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Resuelve tus dudas sobre técnicas y tratamientos dentales de la mano del internacionalmente reconocido Dr. Alberto Meriñán Sebastián.







La obturaciones dentales o empastes, son casi tan antigua como las caries. Una patología que se extiende con el cambio de alimentación del hombre –hace unos 13.000 años–, que supuso el cultivo de grano. Ya hemos comentado en otras ocasiones, que el azúcar y los carbohidratos, junto a una higiene deficiente, forman la combinación perfecta para generar la placa bacteriana que ataca los dientes.

El pasado: momias con empastes

Los primeros empastes hallados en momias, son de la edad de hielo. La cavidad se limpiaba con algún tipo de piedra afilada, y se rellenaba con betún, pelo o paja. Sin anestesia –o al menos sin una anestesia local moderna– y sin medidas profilácticas. El primer dentista del que se conoce su nombre, el egipcio Hesy-Ra, era un personaje admirado por sus conocimientos y destreza como «Gran de los cortadores de marfil». La población egipcia padecía problemas de caries, debido a la alimentación, y a la nula higiene bucal (no se han encontrado restos de cepillos). Los materiales utilizados para los empastes de esta momia, fueron lino con aceite de cedro.

El presente: obturaciones de composite y metálicas

Afortunadamente, acudir hoy al dentista por una caries, no tiene por qué suponer una experiencia traumática, como sí lo fue hasta hace no demasiados años. Algunos materiales para obturar las cavidades, siguen siendo metales nobles como el oro, pero otros compuestos modernos se han impuesto por su resistencia, estética, precio y tiempo del paciente en consulta.
El origen de la resina compuesta se remonta a 1962. En la actualidad, las resinas o composites, constan de un componente cerámico de calcio o silicio y otro polimérico, que endurece por acción de una fuente de luz ultravioleta.

El futuro: adiós a los empastes

Sería, sin duda, una gran noticia: «Dientes con caries se regeneran por sí solos. Adiós a los empastes.» De momento, nos tenemos que conformar con saber que un medicamento contra el alzhéimer (enfermedad de la que hablamos recientemente por otros motivos) podría hacer que un diente produjera suficiente dentina como para autorregenerarse.
Los dientes son capaces de reparar con dentina lesiones de poca profundidad, de forma natural, pero esta producción de dentina se interrumpe por la acción de una enzima que el medicamento en cuestión, neutraliza.
La solución propuesta, consiste en combinar dicho medicamento con la aplicación de unas esponjas (desaparecerían de forma natural), que activen la formación de células madre de la pulpa dental, y así regenerar el diente en 6 semanas.
Incluso en ese futuro esperanzador sin empastes, deberemos mantener el cuidado de nuestra alimentación y hábitos de limpieza, así como las revisiones periódicas.
El mejor tratamiento es la prevención, pide cita con nosotros en Deltadent y te haremos una revisión completa de manera gratuita.
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¿Has sentido molestias en los dientes al beber algo frío o al comerte un helado este verano? ¿Te duele cuando te cepillas los dientes o usas el hilo dental? No hay duda, tus síntomas son el reflejo de un problema de sensibilidad dental, un dolor transitorio provocado por la exposición de la dentina a estímulos externos como cambios de temperatura, tomar bebidas y alimentos ácidos , cepillarse los dientes demasiado fuerte o rechinar los dientes, entre otros.
Si la sensibilidad dental no se trata, impide llevar a cabo una correcta higiene bucal y puede derivar en otras patologías como caries y problemas de encías. Para prevenir los síntomas, toma nota de este decálogo de consejos:
Es recomendable cepillarse los dientes con un cepillo de filamentos suaves con extremos redondeados y superficie lisa para prevenir la abrasión del esmalte y la retracción de encías.
Utiliza un gel o una pasta poco abrasiva, usar seda dental para los espacios entre los dientes más cerrados, utiliza un limpiador lingual y cambiar el cepillo cada tres meses.
Evita abusar de alimentos ácidos que pueden desgastar el esmalte del diente, como zumos de frutas, vino, aliños de ensaladas con vinagre y refrescos.
Evita los cambios bruscos de temperatura en las comidas y bebidas.
No introduzcas objetos extraños en la boca que provoquen desgaste en los dientes, como lápices, bolígrafos, agujas…
Utiliza dentífricos y enjuagues bucales especialmente diseñados para ayudar a reducir la sensibilidad dental. Además de aliviar las molestias de los dientes, ayudan a reforzar el esmalte.
En algunos casos el dentista recomienda aplicar un barniz de flúor para proteger tu dentadura. Este método reduce la sensibilidad temporalmente, además de fortalecer los dientes.
En el caso de la sensibilidad provocada por el bruxismo, el tratamiento más efectivo es utilizar una férula nocturna durante las horas de sueño que proteja los dientes del contacto.
Cambia tus malos hábitos. Un ejemplo de ello es utilizar los dientes para un indebido, como para cortar determinados hilos o abrir algún envase.
Si las molestias continúan y se acentúan, es importante acudir al dentista para descartar problemas más graves que puedan derivan en afecciones bucales severas.
 
