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ACTUALIDAD DENTAL

Resuelve tus dudas sobre técnicas y tratamientos dentales de la mano del internacionalmente reconocido Dr. Alberto Meriñán Sebastián.







Los adornos en la dentadura están de moda. Desde hace unos años, hemos visto cómo algunos referentes del mundo del espectáculo se han lanzado a esta tendencia estética en apariencia inofensiva. Sin embargo, las repercusiones que puede producir en nuestra salud bucodental son múltiples e incluso de gravedad, por lo que debemos tener en cuenta a qué nos exponemos realmente.
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Los grillz dentales se hicieron populares en los años 80 y son uno de los adornos que hemos visto lucir últimamente a varias estrellas. Se trata de unas cubiertas que se sitúan sobre los incisivos y que están hechas de distintos materiales, como metal, oro o incluso piedras preciosas. A pesar de que son “de quita y pon”, pueden ocasionar problemas como caries dentales, roturas de los dientes, pérdida de esmalte, aumento de la sensibilidad dental e incluso enfermedad periodontal.
Otro de las tendencias dentales que se han visto en los últimos años es el “tateeth”, o lo que es lo mismo: tatuajes sobre el diente. Existen dos categorías. Los temporales son diseños que se imprimen sobre unas pegatinas que el odontólogo adhiere al diente, y que suelen durar en torno a 15 días. En cambio los permanentes, hechos con porcelana, se imprimen sobre carillas, fundas o implantes y se hornea a más de 200 grados para asegurar que no se borre con el cepillado diario. Si no se nos realiza adecuadamente se puede dañar el esmalte original, donde por cierto nunca debe realizarse directamente. Como consecuencia puede haber pérdida de esmalte, sobreexposición de la dentina y aumento de la sensibilidad dental, entre otras consecuencias negativas.
Y no nos olvidamos de los piercings dentales, que ya llevan más años popularizados entre los jóvenes. Entrarían tanto los pendientes en la lengua o el frenillo de la encía como las pequeñas incrustaciones en los dientes. Como acarrea una mayor dificultad de limpieza, las personas que los usan tienen una mayor propensión a la acumulación de bacterias, alitosis e infecciones de las encías. Además, pueden provocar erosión y fractura dental y otros daños colaterales que pueden afectar a distintas partes del cuerpo, como el sistema digestivo.
 
Fuente: vivirmasymejor.elmundo.es

 
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Algunas de las marcas de agua embotellada que se comercializan son peligrosas. Su composición química podría no ser la que se recomienda para la salud, hasta el punto de ser más dañinas que el agua del grifo y de deteriorar el esmalte de los dientes.
Se recomienda que el agua que consumimos tenga el pH neutro. El pH, el nivel de acidez o alcalinidad del agua, puede ser perjudicial para la salud si es muy alto o si es muy bajo. La escala para calcular este nivel oscila entre el 0 y el 14, y se considera como neutro el pH 7.
Por este motivo, muchos son los que prefieren beber agua embotellada. Se considera, en teoría, que garantiza un pH de 7.
Nada más lejos de la realidad. Desde hace tiempo por la red circulan vídeos en los que la gente comprueba la alcalinidad y la acidez de varias marcas de agua embotellada. Los resultados no podrían ser menos halagüeños. Desde el Daily Mail alertan, por ejemplo, de que solo apenas cuatro de nueve marcas de agua embotellada tienen un nivel de pH normal. Otros vídeos vierten conclusiones parecidas.
Un problema que afecta a los dientes
Beber agua con un alto nivel de acidez daña el esmalte de los dientes, alerta el doctor Eunjung Jo en Daily Mail.
“Nuestro esmalte empieza a erosionarse con un nivel de pH de 5,5, así que es mejor evitar las bebidas con un nivel de pH inferior a 5,5″.
El daño es mayor si se bebe durante más tiempo, en otras palabras, beber esa taza de café durante tres horas es más perjudicial que beberla en media hora.
“Cuanto más largos son los sorbos y más tiempo se queda en la boca, más perjudicial”, alertan desde el rotativo.
Además, el agua embotellada no tiene flúor, un componente beneficioso para el esmalte dental y que sí está presente en el agua del grifo. Quienes solo consumen agua embotellada, pueden usar pastas de diente fluoradas para compensar.
Los expertos consultados por Daily Mail recomiendan, por tanto, encontrar el equilibro entre consumir ambos tipos de agua. No hay razón para evitar el agua del grifo. “Es del todo saludable”, indican.
 
