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ACTUALIDAD DENTAL

Resuelve tus dudas sobre técnicas y tratamientos dentales de la mano del internacionalmente reconocido Dr. Alberto Meriñán Sebastián.







En la mayoría de los casos, la separación dental se produce a tempranas edades debido a la mala separación de los dientes temporales mientras se produce el crecimiento de los dientes definitivos.
Aunque también existen otras causas puntuales que producen dicha separación dental y que se pueden producir a cualquier edad:

  • Acromegalia.
  • Síndrome Elli-van Creveld.
  • Lesiones producidas por golpes o enfermedades.
  • Síndorme de Morquio.
  • Periodontitis.
  • Síndrome de Sanfilippo.
  • Separación provocada por la ausencia de algún diente en nuestra dentadura.

La posición perfecta de los dientes

Uno de los motivos por los cuales podemos decir que se luce una sonrisa perfecta, es por la posición que ocupa cada uno de nuestro dientes dentro de la corona dentaria.
Una posición correcta de los dientes, viene determinada por una ligera separación entre éstos, tan solo deben de tocarse. Ni mucho, ni poco.
Una amplia separación, además de antiestética, pueden permitir que las bacterias se acumulen entre estos, e ir empeorando al empujarse los dientes cada vez más entre si.
Y un amontonamiento de los dientes, además de ser antiestético, también produce que los dientes carguen con fuerza unos sobre otros.
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¿Cómo se trata la separación dental?

Los dentistas utilizan la llamada ortodoncia para luchar contra la separación dental de los pacientes. Para ello, se diseña una especie de molde, que ajusta la posición dentaria con el paso del tiempo. Este periodo de tiempo puede variar ostensiblemente dependiendo de la gravedad de separación que presente el cliente.
En las ortodoncias podemos hablar de diferentes elementos correctores:

  • Los clásicos aparatos metálicos.
  • Los brackets.
  • La ortodoncia Invisalign.

Al final, no importa la edad que tengas ni el motivo por el cual sus dientes pueden haberse separado, una ortodoncia suministrada por un buen especialista dentista o clínica dental, resolverá los problemas estéticos y de salud bucal producidos por la separación dental.
saluddental.org
 
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¿Qué es la placa bacteriana?

Es una película incolora y pegajosa compuesta por proteínas de la saliva que se adhieren constantemente sobre nuestros dientes y encías, a la que se van adhiriendo progresivamente bacterias y azúcares. Es la principal causa de las caries y de enfermedad de las encías y puede endurecerse, calcificarse, y convertirse en sarro si no se retira diariamente.

¿Cómo sé si tengo placa?

Todos tenemos placa bacteriana porque las bacterias se forman constantemente en nuestra boca. Para crecer y desarrollarse, las bacterias utilizan residuos provenientes de nuestra dieta y saliva. La placa desarrolla la caries cuando al producirse los ácidos, éstos atacan y destruyen los dientes. Los ataques ácidos repetidos destruyen el esmalte dental y originan caries. Además, si la placa no se elimina correctamente irrita las encías alrededor de los dientes y da origen a una gingivitis (encías sangrantes, inflamadas y enrojecidas), a enfermedades periodontales (enfermedad en los tejidos de soporte del diente) e incluso a pérdida de piezas dentales.

¿Cómo prevenir la formación de placa?

Con los cuidados adecuados, es fácil prevenir la formación de placa. Es importante respetar los siguientes cuidados:

  • Cepíllese cuidadosamente, por lo menos dos veces al día, para retirar la placa adherida a la superficie de los dientes.
  • Use hilo dental diariamente para retirar la placa que se forma entre los dientes y debajo de la línea de las encías, donde el cepillo dental no llega.
  • Limite el consumo de almidones y azúcares, especialmente alimentos pegajosos.
  • Programe un calendario de visitas regulares al odontólogo para las limpiezas profesionales y los exámenes odontológicos.
Scaling
Durante la limpieza, la placa y el sarro se retiran de la corona y la raíz del diente.

