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Resuelve tus dudas sobre técnicas y tratamientos dentales de la mano del internacionalmente reconocido Dr. Alberto Meriñán Sebastián.







El hueso es una estructura viva que continuamente está en un proceso de remodelación, pues a lo largo de la vida reabsorbemos tejido óseo viejo y creamos hueso nuevo de forma constante. Eso sí, el envejecimiento, determinadas enfermedades o incluso las pérdidas dentales pueden influir en que esta remodelación se complique, haciendo que la pérdida ósea dental se agrave y se produzca a una mayor velocidad.

Causas más comunes de la pérdida ósea dental
Podemos distinguir entre pérdida ósea fisiológica por atrofia, asociada al envejecimiento y a la pérdida de piezas dentales, y pérdida ósea asociada a patologías que pueden ser motivadas por una enfermedad que afecte al medio oral, como la periodontitis, o enfermedades sistémicas cuyos efectos desemboquen en una pérdida ósea bucal o una falta de desarrollo de los maxilares entre otros síntomas generales, como por ejemplo la osteoporosis.
Los síntomas que nos pueden alertar de su existencia
Hay que decir que la pérdida ósea puede pasar completamente desapercibida para el paciente. Eso sí, el síntoma más claro (y por lo general con mal pronóstico) es la movilidad dental provocada por estados avanzados de enfermedad periodontal. Otros síntomas previos a la movilidad pueden ser la percepción de dientes más largos, con el consecuente aumento de sensibilidad dental o la aparición de triángulos negros entre los dientes. Por eso siempre insistimos en visitas periódicas al dentista, ya que puede identificar de manera temprana estos síntomas y actuar en consecuencia.
En zonas donde el paciente ha perdido piezas, como consecuencia de una extracción dental o un trauma, es común que note la zona más deprimida y cóncava respecto a las zonas adyacentes con dientes y sufra retención de alimentos en la zona. Si hablamos de personas que han optado por rehabilitar sus piezas dentales mediante prótesis removibles acrílicas (dentadura postiza), lo que pueden notar es que la prótesis que anteriormente se adaptaban bien a su boca, tras la pérdida ósea, se mueve imposibilitando una correcta masticación.
Reponer las piezas para frenar la pérdida ósea
El hueso maxilar necesita el estímulo que le proporciona las cargas y tensiones procedentes de la masticación para que no se reabsorba en mayor medida del hueso que se apone. Así que cuando faltan los dientes, el hueso maxilar y mandibular tiende a reabsorberse con mayor facilidad.
Si hablamos de pérdida ósea provocada por enfermedad periodontal existen algunos tipos concretos de defectos óseos en los dientes que sí son regenerables mediante técnicas de cirugía regenerativa periodontal. Estas técnicas permiten estabilizar y alargar la vida útil de las piezas dentales de un paciente afectado por periodontitis.
Cuando existe una pérdida ósea en una zona edéntula y el paciente desea ser rehabilitado con implantes dentales, es posible que no exista un soporte suficiente para la fijación de los mismos. En estos casos se pueden estudiar distintas soluciones por parte de un especialista, entre ellas la cirugía reconstructiva mediante injertos de hueso, ya sean del propio paciente (autoinjerto), de un donante (aloinjerto), materiales procedentes de otra especie animal previamente tratado y procesado (xenoinjerto) e incluso de origen sintético (aloplásticos).
 
 
Fuente: vivirmasymejor.elmundo.es

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Habitualmente se tiene la impresión de que las enfermedades de las encías o ‘periodontales’ no son especialmente frecuentes ni importantes. Sin embargo, según la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA), en nuestro país afectan actualmente a 8 de cada 10 adultos mayores de 35 años, y recientes estudios publicados confirman que la periodontitis avanzada es la sexta enfermedad más prevalente del planeta, afectando a un 11,2% de la población mundial. Y a ello se suma que estas enfermedades también influyen muy negativamente en la salud general. Y es que lo que pasa en las encías no se queda en las encías.

