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Resuelve tus dudas sobre técnicas y tratamientos dentales de la mano del internacionalmente reconocido Dr. Alberto Meriñán Sebastián.







Running: ¿cómo afecta a la salud bucodental?
Al hablar de la práctica del ‘running’ es frecuente pensar en patologías musculares, sobre todo en las extremidades inferiores, pero la boca es otro de los puntos a tener en cuenta
Los corredores no son los deportistas que más padecen, a primera vista, muchos traumatismos faciales; sin embargo, sí que son frecuentes los traumatismos dentales, especialmente en las carreras de montaña, tan de moda en los últimos tiempos. Lo más habitual en estos corredores es sufrir impactos de intensidad leve-moderada que pueden originar fracturas en las piezas que serán tratadas por los odontólogos en la mayoría de los casos.
Cuando una persona sufre un golpe en la boca que provoque la avulsión o salida completa de la pieza dental (corona y raíz enteras), debe reimplantarla de forma urgente. Existe una relación exponencial entre el tiempo que se tarda en recolocar la pieza dental en el alveolo dentario y la posibilidad de que vuelva a tener estabilidad futura en el hueso. Esto se debe hacer lavando el diente con agua o leche y cogiéndolo por la corona sin manipular la raíz en exceso, para después introducirlo en su alveolo. Si el dolor o la situación de estrés del momento lo impiden, se debe colocar el diente debajo de la lengua o, como tercera opción, se meterá en un recipiente con agua o leche. Acto seguido, el corredor accidentado debe acudir a un centro sanitario donde exista un especialista en cirugía maxilofacial o a un odontólogo, para así tratar de estabilizar la zona mediante diferentes dispositivos.
‘Running, la gran obsesión’
El entrenamiento también puede causar dolores de cabeza o cefaleas en personas predispuestas. Algunas pueden tener relación con componentes nerviosos y vasculares de tipo migrañoso. En estos casos, especialmente en épocas de sol, es fundamental tratar de correr con protección, mediante el uso de gafas y gorra, ya que, al exponernos de manera directa en la cabeza, el sol produce un efecto vasodilatador.
Un segundo tipo de cefaleas que son frecuentes en corredores son las asociadas a las contracturas musculares al apretar los dientes. De la misma manera que algunos pacientes utilizan las famosas férulas de descarga (dispositivos intraorales a modo de mordedores especiales, con un perfil menor a los protectores dentales clásicamente utilizados en los deportes de contacto), desde hace unos años se ha popularizado el uso de dispositivos similares en los entrenamientos y en las carreras. Estas férulas disminuyen la tensión que ejercen los músculos faciales masetero y temporal sobre la mandíbula y la articulación temporomandibular. Una de las ventajas teóricas añadidas es que además, en determinados pacientes, pueden ayudar a aumentar el espacio por donde pasa el aire al propulsar la mandíbula hacia delante, concepto utilizado en alguna enfermedad como el síndrome de apnea-hipopnea del sueño.
Entre los corredores son frecuentes las cefaleas asociadas a contracturas musculares por apretar los dientes.
Sin embargo, el especialista debe ser capaz de seleccionar de manera correcta las personas que se pueden beneficiar de estos dispositivos, pues también pueden limitar la entrada de aire y forzar la articulación en pacientes con unas características diferentes.
Estas consideraciones son, por tanto, fundamentales, ya que la correcta entrada de aire es uno de los aspectos más importantes que marcarán la diferencia en la carrera. Entre otras ventajas, pueden ayudar a hacer desaparecer el flato que tanto hace sufrir a los corredores. Para ello, también se puede trabajar el concepto de la respiración asimétrica como patrón respiratorio, que consiste en tomar y soltar el aire en un número diferente de pasos, siguiendo un patrón 2:3, 3:2, 1:2, etc… Esta práctica permite disminuir, e incluso hacer desaparecer, el famoso flato y los tan frecuentes dolores musculares en los isquiotibiales. Antes de hacerlo durante la carrera, es recomendable comenzar a practicarlo mientras se camina.
 