¿Qué son las caries?

La caries dental es la destrucción de los tejidos duros de los dientes. Está causada por la presencia de ácidos producidos por las bacterias de la placa depositada en las superficies dentales. Este deterioro de los dientes está muy influenciado por el estilo de vida, es decir, influye lo que comemos, la forma en que nos cuidamos los dientes (nuestros hábitos de higiene), la presencia de flúor en el agua y la crema dental que utilizamos. La herencia también juega un papel importante en la susceptibilidad de sus dientes a la caries.
Si bien la caries suele ser más común en niños, los adultos también corren riesgo de padecerla. Los tipos de caries pueden ser:

  • Caries de corona: Son las más comunes, se presenta tanto en niños como en adultos, y generalmente se desarrollan sobre las superficies de masticación o entre los dientes.
  • Caries radicular: En los casos en los que las encías se retraen quedan expuestas partes de la raíz del diente. Como las raíces no están recubiertas por esmalte, estas zonas expuestas pueden afectarse fácilmente y aparecen las caries radiculares que son difíciles de tratar.
  • Caries recurrentes: En aquellos pacientes con tendencia a acumular placa y que no consiguen una buena higiene, se pueden formar nuevas caries alrededor de las obturaciones y coronas existentes.

Los adultos corren especial riesgo de padecer caries si sufren de sequedad bucal, que es un trastorno provocado por la falta de saliva. Esto es debido a algunas enfermedades, al uso de algunos medicamentos, y a tratamientos de radioterapia y quimioterapia. La sequedad bucal puede ser temporal o permanente, según su origen. Las caries pueden ser graves ya que si no se tratan, pueden destruir el diente afectando los nervios de su interior, lo cual puede provocar un absceso (una infección en el extremo de la raíz). Una vez formado un absceso, el único tratamiento posible es la endodoncia (también llamada tratamiento del conducto radicular) o la extracción del diente.

¿Cómo sé si tengo una caries?

Sólo su dentista puede determinar con seguridad si tiene una caries. Esto se debe a que las caries se desarrollan debajo de la superficie del diente, donde al principio no podemos verlas. Cuando ingerimos alimentos que contienen carbohidratos (azúcares y almidones), las bacterias de la placa los consumen y producen ácidos que destruyen el diente. Con el tiempo, el esmalte dental comienza a desmineralizarse y así se forma una caries.
Las caries son más proclives a desarrollarse en las fosas de las superficies de masticación de los dientes posteriores, entre los dientes y cerca de la encía. Sin embargo, independientemente de dónde aparezcan, el mejor modo de localizarlas y tratarlas antes de que se agraven es visitar al dentista y someterse a revisiones o controles periódicos.

¿Cómo puedo ayudar a prevenir las caries?

  • Cepíllese los dientes por lo menos dos veces al día y utilice hilo dental diariamente para eliminar la placa depositada entre los dientes y debajo de la encía.
  • Sométase a revisiones dentales periódicas. La atención preventiva ayuda a evitar que ocurran problemas y que los problemas menores se conviertan en mayores.
  • Lleve una dieta equilibrada restringida en alimentos con almidones o azúcares. Cuando ingiera estos alimentos, intente hacerlo junto a una comida y no entre comidas para minimizar así la cantidad de veces que expone sus dientes al ácido que producen las bacterias.
  • Utilice productos dentales que contengan flúor.
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Diente sano
Etapa inicial de la caries
Etapa avanzada de la caries

 