No cabe duda de que una buena salud bucodental es clave para disfrutar de una buena salud general. Sin embargo, el ideario popular está plagado de creencias o ‘medias verdades’ que, lejos de proteger nuestros dientes y encías, provocan que descuidemos nuestra salud oral y tengamos un mayor riesgo de contraer enfermedades. Por ello, y en el marco de su Congreso de la Periodoncia y la Salud Bucal que se está celebrado en Málaga con la asistencia de más de 4.300 profesionales de 40 países del mundo, la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA) ha presentado su campaña ‘Cuida tus Encías’ para desmontar estos ‘mitos y leyendas’ y ofrecer consejos prácticos sobre el cuidado de la boca.

Mitos y leyendas

1. Es normal que sangren las encías
El sangrado es un signo de alarma en cualquier lugar del cuerpo y, lógicamente, las encías no constituyen una excepción. Así, una encía sana no debe sangrar, y si lo hace es porque algo no va bien. Además, el origen de este sangrado no se encuentra, como creen muchas personas, en el uso de un cepillo más duro o en un cepillado con mayor fuerza. Como alerta la SEPA, «el sangrado de las encías es un signo de inflamación y de enfermedad».
2. Si no duele, no es importante
La periodontitis o enfermedad de las encías también es conocida, además de como piorrea, como la ‘enfermedad invisible’. Y es que en los estadios iniciales no presenta ningún signo o síntoma aparente, caso del dolor. Pero ello no implica que las encías estén sanas. Un aspecto importante dado que esta periodontitis se asocia a un mayor riesgo de enfermedades muy peligrosas y potencialmente mortales, como las patologías cardiovasculares, la diabetes o el cáncer.
3. Los fumadores están ‘protegidos’ frente a la enfermedad periodontal
El sangrado de las encías es menos frecuente en los fumadores que en el resto de la población. Pero ello no supone que fumar proteja frente a la periodontitis. Por el contrario, los fumadores tienen un riesgo tres veces mayor de padecer la enfermedad y de que esta progrese más rápidamente. Y como el principal signo de alarma, esto es, el sangrado de las encías, está enmascarado, el riesgo de demora diagnóstica es mucho mayor.
4. Los tratamientos de mantenimiento me desgastan los dientes
El esmalte dental, esto es, el armazón que recubre el diente, es la parte más dura y resistente del organismo. De hecho, alcanza siete puntos en la Escala de Mohs –escala que mide la dureza de los materiales y que abre el talco, con un único punto, y cierra el diamante, con 10–. Por tanto, los tratamientos de mantenimiento, amén de necesarios, no desgastan el diente.
Como recuerda la SEPA, «los mantenimientos periodontales son indispensables para el paciente con periodontitis, puesto que es necesario eliminar periódicamente los depósitos de placa bacteriana y cálculo con una regularidad para así evitar la recaída y progresión de la enfermedad. Es una etapa fundamental del tratamiento y la única manera de conseguir el control de la enfermedad periodontal a largo plazo. Este tratamiento continuado no tiene repercusión, ni produce desgaste del diente».
5. El tratamiento periodontal no sirve para evitar la pérdida dentaria
La periodontitis provoca la destrucción de la masa ósea que sustenta las piezas dentales y, por tanto, la pérdida irreversible de los dientes. Por tanto, su tratamiento logra mantener los dientes en la mayor parte de los casos. Y en aquellos en los que no resulta posible, se puede recuperar parte del hueso perdido con técnicas regenerativas específicas.
6. Cuanta más espuma hace el dentífrico, más limpia. Y mejor con un cepillo de cerdas duras
Los espumantes son, junto a otros muchos productos –como los antibacterianos, los humectantes o los saborizantes–, un componente esencial de la formulación básica de la mayoría de las pastas dentales. Pero lo que realmente asegurar una limpieza adecuada de los dientes y elimina la placa bacteriana es el uso adecuado y eficaz del cepillo. Como recuerda la SEPA, «la duración del cepillado y el método empleado son claves para el éxito».
Entonces, ¿es mejor utilizar un cepillo de cerdas duras? Pues sí, pues por lo general son más efectivos a la hora de eliminar la placa bacteriana y las manchas en los dientes. Pero cuidado: los cepillos de cerdas duras o el cepillado brusco o traumático pueden producir desgaste en el esmalte y retracción en las encías, quedando expuesta la raíz de la pieza dental.
7. El colutorio, cuanto más ‘pica’, más cura
Un enjuague bucal fuerte o con mucho alcohol no siempre es mejor para la salud de las encías. Además, pueden provocar sequedad de los tejidos orales. Y asimismo, siempre deben utilizarse como complemento del cepillado, pues por sí solos no son efectivos para controlar la placa bacteriana.
8. El mal aliento o halitosis se debe a problemas digestivos
La realidad es que el mal aliento o halitosis se origina en hasta un 85-90% de las veces en la cavidad oral. De hecho, este mal olor procede del efecto de las bacterias anaerobias que hay en la boca, que son capaces de degradar productos de la alimentación. Así, las deficiencias en la higiene oral, la presencia de enfermedad periodontal, la acumulación de bacterias y la putrefacción de restos de comida son, entre otros, factores de riesgo para el desarrollo de la halitosis.
9. Las limpiezas periódicas de boca sustituyen el tratamiento periodontal
El tratamiento periodontal no se limita a una simple limpieza de la cavidad oral, sino que es una actuación médica individualizada según la situación de cada paciente en un momento concreto. Por tanto, estas limpiezas periódicas no sustituyen, en ningún caso, este tratamiento.
10. Mascar un chicle puede sustituir la higiene bucal
La acción mecánica que conlleva el mascar chicle –o el comer alimentos crujientes como frutas y verduras– favorece la autolimpieza dental. Pero lo que en realidad lleva a cabo el mascar chicle es un efecto de arrastre y un aumento de la salivación, lo que contribuye a la eliminación de la placa. Pero no puede considerarse como un sustituto de otras acciones básicas que conforman la higiene bucal diaria.

