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ACTUALIDAD DENTAL

Resuelve tus dudas sobre técnicas y tratamientos dentales de la mano del internacionalmente reconocido Dr. Alberto Meriñán Sebastián.







Limitar el consumo excesivo de azúcares ayuda a mantener una buena salud bucodental

La caries dental es el proceso más frecuente de las 291 enfermedades más comunes en el mundo. Según el ‘Atlas de la Salud Bucodental’, en España hay 371 millones de dientes afectados por la caries, aunque la mayoría de los factores de riesgo que la producen son evitables, como la ingesta excesiva de azúcar.
Así, la reducción del ataque ácido del esmalte dental puede llevarse a cabo a través de una disminución de la ingesta azúcar, cuyo consumo mundial se ha triplicado en los últimos 50 años. «El consumo de azúcar altera los niveles de bacterias presentes en la boca, las cuales convierten el azúcar en ácido, desmineralizando el esmalte de los dientes. Los episodios repetidos de ingesta de azúcar durante todo el día aumentan la frecuencia de los ataques ácidos y el riesgo de desarrollar caries dental. Además, el consumo excesivo de azúcar se relaciona con el sobrepeso y obesidad, los cuales son factores de riesgo importantes para las enfermedades cardiovasculares y la diabetes, entre otros», explica Óscar Castro Reino, presidente del Consejo General de Dentistas. Si la caries no se trata, ésta alcanzará a la pulpa (nervio del diente), produciendo dolor. Además, una caries no tratada puede provocar infección en otros órganos del cuerpo (corazón, riñón…), y provocar la pérdida del diente. Por este motivo, se recomienda acudir a revisiones periódicas al dentista y así detectar de forma precoz la caries y otras patologías.
La incidencia de la caries en niños de 12 años es más alta en países con renta per cápita media, donde el 66% están sin tratar. Actualmente en España, 1,8 millones de niños menores de 12 años tienen caries en sus dientes primarios; 33 millones de personas de más de 12 años tienen caries en sus dientes permanentes y 803.000 personas mayores de 65 años no tienen ningún diente.
Para poner freno a esta creciente epidemia de caries y otras enfermedades, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo diario de azúcares libres, así como garantizar un etiquetado de los alimentos transparente para el consumidor y proporcionar pautas de nutrición simplificadas, incluido el consumo de azúcar, para promover una alimentación saludable.
Según datos de la OMS, cada año mueren cerca de 2,8 millones de personas a nivel mundial a causa de la obesidad y el sobrepeso. Este grave problema sanitario repercute también, y de manera importante, en la población española: el 57% de la población padece obesidad o sobrepeso en nuestro país, lo que nos posiciona como el segundo país de Europa después de Reino Unido. Pero no solo afecta a la población adulta, sino que la obesidad infantil también crece: tres de cada diez niños tienen sobrepeso u obesidad en España.

Directrices OMS

Las directrices de la OMS del 2015 recomiendan que la ingesta diaria de azúcares libres se limite a menos de 50 gramos, tanto en adultos como en niños. Una mayor reducción a 25 gramos aportaría beneficios adicionales y ayudaría a minimizar los riesgos para la salud (incluido el de caries dental) a lo largo de la vida.
En este sentido, el Consejo General de Dentistas recuerda que seguir una dieta sana y equilibrada desde la infancia, baja en azúcar, sal y grasas, y alta en frutas y verduras, evitando el consumo de bebidas carbonatadas y las comidas entre horas, reduce las enfermedades bucodentales y contribuye a una buena salud general. Asimismo, insiste en la importancia de cepillarse los dientes con pasta dentífrica fluorada, como mínimo, dos veces al día, y el uso de seda dental o cepillo interdental para mantener una buena higiene bucodental.
 
Fuente: abc.es
 
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La enfermedad periodontal agrupa la inflamación de encías, llamada gingivitis, y la periodontitis, y  es muy común. Sin embargo, esta enfermedad se puede prevenir con una buena higiene bucal.

Una enfermedad común

Alrededor del 40% de los adultos sufre de enfermedad periodontal, muchas veces sin ser consciente de ello. La enfermedad evoluciona lentamente, en muchas ocasiones sin presentar ni dolor ni señales de alerta visibles. Cuanto antes se diagnostica y se trata, mejor.

Encías sanas

La encía sana tiene una textura firme y es de color rosado pálido. Queda bien sellada al diente. Una encía sana no presenta sangrado al cepillado, ni con el uso de los cepillos interdentales.