Vía: colgate.es

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Cuando los jugadores de fútbol profesional no se preocupan de la salud bucal como hacen con sus rodillas o cuádriceps son más propensos a lesionarse y a bajar su rendimiento. A más caries, menos goles y más lesiones. Esa es la conclusión de los primeros estudios científicos realizados en el Reino Unido, España y Brasil, y publicados en los últimos cinco años.
Una investigación realizada en 2015 por la University College de Londres con ocho equipos de la Premier League, mostraba que la mayoría de jugadores padece problemas importantes bucodentales: ¡casi el 40% tiene caries activas!, el 50% presenta erosión dental y el 45% reconoce que se siente molesto con su boca. Algunos –un 7%– incluso afirman que eso les perjudica tanto en los entrenos como en los partidos.
En 2011 se publicó otro estudio, esta vez sobre la salud bucodental de los jugadores del FC Barcelona: los futbolistas culés tenían nada menos que una media de ¡dos caries activas cada uno! Durante tres temporadas, de 2003 a 2006, investigadores de la Universidad de Barcelona y del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) realizaron un seguimiento de la plantilla del primer equipo: qué lesiones o traumatismos bucales tenían, cómo era la higiene bucodental que practicaban o si tenían problemas de encías u oclusión dental.
Luego contrastaron los datos recogidos con la información del equipo médico del club acerca de las lesiones deportivas. La conclusión era apabullante: los jugadores con peor salud bucodental eran también los que atesoraban una mayor probabilidad de lesionarse. Al parecer, cuando se produce una infección en la boca, se segregan una serie de mediadores químicos que, a través de la sangre, pueden llegar a los músculos y debilitarlos.
«Hay que pensar que, en general, los deportistas de alto rendimiento son un grupo con un índice de caries muy elevado. Toman muchos carbohidratos ricos en azúcares, barritas energizantes, bebidas con azúcar… Y el ejercicio les seca la boca y los deja sin saliva, fluido que protege contra las caries. Una boca insana puede tener un gran impacto en su rendimiento», explica la dentista Lluïsa Solé.
Vieron que un tercio de la plantilla sufría bruxismo: debido al estrés, rechinaban los dientes mientras dormían. Y como le ocurría a Ronaldinho, dos tercios de los jugadores tenían los dientes mal alineados. Y eso no solo es una cuestión estética: en el caso del brasileño, le provocaba ciertas dificultades respiratorias.
Solé explica que está documentado científicamente cómo “las enfermedades orales, sobre todo las relacionadas con las encías, pueden provocar problemas de salud en el resto del organismo”. Generan desde trastornos del equilibrio y lesiones musculares hasta dolores de cabeza o calambres, e incluso agravan una diabetes y aumentan el riesgo de cardiopatías.
Los españoles, sin embargo, no parecemos ser muy conscientes de ello. Según los datos recogidos por el Libro blanco de la salud bucodental en España, elaborado en 2015 por el Consejo General de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos, solo el 48,3 % de los españoles habían pasado el último año por el dentista. Aun así, “en general, hemos mejorado bastante de un tiempo a esta parte. A nuestros padres les insistían en que se cepillaran los zapatos y a nosotros ya nos dijeron que era importante lavarse los dientes. E incluso hemos introducido colutorios e hilo dental”, valora Vicente Faus, presidente de la Sociedad Española de Odontología Conservadora (SEOC).
Nuestra salud bucodental tiene mucho que ver con las bacterias que hay en nuestra boca: son más de setecientas especies distintas, y en un mililitro de saliva viven tantos microorganismos como habitantes tiene China. La mayoría nos ayudan a degradar la comida; pero otros nos acarrearán problemas de salud si consiguen proliferar y desequilibrar la microbiota bucal. Uno de los microorganismos que hay que mantener a raya es el Streptococcus mutans, bacteria causante de las caries.

¿Y cómo se mantiene en equilibrio la microbiota bucal?

