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La saliva es un líquido que no tiene color, no huele, es insípido y un poco espumoso. Básicamente está constituido por agua, pero este líquido tiene una importancia vital dentro de nuestra salud bucodental.
La principal función del líquido salival responde en cuanto a protección se refiere. Este actúa sobre la microflora, y ejerce de forma simultánea efectos tanto antimicrobianos como nutricionales (estimulando su crecimiento). Es decir, que excluye agentes patógenos, mantiene la flora normal, aporta los nutrientes necesarios y controla el pH bucal. Todas estas funciones son fundamentales en nuestra boca a la hora de prevenir todo tipo de enfermedades.
La gran mayoría de avances que se han producido en la historia de la humanidad, tanto de carácter científico como técnico y tecnológico han sido conseguido gracias a observar el funcionamiento de todos los seres vivos presentes desde hace millones de años. Naturalmente, en el terreno de la medicina, por ejemplo, una gran multitud de avances en la curación de patologías han sido logrados después de que se imitaran remedios naturales que existían ya en la propia naturaleza.
Es por este motivo por lo que resulta muy importante el siempre tener presente que el cuerpo humano dispone de sus propias “medicinas”, que en muchos casos pueden bastar a la hora de afrontar una patología.
La saliva no es diferente en este aspecto, y es que este fluido orgánico que nos acompaña durante todo el transcurso de la vida se encarga de cumplir diversas funciones en la cavidad oral, y una de estas es la de proteger la cavidad oral y las piezas dentales ante posibles infecciones. Además de esto, también está encargada de reducir el riesgo de padecer patologías como la caries dental.
Se calcula que una persona normal, a lo largo de un día puede producir entre 1 y 1’5 litros de saliva; esta cantidad tiende a disminuir con el paso de la edad en el paciente, por lo que puede llegar a ser una causa directa para la proliferación de patologías relacionadas con la cavidad oral.

La función de la saliva contra las enfermedades

Existen algunos alimentos que pueden estimular la producción de saliva. Esto es importante tenerlo en cuenta en caso de que suframos enfermedades como el Síndrome de la Boca Seca, ya que la xerostomía está caracterizada por la falta o disminución de saliva, con lo cual podríamos tener enfermedades relacionadas con la falta de la misma. La saliva se encarga de lavar aquellos residuos que permanecen en nuestra boca, y actúa como un amortiguador frente a los altos niveles de acidez, ayudando a la remineralización de los dientes cuando están rodeados de ácidos.
Existen algunos estudios realizados por odontólogos que ha demostrado que la saliva posee una vital importancia en el campo de la prevención de la caries dental. Este drástico aumento de lesiones de etiología cariosa en los individuos con un flujo salival reducido debido al empleo de ciertos medicamentos u otras razones, es la muestra más evidente. En este tipo de casos podemos observar con frecuencia la destrucción completa de la dentición en un lapso muy corto de tiempo.
Pero la saliva no sólo resulta de importancia en la prevención de la caries, sino que también juega un papel determinante cuando ya se ha desarrollado la lesión inicial, durante el proceso de remineralización.
Al mejorar nuestra higiene bucodental e incrementar el uso de agentes que posean flúor, la saliva también lo tiene más fácil para lograr hacer llegar sus sales minerales a las piezas dentales, evitando de esta manera la pérdida del tejido dentario.
 

¿Cómo funciona la saliva?