Inflamación de encías – gingivitis

La placa bacteriana se genera constantemente sobre los dientes en forma de película. Si no se elimina correctamente a diario queda placa, sobre todo entre los dientes y dentro del surco gingival (entre diente y encía). Tras dos o más días de acumulación de placa en estas zonas se produce una inflamación de las encías, llamada gingivitis. Ésta se caracteriza por una encía de color rojo y textura hinchada. Las encías sangran al cepillar los dientes o al usar cepillos interdentales.

La periodontitis

Si no se elimina la placa bacteriana, se acumula y crece entre encía y dientes, en el llamado surco gingival. En la superficie del diente, la placa se endurece y se convierte en cálculo, aumentando la rugosidad, por lo que las bacterias se adhieren con aún más facilidad.
Esto conlleva una inflamación más profunda que afecta a los tejidos de soporte del diente. La gingivitis ha evolucionado a periodontitis. Es un proceso lento, que muchas veces pasa desapercibido y sin dolor alguno. En el peor de los casos, el diente empieza a tener movilidad, y puede llegar a caerse.

Prevención y tratamiento

Usted mismo puede prevenir la inflamación de las encías y la periodontitis a través de una buena higiene bucal. Cepíllese los dientes dos veces al día. Una vez al día, limpie entre los dientes, usando cepillos interdentales oseda dental. Puede ser necesario completar la higiene con algún cepillo especializado para zonas de difícil acceso. Pídale consejo e instrucciones específicas a su dentista o higienista dental.
Si sufres periodontitis avanzada, el tejido de tus encías quizá no responda a los tratamientos no quirúrgicos menos invasivos y a una buena higiene oral. En este caso, el tratamiento de la enfermedad puede requerir un procedimiento quirúrgico para evitar que siga avanzando hasta provocar la pérdida de tus dientes.

 
 

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No se trata sólo de alinear un par de dientes porque están torcidos y se ven feos. La ortodoncia va más allá y persigue corregir problemas en la mordida, la mandíbula o la cara. Aunque la obsesión de los nuevos tiempos por estar perfectos parece haber desdibujado la línea entre la necesidad de someterse a una ortodoncia y la moda de hacerlo para estar milimétricamente perfectos, el auge de las ortodoncias dentales se debe al avance en los diagnósticos y las nuevas técnicas de tratamiento, así como un incremento de los adultos con ortodoncia.

Qué es la ortodoncia

La Sociedad Española de Ortodoncia y Ortopedia Dentofacial (SEDO) explica que la ortodoncia persigue la normalidad en el paciente, pero no alcanzar lo ideal, es decir, la perfección. Esto significa que un tratamiento ortodóncico pretende hacer que los pacientes obtengan lo que se considera un crecimiento y desarrollo de sus dientes y maxilares dentro de su propia normalidad, con un ensamblaje “armónico” de todas las piezas.
En general, el tratamiento de ortodoncia utiliza diferentes dispositivos con la finalidad de corregir anomalías de los dientes y los huesos maxilares, obteniendo mejoras en mayor o menor grado -dependiendo del problema y las características del paciente- tanto en la función de los dientes como en el aspecto estético de la cara, así como el estado de las encías.
Como medida preventiva de cualquier alteración, se recomienda visitar al ortodoncista a los 6 años de edad -cuando empiezan a salir los primeros molares definitivos- con el fin de analizar si hacia los 12 años -cuando erupcionen los segundos molares definitivos- todo encajará. En general, el ortodoncista revisará a esas edades cómo se produce el cambio de dientes y la oclusión de los incisivos, así como el contacto que mantienen los dientes horizontal y verticalmente.
En esta etapa temprana, es posible que una radiografía revele la necesidad de colocar en los niños ‘mantenedores de espacio’ para que los molares permanentes no reduzcan el hueco reservado a las piezas dentarias definitivas cuando se caigan los dientes de leche o alteren la relación que deben mantener los dientes para una mordida u oclusión correcta.
También es posible corregir problemas generados por hábitos anormales, como la succión del dedo pulgar, mediante un tratamiento simple de tipo interceptivo, es decir, para evitar que cualquier anomalía incipiente llegue a asentarse. Cuando no se ponen medidas de ortodoncia o éstas no impiden que se desarrolle una mala mordida, la solución está en el tratamiento correctivo mediante aparatos funcionales, fijos o removibles.