No dejes para mañana…

Pero aún queda una última puntualización que sumar a este decálogo. Y es que en salud bucodental no vale el ‘ya me cepillaré los dientes por la mañana.
Como concluye la SEPA, «al dormir se produce menos saliva, y el movimiento de nuestra lengua, mejillas y labios es menor. Esta situación favorece el crecimiento de las bacterias causantes de la caries y de las enfermedades de las encías. Y es que como consecuencia de la disminución de producción de saliva durante la noche, nuestra boca se encuentra más desprotegida y las bacterias pueden adherirse más fácilmente a nuestros dientes. Por ello, es absolutamente necesario limpiar cada diente meticulosamente antes de dormir. Si hay un cepillado imprescindible a lo largo del día, es el que debe hacerse antes de acostarnos».
 
Fuente: abc.es
 

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La hipersensibilidad dental es la causa más frecuente de dolor dental, que puede tener lugar a diario o de manera ocasional al beber, comer o cepillarse los dientes, y muestra una alta prevalencia en la población adulta. Según datos de la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA), es una afección que afecta al 25% de la población adulta. Los expertos han detectado que actualmente este trastorno comienza a aumentar entre los jóvenes como consecuencia de los hábitos de vida actuales. El estrés que vivimos en la sociedad moderna, correlacionado con ciertos hábitos alimenticios, son algunos de los motivos por los que ha aumentado la prevalencia de hipersensibilidad dentinaria.