El líquido que nos ocupa ayuda a cumplir una gran parte de las funciones de la cavidad oral, y como comentábamos con anterioridad, está compuesta en un 99% por agua. La saliva está segregada por las glándulas salivares de la boca, como respuesta a un reflejo nervioso complejo que está relacionado con otra gran multitud de aspectos. Pasemos a explicar de qué está compuesta y cuáles son sus funciones.
Como comentábamos anteriormente, la saliva es segregada por las glándulas salivales, estas se encuentran distribuidas por toda la boca. Existen algunas mayores y menores, y hay tres pares de las primeras (patótidas, sublinguales y submaxilares) y más de 600 de las menores que están repartidas a lo largo de la mucosa oral.
Este líquido tiene entre su composición algunos componentes orgánicos y componentes inorgánicos. Los componentes orgánicos son las proteínas, las glucoproteínas, las inmunoglobinas y las enzimas, mientras que entre los componentes de origen inorgánico incluyen el bicarbonato y el fosfato, encargados de neutralizar los ácidos causantes de. La caries. La saliva, junto con otros elementos como la secreción gingival o las partículas de alimentos forman en conjunto un líquido conocido como el fluido oral, que se encarga de la creación del bolo alimenticio y protege las estructuras orales.
Las funciones de la saliva son muy variadas en nuestra cavidad oral. En primer lugar, es una de las responsables de proteger la cavidad oral, además de controlar el pH de la boca, facilitar la creación del bolo alimenticio y ayudar en el proceso digestivo.
Durante el transcurso de la noche, su producción se ve reducida debido a una menor utilización de la boca, por lo que también experimenta una merma la capacidad protectora de la misma. Esto convierte la higiene oral en un aspecto fundamental para todas las personas, por lo que siempre se remarca la importancia de realizar un cepillado dental antes de ir a dormir.
La patología relacionada con la saliva llamada xerostomía tiene que ver con la disminución de la producción. Esto aumenta el riesgo de padecer enfermedades de etiología cariosa, facilita la irritación de la mucosa con una mayor facilidad, dificulta el hecho de tragar alimentos, provoca mal aliento y aumenta la posibilidad de infecciones por hongos.
Es por todo esto, por lo que la saliva es un elemento clave de nuestra salud oral, y al igual que todos los demás aspectos de nuestra boca, esta también tiene que ser tenida en cuenta.
 
 
 
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Algunas de las marcas de agua embotellada que se comercializan son peligrosas. Su composición química podría no ser la que se recomienda para la salud, hasta el punto de ser más dañinas que el agua del grifo y de deteriorar el esmalte de los dientes.
Se recomienda que el agua que consumimos tenga el pH neutro. El pH, el nivel de acidez o alcalinidad del agua, puede ser perjudicial para la salud si es muy alto o si es muy bajo. La escala para calcular este nivel oscila entre el 0 y el 14, y se considera como neutro el pH 7.
Por este motivo, muchos son los que prefieren beber agua embotellada. Se considera, en teoría, que garantiza un pH de 7.
Nada más lejos de la realidad. Desde hace tiempo por la red circulan vídeos en los que la gente comprueba la alcalinidad y la acidez de varias marcas de agua embotellada. Los resultados no podrían ser menos halagüeños. Desde el Daily Mail alertan, por ejemplo, de que solo apenas cuatro de nueve marcas de agua embotellada tienen un nivel de pH normal. Otros vídeos vierten conclusiones parecidas.
Un problema que afecta a los dientes
Beber agua con un alto nivel de acidez daña el esmalte de los dientes, alerta el doctor Eunjung Jo en Daily Mail.
“Nuestro esmalte empieza a erosionarse con un nivel de pH de 5,5, así que es mejor evitar las bebidas con un nivel de pH inferior a 5,5″.
El daño es mayor si se bebe durante más tiempo, en otras palabras, beber esa taza de café durante tres horas es más perjudicial que beberla en media hora.
“Cuanto más largos son los sorbos y más tiempo se queda en la boca, más perjudicial”, alertan desde el rotativo.
Además, el agua embotellada no tiene flúor, un componente beneficioso para el esmalte dental y que sí está presente en el agua del grifo. Quienes solo consumen agua embotellada, pueden usar pastas de diente fluoradas para compensar.
Los expertos consultados por Daily Mail recomiendan, por tanto, encontrar el equilibro entre consumir ambos tipos de agua. No hay razón para evitar el agua del grifo. “Es del todo saludable”, indican.
 
Fuente: mundo.sputniknews.com
 
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