Quién necesita una ortodoncia

A rasgos generales, necesitan una ortodoncia todos aquellos que presenten maloclusión de los dientes, puesto que esta anomalía puede impedir una masticación adecuada, la correcta limpieza de los dientes -con consecuencias negativas para la salud dental, como caries, pérdida de dientes, problemas de encías o desgaste del esmalte- o, incluso, generar inseguridad o hacer que los aquejados se sientan cohibidos.
Las maloclusiones o problemas de mordida pueden heredarse o ser la consecuencia de una enfermedad dental, pérdida temprana de los dientes de leche o los permanentes, un accidente o trastornos médicos, entre otras causas. Por lo tanto, puede darse en los niños, pero también estar presente en los adultos -cuando no han sido tratados durante la infancia o por problemas desarrollados a lo largo de los años, como un accidente o la pérdida de una pieza por una infección, por ejemplo-.
La desalineación de la mordida se clasifica en:

  • Tipo I: aunque los maxilares están correctamente relacionados, las piezas dentarias están adelantadas con respecto al hueso del que nacen. Puede existir apiñamiento de los dientes o no.
  • Tipo II: el maxilar superior está desplazado hacia delante, con los dientes muy adelantados con respecto a su base ósea.
  • Tipo III: la mandíbula ha superado en crecimiento al maxilar de arriba y provoca una mordida cruzada.

Entre los síntomas de una mordida incorrecta están una alineación anormal de los dientes, apariencia anormal de la cara, dificultad o molestia al masticar o morder, problemas en el habla respiración bucal y problemas de articulaciones temporomandibulares (articulaciones que unen la mandíbula con el cráneo). Para diagnosticar quién lo necesita y cómo es el tratamiento de ortodoncia que requiere y si debe ir acompañado de extracción de piezas o intervención quirúrgica, hace falta determinar el patrón morfogenético del paciente. Se trata de valorar los problemas de engranaje de los dientes y determinar dónde se origina la deformidad.
Normalmente, el ortodoncista evalúa al paciente mediante un examen clínico, a través de una radiografía panorámica de toda la boca una radiografía lateral de cráneo y gracias a unas fotografías intra y extraorales y unos modelos de yeso de la boca del paciente para registrar cómo es la mordida. No hay límites de edad para la ortodoncia; sólo en algunos movimientos ortopédicos, que únicamente es posible realizar en jóvenes, es mejor practicarlos antes de los 14 años, como es el caso de la expansión del paladar.

Problemas y enfermedades que se tratan con ortodoncia

Entre las alteraciones que necesitan ortodoncia, cabe destacar:

  • Malposición dentaria: se recurre a la ortodoncia cuando la corona de un diente está gravemente desplazada de su posición correcta.
  • Incisivos con mal ángulo: la ortodoncia con dispositivos fijos corrigen el ángulo de los incisivos superiores, inferiores y ambos, en bloque.
  • Pérdida prematura de dientes de leche: como hemos comentado anteriormente, cuando se pierde un molar es posible que se necesite colocar un ‘mantenedor de espacio’ para que el nuevo diente tenga su sitio reservado.
  • Sobremordida: los dientes anteriores de la arcada superior sobrepasan en la mordida más de la mitad de la altura de los dientes inferiores, un problema de maloclusión de tipo II, que puede solucionarse hasta cierto punto con la ortodoncia. Cuando esta alteración es fruto de problemas esqueléticos, debe corregirse en la infancia y la adolescencia (ortodoncia interceptada), porque al llegar a la edad adulta, los brackets modificarán la posición del maxilar sólo parcialmente.
  • Submordida o prognatismo mandibular: los dientes inferiores se extienden excesivamente hacia delante o bien los superiores se posicionan muy hacia atrás o hay adelantamiento de la mandíbula inferior. Se puede corregir con un expansor que se fija a la mandíbula superior para expandirla y se va ensanchando a medida que crece la mandíbula. En ocasiones se emplea una máscara facial anti prognatismo colocada alrededor de la cabeza para aplicar una fuerza en la mandíbula inferior que la va reubicando en su sitio o una mentonera alrededor de la cabeza que ejerce fuerza en la barbilla para recolocarla en su posición ideal.
  • Mordida cruzada: esta alteración en la que uno o varios de los dientes de la arcada superior quedan por detrás de los inferiores al morder es fácil de corregir en niños con un expansor fijado sobre el paladar y que se va ensanchado progresivamente cada día mediante una llave hasta que el hueso se fija. En los adultos, puede ser necesario ayudar a esta ortodoncia con una cirugía correctora.
  • Mordida abierta: cuando los dientes superiores e inferiores no se solapan y queda un hueco entre ellos al morder, se puede usar un expansor en niños como medida preventiva; aparatos y brackets en los adolescentes, pero se suele recurrir a la cirugía en el caso de los adultos.
  • Dientes rotados: la ortodoncia consigue hacer movimientos de rotación para ubicar de manera precisa el diente.
  • Línea media desplazada: se suelen emplear los brackets para hacer coincidir la línea media de los dientes superiores con la línea media de los inferiores.
  • Espacio excesivo entre los dientes: los aparatos de ortodoncia fijos consiguen cerrar espacios moviendo en bloque todo el diente (corona y raíz).
  • Apiñamiento de los dientes: se trata de una cuestión más estética, para la cual es posible utilizar la ortodoncia con el fin de ubicar los dientes o dar a la forma de la cara una posición más normal.
  • Problemas con el habla: los dispositivos de ortodoncia pueden solucionar problemas con el habla -es decir, dificultad para pronunciar ciertos fonemas correctamente- ocasionados por proyección de la mandíbula, mordida abierta, protrusión de los incisivos superiores, sobremordida horizontal, ausencia de molares superiores permanentes o deglución atípica.
  • Respiración por la boca: una placa vestibular que impida al paciente respirar por la boca puede resultar de gran ayuda en el tratamiento determinado por un otorrinolaringólogo para estos casos.
  • Apnea del sueño: hay algunas ocasiones en las que este trastorno es fruto de una alteración de la oclusión cuando el desarrollo de la mandíbula inferior no ha sido normal, por lo que el uso de la ortodoncia para arreglar la mordida puede ayudar en este trastorno.
  • Problemas de articulación de la mandíbula: en ocasiones puede resultar útil el uso de protectores bucales o de la mordida, también conocidos como férulas o aparatos. Su efectividad varía mucho entre los pacientes aquejados de trastornos de los músculos y la articulación temporomandibular, los cuales afectan a las articulaciones y los músculos de la masticación que conectan la mandíbula inferior al cráneo. Sus síntomas son dificultad o molestia al morder o masticar; chasquido o chirrido al abrir o cerrar la boca; dolor facial sordo en la cara; dolores de cabeza y oído o sensibilidad o bloqueo de la mandíbula.

