinflamatorios, en caso necesario.
  3. Apertura y aislamiento de la pieza: se realiza un agujero en la corona del diente mediante el cual se accede a la pulpa para su extracción y se aísla el diente de todo el organismo.
  4. Conductometría e instrumentación: es el procedimiento de limpieza de los conductos para dejarlos asépticos o limpios.
  5. Obturación: es la fase de sellado del diente, a través del cual se cierran los conductos que se han limpiado, dejando la pieza plenamente insensibilizada.
  6. Control: una posterior radiografía y observación por parte del dentista para verificar la efectividad de la intervención. Generalmente se realiza un seguimiento durante unas semanas o meses.

Preguntas frecuentes sobre la endodoncia

Una de las preguntas más frecuentes cuando nos vamos a someter a una endodoncia es si va a resultar doloroso. Se trata de una intervención que se realiza con anestesia, por lo que el dolor no debería aparecer; en cualquier caso, esto dependerá también de la tolerancia al dolor de cada paciente y del estado de nervios o tranquilidad en el que se encuentre antes de someterse a la endodoncia. En este caso no viene mal recordar los tips que hemos ofrecido sobre cómo relajarnos antes de entrar a la consulta del dentista. Más que dolorosa, suele ser una intervención incómoda.
La endodoncia suele ser un tratamiento definitivo, aunque en ocasiones es necesario re-endodonciar alguna pieza. A veces el tratamiento de endodoncia no funciona como era esperado, generalmente debido a la imposibilidad de eliminar todas las bacterias presentes en los conductos a la re-introducción de las mismas a través de microfiltraciones coronales. En estos casos, y tras la valoración del profesional sanitario, se procede a realizar una segunda limpieza de los conductos con el fin de conservar la pieza y la dentición natural del paciente.

¿Por qué se realiza una endodoncia?

Las endodoncias se realizan en piezas dentales con caries profundas, que propician la inflamación o la necrosis (muerte) de la pulpa dental. Otros motivos para la aparición de pulpitis o inflamación de la pulpa son algunos traumatismos, la abrasión, la erosión y el desgaste de los dientes por el roce entre ellos (por ejemplo debido al bruxismo) o la forma en que se realizan algunos tratamientos restauradores y los materiales que se utilizan en los mismos.
La pulpa dental es la parte más interior del diente, y donde se encuentran los nervios y los vasos sanguíneos. La inflamación de la pulpa suele manifestarse con dolor, que puede ser de distintos grados y darse en distintas ocasiones: frente al calor o frente al frío, en determinadas posturas, al comer o beber, etc. El tipo de dolor que sentimos es el que indicará al odontólogo si la endodoncia puede ser una solución a nuestro problema.
 
Fuente: muysaludable.sanitas.es / wikipedia.org

 
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Llega una nueva ola de frío que está dejando ya temperaturas bajo cero de manera generalizada, y ante el ambiente gélido que ya nos acompaña hay personas extremadamente tolerantes a las bajas temperaturas y otras que son altamente sensibles cuando llega el invierno. Pertenezcamos a un bando o a otro, todos y cada uno de nosotros hemos sentido esa extraña reacción involuntaria de castañear los dientes, como si fuéramos al ritmo de la brisa heladora, pero ¿sabes por qué castañeamos los dientes? ¿Qué ventaja nos produce?
El cuerpo tiene ese tipo de respuestas antes los estímulos externos con el objetivo de evitar daños en los órganos internos. El origen está en unos sensores distribuidos por la piel que se encargan de captar la temperatura ambiente y la transmiten al hipotálamo (cerebro), produciendo una conexión entre el sistema nervioso y hormonal para controlar nuestra temperatura corporal.