vivirmasymejor.elmundo.es
 
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¿Eres de los que acostumbra a refrescarse con bebidas isotónicas? Si la respuesta es sí, debes saber que este hábito cotidiano, aparentemente inofensivo, podría intervenir negativamente en tu salud bucodental.
Es cierto que este tipo de bebidas pueden ayudar al organismo en determinados momentos, siempre y cuando se consuman de forma moderada. Por ejemplo, después de un duro entrenamiento pueden servirnos para reponer el agua y los electrolitos que nuestro cuerpo ha ido perdiendo durante el ejercicio. También pueden utilizarse a modo de suero fisiológico para reponer el nivel de agua en pacientes que han sufrido procesos diarreicos o vómitos.
Sin embargo, el abuso de este tipo de bebidas puede desencadenar un problema en nuestra salud dental. Además de hidratos, sales minerales y agua, contienen ácido cítrico, un aditivo que puede dañar el esmalte dental dejando la dentina en la superficie, provocando sensibilidad dental e incluso favoreciendo el desarrollo de caries. Este aditivo también está presente en determinadas frutas como manzanas, kiwis, naranjas y limones, por lo que es preferible no abusar de ellas.
Los expertos recomiendan utilizarlas para lo que fueron creadas (reponer las sales minerales o electrolitos perdidos durante el ejercicio a través del sudor) y no consumirlas de manera habitual como si fueran agua. Además, insisten en la importancia de esperar unos minutos para realizar el cepillado después de consumir bebidas isotónicas, muy carbonatadas o frutas ácidas. De esta forma permitimos que el esmalte suavizado pueda volver a endurecerse, evitando su deterioro y el riesgo de erosión.
En este caso el cepillado debe incluir, como en el resto del año, la limpieza de encías, lengua y mucosas. También es recomendable la utilización de dentífricos, cepillos de dientes y enjuagues bucales especialmente diseñados para tratar la sensibilidad dental, ya que además de aliviar las molestias proporcionarán una protección más duradera.
 
Fuente: vivirmasymejor.elmundo.es
 
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Si cada vez que ingieres bebidas frías o calientes o cuando comes algo dulce, sientes una punzada breve pero aguda, entonces padeces sensibilidad dental. También conocida como hipersensibilidad dentinaria o dental, se trata de un problema bastante común, de hecho, el 33 por ciento de la población lo sufre. Pero su solución es sencilla y está a tu alcance si le dedicas la atención que merece.
La hipersensibilidad es, por lo general, temporal y se reduce rápidamente. En aquellas ocasiones en que es muy severa y persistente se requerirá un tratamiento odontológico especializado. Ten en cuenta que este problema dental tiene una incidencia aún mayor entre las personas de entre 20 y 40 años y tiende a afectar más a las mujeres que a los hombres.

Causas de la sensibilidad dental

En primer lugar, y para entender por qué se produce la sensibilidad dental, hay que conocer la morfología de nuestros dientes. Cada pieza dental está compuesta por tres partes básicas. En la zona más profunda encontramos el nervio. Sobre él, protegiéndolo como si de un caparazón se tratase, se encuentra la dentina. Ésta, a su vez, está recubierta por el esmalte. Puesto que el esmalte no posee terminaciones nerviosas, la sensibilidad dental se producirá cuando la dentina quede expuesta.
Básicamente las causas de la sensibilidad son cuatro:

  • En primer lugar, la abrasión, o lo que es lo mismo, la pérdida del esmalte por el roce de un objeto. El motivo más común es una incorrecta técnica de cepillado. Un cepillado de dientes brusco o agresivo puede provocar una recesión o pérdida de las encías y que la zona cervical del diente –el cuello– quede al descubierto.
  • En segundo lugar se encontraría la atricción o el desgaste exagerado producido por el contacto diente con diente, ejemplo de ello puede ser el bruxismo –apretar los dientes de manera voluntaria o involuntaria–.
  • La erosión sería el tercero de los motivos causantes de la hipersensibilidad. Los agentes químicos causantes de la erosión de esmalte dental pueden encontrarse en dietas ricas en alimentos con una elevada acidez, en ciertos productos que se utilizan en los blanqueamientos o en los ácidos gástricos. En este sentido, es frecuente encontrar casos de sensibilidad dental puntual en enfermos de bulimia o en mujeres embarazadas que manifiestan vómitos recurrentes durante el período de gestación.
  • Por último, ciertos procesos odontológicos como la ortodoncia pueden ser la causa de la recesión gingival o de encías que, a su vez, desembocaría en la sensibilidad.

Existe la falsa creencia de que otros procedimientos, como la limpieza bucodental o el tratamiento periodontal también provocan la pérdida de encías y, por tanto, hipersensibilidad. En este punto es preciso aclarar que el causante de la sensibilidad es el sarro acumulado en el cuello de los dientes que, tras su eliminación por parte del odontólogo, puede dejar al descubierto la zona cervical.
 
 Fuente: webconsultas.com

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