Más información en el siguiente vídeo:

 
Fuente: muysaludable.sanitas.es
 
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Un gesto tan simple y sencillo como besar, además de ser la demostración perfecta de amor, puede ser muy beneficioso para la salud en general y la salud bucodental en particular.

Besar mejora la salud bucodental porque:

  • Combaten la caries dental. Sí, así como suena. Los besos ayudan a evitar la aparición de la caries dental pues estimulan las glándulas salivales haciendo que aumente la secreción natural de saliva y, por consiguiente, la cantidad de proteínas, electrolitos y sales minerales que ésta posee. Así, ayudan a eliminar partículas y patógenos de la boca que favorecen la aparición de la caries dental. Además, la saliva favorece al limpiado de los restos de comida y a eliminar los ácidos que provocan erosión dental. Por su parte, las sales minerales, colaboran en la reconstrucción del esmalte de los dientes, algo importantísimo para evitar la temida caries.
  • Reducen el dolor. El acto de besar libera endorfinas y dilata los vasos sanguíneos, ambos un gran aliado en la lucha contra el dolor, por lo que si te duelen las muelas, ¡a besar se ha dicho! Por supuesto, no solo alivia los dolores en la boca, sino que también puede ayudar a paliar cualquier tipo de dolor, ya sean musculares, crónicos, de cabeza, etc.
  • Protegen contra las infecciones. Los besos provocan secreciones hormonales y hacen que creemos anticuerpos que permiten combatir las bacterias ajenas a nosotros, y procedentes de la saliva del otro, de tal forma que contribuyen a aumentar las defensas naturales y a estimular el sistema inmunológico.
  • Besar disminuye el estrés, la tensión y la ansiedad y, por tanto, todas sus manifestaciones en la boca.Son varias las enfermedades periodontales derivadas del estrés, la tensión y la ansiedad. De este modo, los besos podrían reducir la aparición de úlceras, como aftas o vesículas, herpes,  e incluso la gingivitis y el bruxismo.

Pero los beneficios de los besos no solo mejoran la salud bucodental. Besar es bueno para la presión sanguínea, el sistema cardiovascular y hasta para mantener a raya los niveles de colesterol. Además, al besar también se ponen en acción más de 30 músculos de la cara, de tal forma que ayudan a combatir la aparición de arrugas y pueden llegar a hacerte perder peso, y es que un beso pasional permite quemar hasta 12 calorías por minuto.
 
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