Las rápidas contracciones que se producen en los músculos de la mandíbula mejoran la circulación de la sangre y consiguen calentar el cuerpo. Cuanto más tiritamos, más calor vuelve a alcanzar el organismo, ya que el cuerpo intenta producir calor de forma activa, aumentado la frecuencia cardíaca. Los músculos corporales se tensionan para apoyar esta causa.
Además del frío, la fiebre o una situación de estrés y miedo también pueden generar un castañeteo o tiritona en la que los dientes chocan entre sí alrededor de 240 a 260 veces por minuto. Cuando el apretón de dientes sucede de manera sistemática y por las noches mientras dormimos (bruxismo), conviene usar una férula de descarga que proteja nuestra dentadura del desgaste y evite que se dañe el esmalte. Asimismo, nos librará de dolores en mandíbula y cervicales.
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Una buena salud bucodental limita el número de bacterias en la cavidad oral que pueden acabar originando la neumonía. Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de la Mancomunidad de Virginia en Richmond (EE.UU.) muestra que las personas que nunca van al dentista tienen un riesgo hasta un 86% mayor de desarrollar neumonía que aquellas que acuden dos veces al año a la consulta del especialista. Y es que la salud bucodental juega un papel clave en nuestra salud general. No en vano, la falta de higiene oral puede conllevar el desarrollo de enfermedades que, como las caries o la periodontitis –la consabida ‘enfermedad de las encías’–, pueden derivar en patologías asociadas a una gran mortalidad, caso de las cardiovasculares y de distintos tipos de cáncer. Y asimismo, de neumonía. De ahí la importancia de acudir regularmente a las consultas del dentista para un mejor cuidado de nuestra salud oral.
Como explica Michelle Doll, directora de esta investigación publicada en el marco de la Reunión Conjunta 2016 para las Enfermedades Infecciosas (IDWeek) que se está celebrando en Nueva Orleáns (EE.UU.), «la conexión entre la salud oral y la neumonía está bien documentada, y las visitas a la consulta del dentista son importantes para mantener una buena salud oral. Es cierto que no podemos eliminar completamente las bacterias de nuestra cavidad oral, pero también es verdad que una buena salud bucodental puede limitar la cantidad de bacterias presentes».

Enfermedades infecciosas

La neumonía es una enfermedad del sistema respiratorio que, generalmente causada por una bacteria, un hongo o un virus, puede llegar a resultar mortal, muy especialmente en los niños, las personas inmunocomprometidas y los mayores. De hecho, la Sociedad Americana de Enfermedades Infecciosas (IDSA) calcula que, cada año, en torno a un millón de estadounidenses contrae neumonía y cerca de 50.000 acaban falleciendo a causa de la misma. Entonces, y dado que la neumonía tiene un origen infeccioso, ¿el cuidado de nuestro microbioma oral puede ayudar a reducir el riesgo de contraer la enfermedad? Pues parece que sí, y mucho.
Para llevar a cabo el estudio, los autores evaluaron los datos registrados en una encuesta realizada en 2013 en Estados Unidos sobre la atención sanitaria –incluido el cuidado bucodental–, su coste y el grado de satisfacción de los usuarios. Y de acuerdo con los resultados, hasta 441 del total de 26.246 participantes en la encuesta padecían neumonía bacteriana.
El análisis de los resultados concluyó que las personas que nunca acuden al dentista para una revisión bucodental tienen un riesgo hasta un 86% mayor de desarrollar neumonía que aquellas que conciertan –y acuden– dos visitas anuales con el especialista.
El organismo está repleto de microorganismos –esto es, de bacterias, hongos y virus–, algunos de los cuales juegan un papel esencial. Es el caso, por ejemplo, de algunas especies bacterianas de la flora intestinal y del microbioma oral. Pero algunos de estos microorganismos son simplemente nocivos y pueden llegar a causar una enfermedad. Así sucede cuando, entre otras muchas bacterias, algunas especies de estreptococos y de estafilococos son accidentalmente inhalados o aspirados y llegan a los pulmones, en los que pueden originar una neumonía. Y en este contexto, como destaca Michelle Doll, «las visitas rutinarias al dentista pueden reducir la cantidad de bacterias que pueden ser aspiradas».

Hay que ir al dentista

En definitiva, acudir dos veces al año a la consulta del dentista no solo mantiene sanos los dientes y encías, sino que reduce la cantidad de bacterias que viven en la cavidad oral y disminuye el riesgo de acabar padeciendo una neumonía.
Como concluye Michelle Doll, «nuestro estudio refuerza las evidencias de que la salud oral está unida a la salud general, y sugiere que es importante incorporar el cuidado bucodental al cuidado rutinario para la prevención de la salud».
 
Fuente: ABC.es
 
 
 
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