La afectación es mayor en personas con periodontitis (enfermedad de las encías, que cursa con inflamación de la encía y destrucción de los tejidos de soporte de los dientes), ya que en estos pacientes la prevalencia se estima en un 84% en España.
La hipersensibilidad dentinaria produce un dolor transitorio, ya sea localizado en uno o varios dientes, o bien en toda la boca, como respuesta a estímulos táctiles, térmicos o químicos. Este trastorno se produce por una exposición de la dentina (tejido del diente que está bajo es esmalte, en la corona, o el cemento, en la raíz) asociado a recesión gingival. Esto puede ser debido a múltiples causas, como un cepillado agresivo, tratamientos periodontales o el desgaste del diente, y se puede ver favorecido por la presencia de ácidos en la boca, ya sea por reflujo gástrico o por la dieta. En este punto, los expertos han hecho hincapié en la importancia de que el profesional conozca cuáles son los factores predisponentes y desencadenantes de la hipersensibilidad dentinaria y, de esta forma, establecer el tratamiento y las medidas preventivas adecuadas y adaptadas a cada caso.
Ante casos de personas afectadas por este trastorno, el odontólogo debe realizar primero una historia clínica muy detallada, preguntando por el tipo de dolor, el número de dientes afectadas, los estímulos que desencadenan el dolor, la presencia de enfermedades relacionadas, los hábitos higiénicos o los hábitos dietéticos.
Respecto a los estilos de vida y la prevención, los hábitos alimenticios puede jugar un papel importante en este problema. La ingesta de alimentos y bebidas ácidas (refrescos carbonatados, bebidas “energéticas”, zumos de frutas, yogures, vinagres, vino, etc.) incrementa el riesgo de padecer hipersensibilidad dental; de hecho, este trastorno parece aumentar entre los jóvenes como consecuencia de los hábitos de vida actuales.
Resultado de imagen de hipersensibilidad dentinaria
La hipersensibilidad dentinaria es un trastorno que afecta la calidad de vida de las personas, pero para la que existe tratamiento. Para ello, los expertos destacan que primero debe haber un diagnóstico diferencial en el que se distinga entre la hipersensibilidad aguda o crónica y la localizada o generalizada, además de identificar los factores predisponentes y desencadenantes en casa caso. A partir de esto el profesional podrá seleccionar el tratamiento más adecuado y aportar una serie de recomendaciones y medidas preventivas.
Entre las recomendaciones preventivas, se incluyen el desarrollo de técnicas de higiene adecuadas, evitando técnicas o dispositivos de cepillado traumático (técnica horizontal, cepillos de cerdas muy duras…) y prescindir de pastas dentífricas muy abrasivas. Respecto a los hábitos y estilo de vida, se debería llevar una dieta que incluya un consumo racional y controlado de ácidos, y en el caso de que se consuman, tratar de neutralizar (uso de chicles….). En el caso de alteraciones emocionales, como apretamiento o estrés, puede ser recomendable usar férula de descarga. Además, sería recomendable la eliminación de piercings que puedan resultar traumáticos para los dientes o encías y controlar los problemas de salud sistémicos de riesgo, como la bulimia.
 
Fuente: ABC.es
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La pasta de dientes es una parte fundamental de la higiene bucal. Hay dentífricos de muchas marcas y colores, incluso negro, que tiene un potente efecto blanqueador por su componente de carbón activo, a pesar de su peculiar tonalidad. Y es que con tantas opciones no es fácil saber cuál es la más adecuado para nosotros, pero tan importante es escoger un cepillo de dientes adecuado para tu boca, como saber elegir la pasta de dientes que cumpla con tus necesidades.

Evidentemente todos sirven para cepillarse, pero pueden hacer mucho más por la salud dental. Por ello, hoy os vamos a explicar los dentífricos que existen y cuáles son sus principales objetivos.