Con una buena higiene y tratando de evitar factores de riesgo, como entrar en contacto con bacterias patógenas. Y esto es así incluso desde la gestación: si la embarazada tiene una carga bacteriana elevada, es más probable que parte de esos microbios pasen a la boca del hijo; y si son causantes de infecciones, pueden provocarle problemas.
Se transmiten por la saliva, de manera que, con un gesto tan habitual como limpiar el chupete del bebé chupándolo nosotros, podemos pasar al niño microorganismos patógenos. También las parejas comparten microbiomas bucales muy parecidos, ya que en cada beso se intercambian bacterias; si algunas de ellas son indeseables, pueden contagiar la caries.
La dieta, y sobre todo una ingesta elevada de azúcar, es clave para alterar la microbiota oral. Y no solo nos referimos a los terrones que le echamos al café o a las chucherías, sino también a los refrescos, los zumos industriales, el pan, la pasta, el kétchup… El azúcar puede alterar el colágeno y además acidifica el entorno, lo que afecta a los dientes erosionando su esmalte y dejándolos sin protección ante las bacterias que provocan las caries.
La saliva desempeña un papel protector fundamental. Está repleta de iones de fosfato y de calcio, y de flúor, que remineralizan las superficies del esmalte que el ácido ataca. No obstante, en algunos momentos de la vida, la producción de saliva disminuye, como cuando nos hacemos mayores. También algunas profesiones nos hacen salivar menos –las que requieren que hablemos mucho en público o el deporte de alto rendimiento–, y, por eso, estos grupos se consideran de riesgo ante las enfermedades bucodentales.
Si la comunidad de microorganismos se desequilibra y proliferan microbios patógenos, pueden aparecer las caries o la enfermedad periodontal. Aunque la mayoría pensamos en las caries como en los agujeritos que aparecen en los dientes, el problema comienza ya con la desmineralización de la pieza, a la que deja sin capa protectora. Por suerte, se puede revertir. «Podemos controlar y evitar los factores patológicos de cada paciente y potenciar aquellos que nos ayudan a tener unos dientes y una microbiota compatible con una buena salud oral», explica Solé.
También son útiles determinados productos profesionales que se colocan sobre los dientes por la noche, ricos en fosfato de calcio, que ayudan a recuperar la mineralización de la dentadura; o aquellos con xilitol o flúor, que también devuelven a los dientes su esmalte.
La enfermedad periodontal resulta más complicada: es infecciosa, inflamatoria y crónica, y además destruye los tejidos de soporte del diente: el hueso alveolar. Y pese a que la mayoría de la población desconoce qué es, alrededor del 35 % de los españoles la padece, de acuerdo con un estudio de la Sociedad de Prevención Ibermutuamur-SEPA de 2012.
La primera fase es la gingivitis, o sea, la inflamación de las encías, que es reversible. Cuando se eliminan las bacterias patógenas o se mejora la higiene, el problema desaparece. Ahora bien, en algunos casos evoluciona a periodontitis y se produce pérdida de hueso. “Hay unas bacterias que afectan directamente al esmalte; y otras que colonizan el espacio entre la encía y el diente y que van destruyendo el hueso, hasta que llega un momento en que el diente se mueve y lo puedes perder”, explica Solé.