Fuente: elconfidencial.com
 
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Existen pocas situaciones más incómodas que mantener una conversación con alguien a quien le apesta el aliento. Esta tesitura resulta desagradable para el oyente, por causas obvias, y para el hablante, que al darse cuenta de que el otro ha “olfateado” su problema, empieza a ponerse nervioso, y lo peor es que no se siente abochornado e inseguro solo ante la persona que tiene enfrente, sino en todas sus relaciones: afectivas, sociales y laborales. Efectivamente, según datos divulgados por la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA), el 30% de la población adulta padece o ha padecido halitosis en alguna ocasión y, tal y como comentábamos, esta condición acarrea consecuencias por las posibles implicaciones de salud, pero también porque afecta al individuo que la padece a nivel psicológico.

El plan de acción para combatirla es el siguiente:

1. Acuda al dentista, quien le remitirá al especialista adecuado.
2. Sométase al tratamiento que le proponga su endocrino, otorrino o médico digestivo (esto, según la SEPA, sucede en poquísimas ocasiones, ya que en el 90% de los casos el problema no trasciende de la clínica dental).
3 Evite el consumo de alimentos ricos en grasa, ajo, picante, cebolla o alcohol.
4. Frote su lengua durante el cepillado. 5. Apóyese en productos naturales, como las hojas de menta o el té verde.
“Hay que tratar la halitosis de inmediato, en cuanto una persona lleva cuatro o cinco días con mal aliento, para evitar males mayores”, recomienda la odontóloga experta en halitosis Laiqi Xiang, de la Clínica Core, de Madrid, y miembro activo de la Asociación Internacional para la Investigación del Aliento (IABR). “Para ello, el primer paso radica en acudir a un dentista, pero no a un dentista cualquiera, sino a uno que tenga formación específica en este campo, que aplique los protocolos de actuación aceptados internacionalmente y que disponga de los medios tecnológicos adecuados para diagnosticar y tratar el mal aliento (cromatógrafos, dispositivos de análisis bacterianos, etc.). Solo si reúne estas condiciones podrá localizar el agente etiológico y derivarnos al especialista que sea oportuno para tratarlo pertinentemente”, continúa la doctora Xiang.

Ojo con la dieta y la higiene bucal

Existen infinidad de causas que originan halitosis: el ayuno prolongado, la obstrucción nasal, la sinusitis, diversas enfermedades metabólicas, el consumo de alcohol, el tabaco, el abuso de una dieta hiperproteica… Curiosamente, y al contrario de la creencia popular, las halitosis de origen gastrointestinal representan un porcentaje mínimo del total, mientras que las originadas por causas orales (depósitos bacterianos en la lengua, sequedad bucal, infecciones orales…) suponen más del 90%, según los expertos consultados. En cualquier caso, el mal olor siempre es más desagradable al despertarnos por la mañana, por una razón muy sencilla: el flujo salival disminuye durante la noche y las bacterias han tenido muchas horas para multiplicarse libremente por la lengua y por toda la cavidad bucal (cuando se produce más saliva, estas se resbalan y no se adhieren con tanta facilidad).
Dependiendo de la dolencia que causa nuestra halitosis deberemos ser tratados por el endocrino, el otorrino, el experto en aparato digestivo o el mismo dentista, pero en cualquier circunstancia, mientras el tratamiento surte efecto, es conveniente tomar medidas que nos ayuden a tener un aliento más fresco. La SEPA recomienda dos básicas: la primera, reducir o evitar el consumo de alimentos ricos en grasa, ajo, cebolla, picantes y alcohol; y la segunda, acostumbrarnos a mantener una buena higiene oral. Esto implica que, además de lavarnos muy bien los dientes, incluyamos en nuestro cepillado las zonas interdentales y la lengua por arriba y por abajo. Para lograr que el proceso de higiene bucal sea más efectivo, los expertos de dicha sociedad aconsejan el uso de cepillos y dentífricos de calidad, cepillitos interproximales, hilo dental, limpiador lingual y colutorios. “Los colutorios no resultan efectivos como terapia”, aclara la doctora Laiqi Xiang, “pero sí son relativamente útiles en tratamientos específicos. Por ejemplo, los que en su composición llevan clorhexidina ayudan a solucionar los problemas de encías y los que contienen sales de zinc favorecen la eliminación de la placa bacteriana. Sin embargo, los que cuentan con una cantidad muy elevada de alcohol pueden provocar sequedad bucal y empeorar la halitosis. Por eso, para no equivocarnos con nuestro colutorio, siempre debemos elegir el que nos prescriba el especialista. Y aun así, no hay que olvidar que su efecto es transitorio y que pasado su periodo de acción, que suele durar entre 30 minutos y dos horas, el mal aliento reaparecerá si la causa que lo origina continúa existiendo”.