  • Prevención de caries: A la hora de prevenir la formación de caries es importante optar por una pasta de dientes que contenga flúor. Ayuda a remineralizar el esmalte, reforzarlo y asi eliminar la placa bacteriana.
  • Sangrado de encías: Este problema aparece cuando se acumula la placa bacteriana en nuestra boca y puede provocar problemas más graves y enfermedades periodontales. Es importante controlar este problema y usar pastas de dientes con flúor y clorhexidina. Esta última sustancia puede teñir levemente el esmalte, por ello, son dentífricos que no deben utilizarse más de dos semanas y se deben alternar con otras pastas de dientes.
  • Infantiles: Para los más pequeños de la casa se recomienda utilizar pastas de dientes específicas, con una concentración de flúor pequeña, ya que los niños suelen tragarse un poco la pasta. Hasta la edad de 12 años no deberán utilizar pastas para adultos.
  • Sensibilidad dental: Este tipo de pastas fortalecen el esmalte para así ayudar a combatir los efectos de la sensibilidad dental. Son dentífricos que tapan los poros que se han producido en la dentina y que conectan con los nervios del diente.
  • Blanqueamiento: Las pastas blanqueadoras no sirven por sí solas para blanquear las piezas, sino que refuerzan y mantienen los efectos del tratamiento de blanqueamiento dental realizado por un profesional. Estos dentífricos además facilitan la eliminación de las manchas leves producidas por el café, tabaco, u otros elementos.
  • Halitosis: Para evitar el mal aliento es prioritario vigilar lo que se consume y además reforzar la higiene bucal con dentífricos con sabores frescos como menta, romero, manzana…
  • Ortodoncia: Este tipo de dentífricos están especialmente pensados para personas con ortodoncia ya que, además de proteger el esmalte, también refuerzan y calman las encías que tan sensibles suelen estar.

En muchas ocasiones, no conocemos las características de nuestra boca y por ello no somos conscientes del dentífrico que más nos conviene. Es importante, por ello, preguntar a un profesional sobre la fórmula adecuada para nuestros dientes. Cada boca es distinta y cada dentífrico también. Por ello, apuesta por la pasta de dientes adecuada a tus necesidades y favorece una higiene bucal óptima y duradera.
 
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La enfermedad periodontal es la patología más prevalente en el ser humano. Los expertos advierten que las consecuencias van mucho más allá la estética o de tener únicamente repercusiones en la esfera bucodental, sino que también son crecientes las evidencias que vinculan algunas enfermedades periodontales con el mayor riesgo de sufrir un evento cardiovascular, de diabetes o de controlarla peor, o de sufrir un parto prematuro.

Se estima que en España 8 de cada 10 personas mayores de 35 años tienen algún problema relacionado con las encías

Según las encuestas se determina que entre el 85- 94% de la población española mayor de 35 años presenta algún problema relacionado con las encías. En concreto, sobre la periodontitis, en el informe pone de manifiesto que entre el 16-30% de los españoles mayores de 35 años tiene esta infección periodontal, alcanzando el grado de severa en el 5-11% de la población adulta.

Al ser la periodontitis una enfermedad en la que la inflamación supone un aspecto trascendental, se ha relacionado con algunas enfermedades sistémicas, como la diabetes, el parto prematuro o determinadas enfermedades cardiovasculares. Por lo que es importante tratar la salud periodontal como parte del manejo del paciente con riesgo cardiovascular, el control de los pacientes con diabetes, o como elemento relevante en la prevención del parto prematuro.

Las enfermedades periodontales son patologías que afectan al periodonto, es decir, a los tejidos que sostienen a los dientes. Son patologías infecciosas, causadas por bacterias. Hay dos grandes grupos de enfermedades periodontales: gingivitis (inflamación superficial) y periodontitis (destrucción más profunda de los tejidos periodontales). Su prevalencia la convierte en la patología más frecuente en el ser humano, junto con la caries. En España, solo el 10-15% de los adultos presenta una encía sana, y entre el 25-40% presentaría la enfermedad más destructiva, la periodontitis.