La detección precoz, esencial

Si se detecta en las primeras fases, el tratamiento permite mantener los dientes, pero si se diagnostica en una fase avanzada, con frecuencia no se puede conservar la dentadura. Una primera pista de que podemos tener periodontitis es que nos sangren las encías con frecuencia. “Pueden sangrar si nos hacemos una herida un día o en situaciones como el embarazo, por los cambios hormonales. Pero un sangrado habitual es síntoma de que hay un problema”, señala Regina Izquierdo, ortodoncista profesora de la Universidad de Valencia y miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA).
La enfermedad periodontal tiene dos consecuencias. La primera es local y supone la pérdida de dientes. La otra es sistémica y puede llegar a ser grave: la presencia de una gran cantidad de bacterias patógenas bajo la encía puede hacer que aquellas pasen a la sangre e invadan diferentes tejidos y órganos. De hecho, una mala salud bucodental se ha relacionado con un aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular, parto prematuro, diabetes y síndrome metabólico, entre otras complicaciones.
La SEPA tiene varios grupos de trabajo en colaboración con otras sociedades, como las de cardiología, diabetes y ginecología, porque “la salud de las encías puede mejorar o empeorar ciertas afecciones sistémicas que, a su vez, si no se controlan, pueden agravar el problema de encías”, comenta la doctora Izquierdo. “Empezamos a encontrar muchos microorganismos presentes en el sarro en órganos distantes que tienen algún problema de salud. Y vemos que cuando eliminamos esos microorganismos, disminuye la prevalencia de esa enfermedad”, explica el doctor Faus.
Las dos enfermedades sistémicas en las que mayor relación se ha descubierto con la periodontitis son la diabetes y las cardiopatías. El riesgo de los diabéticos de sufrir enfermedad periodontal es mucho mayor; y también al revés: la enfermedad periodontal, debido a la inflamación crónica que genera, hace que mediadores de esa inflamación pasen a la sangre, lo que afecta al control metabólico del azúcar.
Asimismo, cuando le diagnostican a alguien periodontitis, el riesgo de padecer una enfermedad del corazón aumenta. De hecho, las personas que han sufrido un infarto de miocardio deben extremar el cuidado de las encías: un estudio reciente de la Universidad de Granada concluía que los infartos eran más frecuentes y graves entre los pacientes con problemas periodontales no tratados.
Por otra parte, el hecho de que España sea uno de los países del mundo en que más implantes se realizan, en palabras del doctor Faus, puede tener una doble lectura: que tenemos excelentes cirujanos orales y que “en España han proliferado más que en otros países de Europa o Estados Unidos un tipo de clínicas dentales que se lucran con su trabajo, sobre todo poniendo implantes. Al fin y al cabo, mantener un diente en la boca es lo más complejo. Un implante, en cambio, es más lucrativo y necesita menos técnica y tiempo”.

«Solo hay que hacer un implante cuando ha fallado todo lo demás», asegura la doctora Izquierdo. “El mejor material para la boca es el propio diente. Es el más biocompatible y se une a la encía de forma perfecta protegiendo de la entrada de bacterias”. Los implantes, al contrario de lo que se suele pensar, no son para toda la vida y tienen un riesgo asociado elevado de que la persona acabe desarrollando periimplantitis, “una enfermedad que implica una pérdida de hueso por infección alrededor del implante”, explica Solé. De hecho, según un estudio de la SEPA, entre un 28 % y un 56 % de los pacientes que llevan implantes la padecen.
Los implantes suelen ser de titanio y, en los últimos años, han evolucionado en tema de diseño, materiales, superficies y tipos de rosca. Incluso también en su colocación: «Ahora hacemos cirugía guiada mediante ordenador. A partir de un TAC de la boca del paciente y mediante un software, podemos virtualmente saber cuál es la mejor opción para realizarle el implante: la angulación, la profundidad o la posición exacta», destaca Solé.
Una vez decidida, se transfiere la información a una guía que luego se coloca sobre la encía, de manera que «se mejora mucho la predictibilidad, se acortan tiempos quirúrgicos y, si el caso lo permite, incluso evitamos levantar la encía, lo que supone mayor comodidad para el paciente. A pesar de todo, los conocimientos y la experiencia del dentista siguen siendo la clave del éxito de estos tratamientos», sentencia Solé.
 
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La ‘fobia dental’ o miedo patológico al dentista, además de producir una peor salud bucodental, se ha demostrado que también acaba repercutiendo en la calidad de vida general. Es bien sabido que tener una salud bucodental es clave para disfrutar de una buena salud general. Por ello, resulta fundamental que dediquemos todos los días un tiempo al cuidado de nuestra higiene oral y que, sin una periodicidad excesiva, acudamos a la consulta de los profesionales para comprobar que tanto nuestros dientes como nuestras encías se encuentran sanos. Sin embargo, visitar al dentista no resulta fácil para todo el mundo. Menos aún para las personas con ‘fobia dental’, término que más allá del clásico miedo al dentista hace referencia a un trastorno mental tipificado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA). El resultado es que los afectados por fobia dental, dado que no se ven capaces de afrontar cualquier ‘situación odontológica’, presentan una peor salud bucodental que la población general. Pero parece que las consecuencias de este trastorno van aún más allá. Y es que como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores del Instituto Dental del King’s College de Londres (Reino Unido), las personas con fobia dental también tienen una peor calidad de vida.
Como explica Ellie Heidari, directora de esta investigación publicada en la revista «British Dental Journal», «esta fobia dental puede tener un gran impacto sobre la calidad de vida del afectado y condicionar su bienestar fisiológico, psicológico, social y emocional».