Un termo de té verde

Además de los consejos anteriores y del tratamiento específico del especialista de turno, hay prácticas naturales a las que podemos recurrir para enmascarar el mal aliento. Por ejemplo: “Es recomendable frotar la lengua con hojas de menta (así eliminamos la película bacteriana depositada en la superficie lingual), masticar hojas de perejil (la mayor producción salival y el olor tan intenso de esta planta ayudan a eliminar el mal olor) y tomar infusiones de té verde”, indica la especialista. ¿Y por qué esa tipología? Porque así lo sugiere un estudio de la Universidad British Columbia (Vancouver, Canadá), recogido en La Revista Científica del Ilustre Consejo de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos de España (RCOE). Según dicha investigación, estas infusiones disminuyen de forma asombrosa la concentración de sustancias en descomposición de la boca, además de ejercer un poderoso efecto desodorante. “En ningún, caso podemos dejar que la halitosis dificulte nuestra vida cotidiana”, concluye la doctora Laiqi Xiang. Siempre hay solución.
 
Fuente: elpais.com
 
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¿Has sentido molestias en los dientes al beber algo frío o al comerte un helado este verano? ¿Te duele cuando te cepillas los dientes o usas el hilo dental? No hay duda, tus síntomas son el reflejo de un problema de sensibilidad dental, un dolor transitorio provocado por la exposición de la dentina a estímulos externos como cambios de temperatura, tomar bebidas y alimentos ácidos , cepillarse los dientes demasiado fuerte o rechinar los dientes, entre otros.
Si la sensibilidad dental no se trata, impide llevar a cabo una correcta higiene bucal y puede derivar en otras patologías como caries y problemas de encías. Para prevenir los síntomas, toma nota de este decálogo de consejos:
Es recomendable cepillarse los dientes con un cepillo de filamentos suaves con extremos redondeados y superficie lisa para prevenir la abrasión del esmalte y la retracción de encías.
Utiliza un gel o una pasta poco abrasiva, usar seda dental para los espacios entre los dientes más cerrados, utiliza un limpiador lingual y cambiar el cepillo cada tres meses.
Evita abusar de alimentos ácidos que pueden desgastar el esmalte del diente, como zumos de frutas, vino, aliños de ensaladas con vinagre y refrescos.
Evita los cambios bruscos de temperatura en las comidas y bebidas.
No introduzcas objetos extraños en la boca que provoquen desgaste en los dientes, como lápices, bolígrafos, agujas…
Utiliza dentífricos y enjuagues bucales especialmente diseñados para ayudar a reducir la sensibilidad dental. Además de aliviar las molestias de los dientes, ayudan a reforzar el esmalte.
En algunos casos el dentista recomienda aplicar un barniz de flúor para proteger tu dentadura. Este método reduce la sensibilidad temporalmente, además de fortalecer los dientes.
En el caso de la sensibilidad provocada por el bruxismo, el tratamiento más efectivo es utilizar una férula nocturna durante las horas de sueño que proteja los dientes del contacto.
Cambia tus malos hábitos. Un ejemplo de ello es utilizar los dientes para un indebido, como para cortar determinados hilos o abrir algún envase.
Si las molestias continúan y se acentúan, es importante acudir al dentista para descartar problemas más graves que puedan derivan en afecciones bucales severas.
 
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