Algunas medidas básicas de higiene bucodental pueden ahorrar muchos costes y evitar problemas de salud posteriores. Si conseguimos cepillarnos los dientes dos veces al día y utilizar seda dental o cepillitos interdentales, nuestro nivel de enfermedad bajará muchísimo. Se prevendrán así enfermedades como las de las encías, que suponen la presencia de gran cantidad de bacterias dentro de la boca, y eso aumenta el nivel de inflamación que tiene todo nuestro cuerpo. Al menos una vez al año, y si se puede, cada 6 meses, deberíamos acudir al dentista para que evalúe la situación, para que detecte si hay algún problema y solucionarlo rápidamente, y para conseguir así mantener nuestra salud a medio y largo plazo. Los tratamientos son más sencillos y exitosos en las fase iniciales de la enfermedad, siendo el diagnóstico precoz importantísimo; por el contrario, cuanto más se retrasa el tratamiento, más avanza la enfermedad, más complejo es el tratamiento y más severas son las secuelas.

Causas

Las enfermedades periodontales son infecciones causadas por bacterias situadas bajo la encía, en concreto, entre la encía y el diente. En la gingivitis, la acumulación de bacterias bajo la encía, organizadas en forma de placa bacteriana (ahora se denomina biofilm dental), conduce a la inflamación de los tejidos adyacentes. Siempre que haya placa bacteriana, habrá algún grado de gingivitis.

La causa primaria de la periodontitis también son las bacterias del biofilm dental. Sin embargo, para que la gingivitis progrese a periodontitis, son necesarios más factores (factores de riesgo), y que incluyen: factores genéticos (antecedentes familiares); ambientales: estrés, alcohol, sobrepeso y, sobre todo, tabaco; enfermedades del resto del cuerpo: diabetes, la osteoporosis, cualquier enfermedad que suponga una bajada en las defensas (inmunodepresión) o infecciones frecuentes por virus como el herpes; ciertos medicamentos: fármacos inmunosupresores, antagonistas del calcio para pacientes hipertensos, anticonvulsionantes, antiepilépticos o anticonceptivos orales que favorecen la inflamación y el aumento de sangrado de la encía; malos hábitos de higiene de la boca, junto con la ausencia de cuidados profesionales (revisiones, limpiezas de boca periódicas,…), y factores de la propia boca o de los dientes, como la presencia de dientes mal colocados, empastes desajustados…

¿Cómo prevenir y tratar?

La mejor forma de prevenir la periodontitis es mantener una correcta higiene oral para controlar los niveles de placa dental, pero en personas predispuestas, a pesar de una correcta higiene oral, puede tender a producirse la enfermedad. Por lo tanto, la higiene oral es un importante pilar de prevención de las enfermedades periodontales, pero no el único. Se debe acompañar de revisiones periódicas al especialista para que se pueda realizar un diagnóstico precoz de la enfermedad en caso de que se presente. Para controlar la placa bacteriana en la boca, disponemos de dos tipos de métodos: los mecánicos (cepillado, seda dental, cepillitos interdentales…) y los químicos (enjuagues, pastas de dientes…, siempre que cuenten con aval científico sobre su eficacia).

Por su parte, el tratamiento de las enfermedades periodontales tiene tres objetivos diferentes: Eliminar o reducir las bacterias productoras de la enfermedad; suprimir, reducir o modificar los factores que hacen que los pacientes sean más susceptibles a ésta, como el tabaco o ciertas alteraciones dentarias como las malposiciones, y crear las condiciones adecuadas para que la enfermedad se pueda mantener controlada a largo plazo.

En el caso de la gingivitis, es necesario limpiar las bacterias que se hayan acumulado, mediante la eliminación de la placa dental y el cálculo dental (también llamado “sarro”). Este tratamiento, denominado profilaxis profesional (o “limpieza de boca”), lo realizan los profesionales odontológicos. Además, es fundamental explicar cómo se deben cepillar los dientes y encías para mantenerlos limpios, y que no vuelva a aparecer la gingivitis.

En las periodontitis, el tratamiento es más extenso y complejo. En primer lugar se realiza un detenido estudio preoperatorio de la encía que puede incluir radiografías, para valorar la situación antes de empezar el tratamiento. En algunas ocasiones podría ser necesaria la realización de algunas pruebas complementarias, como un estudio de las bacterias presentes en la encía.

Fuente: ABC.es

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