Más caries y menos dientes

Cada día hay más evidencias que muestran que las personas con una mala salud bucodental podrían tener, de no poner remedio, un mayor riesgo de muerte prematura. De hecho, numerosos estudios han demostrado cómo la periodontitis, esto es, la consabida ‘enfermedad de las encías’ –comúnmente conocida como ‘piorrea’–, se asocia con el desarrollo de patologías asociadas a una elevada mortalidad, caso entre otras de las cardiovasculares y de distintos tipos de cáncer. Y ahora, la nueva investigación sugiere que esta mala salud bucodental, si bien consecuencia de una fobia patológica al dentista, también conlleva una peor calidad de vida.
Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron las respuestas aportadas por 10.900 voluntarios durante su participación en la Encuesta de Salud Dental de los Adultos de Reino Unido. Y de acuerdo con los resultados, hasta 1.367 de los sujetos –en su gran mayoría, hasta un 75%, mujeres–, padecían fobia dental –definida como un resultado superior a 19 puntos en la Escala de Ansiedad Dental Modificada (MDAS).
Los autores evaluaron los historiales dentales de todos los participantes. Y tal y como cabía esperar, aquellos aquejados por la fobia tuvieron una mayor incidencia de caries y de pérdida de piezas dentales. Y asimismo, una mayor tasa de episodios de sangrado de las encías y de otras situaciones indicativas de una peor salud bucodental –como la presencia de úlceras y abscesos en la cavidad oral–, si bien en estos casos las diferencias no alcanzaron diferencias significativas.

Peor calidad de vida

Sin embargo, las implicaciones de la fobia dental no acabaron aquí. Y es que de acuerdo con los resultados, la percepción sobre su propia calidad de vida, y muy especialmente de su calidad de vida asociada a la salud oral, fue notablemente peor en los participantes con el trastorno.
Como refiere Ellie Heidari, «por lo general, las enfermedades orales no suelen amenazar la vida de los pacientes. Pero sí pueden afectar a la capacidad de las personas para comer, beber, hablar y socializar. Y esto puede tener un impacto en su calidad de vida, afectando a su bienestar tanto psicológico y fisiológico como social y emocional».
Por todo ello, concluyen los autores, «nuestros hallazgos tienen importantes implicaciones para el desarrollo de servicios preventivos dirigidos a los individuos con fobita dental».

Vía: abc.es

 
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Las carillas de composite se hacen con una resina que se adapta a los dientes y los tejidos que los rodean, mimetizándose perfectamente con el esmalte. El composite es muy similar al material de los empastes, por lo que el procedimiento de aplicación es parecido al de los empastes dentales, salvo para los dientes frontales, que necesitan un acabado más preciso y la técnica de colocación es más exacta que la de los empastes para dientes posteriores.
Las carillas de composite suelen tener un grosor que oscila entre los 0,3 y 0,9 mm. Esto hace que no necesiten ningún tipo de tallado sobre los dientes originales para compensar su grosor, lo que sí ocurre con las carillas de porcelana.
Carillas de composite 1
Cabe resaltar que algunas carillas de composite modernas tienen la cualidad de ser fluorescentes (al igual que los dientes) por lo que en ambientes con luz ultravioleta, cuando los dientes resaltan, estas carillas no se verán de forma diferente y resaltarán como el resto de dientes en lugar de verse grises, como podría pasar en discotecas con “luz negra”.
Todas estas cualidades hacen que el resultado de las carillas de composite sea francamente bueno y queden de manera muy natural junto al resto de dientes.

Casos indicados para utilizar Carillas de Composite:

Estas carillas suelen utilizarse para corregir diversos tipos de problemas dentales leves. El dentista será quien decida la gravedad del caso y si es aconsejable utilizar carillas de composite o de porcelana. Aun así, sus utilidades son las propias de cualquier carilla dental:

  • Cubrir espacios interdentales.
  • Corregir formas, fracturas y tamaño de los dientes.
  • Corregir alteraciones de color en los dientes.

Al ser un proceso sencillo y totalmente reversible, las carillas de composite suelen recomendarse en niños y pacientes jóvenes que aún no han terminado su desarrollo óseo y por tanto su estructura dental.
Repetimos que estas son sólo algunas indicaciones, pero la valoración de cada caso debe realizarla el dentista personalmente.

¿Cómo se colocan las Carillas de Composite?

El procedimiento puede realizarse normalmente en un total de dos visitas al dentista:colocacion carillas de composite

 1.- En la primera visita no se hará nada propiamente dicho sobre los dientes del paciente, ya que únicamente es una visita de información. El paciente explica los resultados que busca obtener y el dentista examinará los dientes para saber lo que debe hacer. Después de esto se acordará una fecha para la segunda visita, en la que se realizará todo el proceso.

2.- En esta segunda visita al dentista se llevará a cabo todo el proceso de colocación de las carillas de composite. Se trata de un procedimiento poco invasivo e indoloro.

  • Primero se procede a la limpieza del diente y al aislamiento del mismo respecto a los demás mediante una pequeña tira de plástico.
  • Posteriormente se aplica el adhesivo que va a sujetar la carilla.
  • El dentista aplica la resina (composite) en capas muy finas directamente sobre el diente para ir dando forma y cubriendo aquellas zonas que lo necesiten. De esta manera va realizando las correcciones necesarias al momento y así “construye” un nuevo diente o una nueva parte de este, directamente sobre el diente original.
  • En el procedimiento se van aplicando capas de diferentes tipos de resinas según sea necesario cubrir zonas o dar más brillo y color a la carilla. También se utiliza una herramienta que aplica directamente una luz LED que ayuda a secar y endurecer la resina.
  • Finalmente la carilla se pule para dar el acabado perfecto al diente.

La duración de esta sesión puede variar dependiendo del número de dientes a tratar y de la dificultad de la colocación de la carilla en cada uno.
Al ser un procedimiento más sencillo en comparación con las porcelana, las carillas de composite se pueden colocar en una sola sesión y no necesitan tallar el diente para ser colocadas. Esto hace que sea un proceso reversible puesto que el diente original se mantiene igual, y en un futuro podrían retirarse las carillas para realizar otros tratamientos más novedosos.
Otra de las ventajas es que no se necesita anestesiar la zona, ya que el procedimiento de colocación de las carillas de composite no produce ningún dolor.

¿Cuánto duran las Carillas de Composite?

Dependiendo de los hábitos de los pacientes, las carillas de composite suelen durar entre 2-5 años y requieren una mayor atención que las carillas de porcelana. Es posible que pasado ese tiempo aparezcan algunas manchas sobre las carillas, que se deban a agentes externos como el café, el tabaco y demás productos que pueden atacar al color de los dientes.
Además de esto, cabe recordar que se deben evitar realizar acciones que puedan dañar las carillas como morder cáscaras duras (como las de los frutos secos), cortar materiales como hilos o celofán… Estos son sólo algunos de los consejos para cuidarlas y alargar su duración lo máximo posible.
El paciente no debe realizar cuidados especiales para sus carillas de composite más allá de mantener la higiene bucodental como si de dientes normales se tratasen. Aun así, es conveniente visitar al dentista al menos una vez al año para que realice el mantenimiento adecuado que puede consistir en blanquearlas, pulirlas, limarlas…
 

Vía: carillasdentalesweb.com

 
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