Fuente: mundo.sputniknews.com
 
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La obsesión por tener los dientes blancos o blancorexia, que impulsa a las personas a realizarse tratamientos de blanqueamiento dental frecuentes y sin control médico, puede afectar negativamente a la salud oral.
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A todo el mundo le gusta lucir una sonrisa radiante porque unos dientes sanos, blancos, y correctamente dispuestos, contribuyen a dar armonía al rostro y aumentan el atractivo de una persona. Quizás por eso en los últimos años los dentistas han observado que se ha producido un significativo aumento en la demanda de tratamientos estéticos como el blanqueamiento dental.
Pero si este deseo se convierte en una obsesión por tener los dientes blancos, lo que se conoce como blancorexia, y se abusa de estos tratamientos –lo normal es realizarse uno cada cinco o seis años– o, lo que es peor, se utilizan sustancias blanqueantes sin supervisión profesional, se puede llegar a perjudicar la salud bucodental.
El blanco no es el color natural de los dientes, afirman los expertos, sino que este se asemeja más a un tono marfil y, además, está condicionado por aspectos genéticos y hábitos de alimentación e, incluso, por el consumo de ciertos medicamentos. Los tratamientos aclaran el tono, pero no siempre se puede conseguir el blanco que demandan algunos pacientes.
Las personas con blancorexia, obsesionadas por tener la sonrisa perfecta de los famosos y los modelos publicitarios, suelen recurrir a productos que se comercializan en farmacias, parafarmacias y supermercados, y hacerse los tratamientos por su cuenta, con mayor frecuencia de la recomendable, y sin supervisión especializada. Este trastorno, que afecta a ambos sexos, requiere atención psicológica, como ocurre con otro tipo de obsesiones o manías.

Riesgos del blanqueamiento sin control

Aplicarse tratamientos para blanquearse los dientes sin control puede afectar negativamente a la salud bucodental y, según advierten los dentistas, provocar efectos secundarios como grietas, hipersensibilidad dental, o lesiones en la pulpa dentaria que pueden incluso causar la muerte y pérdida del diente por una necrosis pulpar.
El blanqueamiento dental es una técnica que tiene que ser realizada por profesionales, que son los que están cualificados para determinar si una persona tiene una buena salud oral, y cuál es el tratamiento más adecuado y menos invasivo en cada caso, ya que las sustancias químicas que contienen los blanqueantes pueden irritar las encías o dañar el esmalte, y es necesario dejar pasar un tiempo entre un tratamiento y el siguiente.
Para realizar el blanqueamiento el especialista tiene que aumentar la porosidad de los dientes para que ciertas sustancias penetren en su interior, y se protegen las encías del paciente, ya que algunos de los productos utilizados, como el peróxido de hidrógeno o de carbamida, pueden resultar tóxicos a determinadas dosis, y dañar dientes y encías.
En las clínicas odontológicas se emplean, además, técnicas como el láser o el blanqueamiento por luz fría con el fin de activar las sustancias que se aplican sobre la dentadura, y el tratamiento se combina con el uso de productos en el domicilio, siempre bajo la supervisión del especialista, lo que resulta más eficaz y evita efectos secundarios indeseados.

Fuente: webconsultas.com

 
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El refresco es el peor enemigo de nuestra sonrisa: silente, invisible, nos acecha día y noche. No vemos el ataque y, sin embargo, cada mañana al despertar nuestro diente desaparece un poco más. Es el terrorífico guión de lo que el desgaste dental está haciendo ahora mismo en su boca. El estrés tiene bastante que ver: además de fatiga, dolor de cabeza, molestias gástricas, tensión muscular… provoca bruxismo y cambios en el pH de la boca que, como mal menor, hacen que sus dientes cambien de color. Veamos qué es, cómo prevenirlo y qué tratamientos corrigen sus consecuencias.
Las alarmas han saltado. Que los dientes se desgastaran era hasta ahora un achaque de la edad, pero hoy se ve demasiado frecuentemente en jóvenes, por lo que hay que frenarlo cuanto antes. La expectativa de vida crece y tenemos que conseguir una dentición sana, bonita y funcional durante más años. Y es que nadie está a salvo: tres de cada cinco adultos padecen este desgaste, aunque vivan relajadamente o se laven los dientes con fruición, a lo que también hay que añador el estrés, la dieta, el estilo de vida y ciertas intolerancias y trastornos alimenticios.

¿Qué ocurre exactamente cuando tomamos un refresco?

Primero se come el esmalte hasta que llega a la dentina, produciendo sensibilidad. Provoca pérdida de altura de los dientes, en longitud y volumen, haciendo que la sonrisa se retraiga marcando arrugas peribucales (la sintomatología de Popeye) y horizontales sobre el labio superior e inferior. Además de limitaciones funcionales por problemas en la oclusión, la relación entre dientes superiores e inferiores puede derivar en molestias musculares en la cara, cuello y espalda. La dificultad de detectarlo e interceptarlo mediante prevención es fundamental, ya que en determinados casos se produce de una manera lenta y puede pasar desapercibida tanto para el paciente como para el dentista. Cada milímetro de longitud de diente que perdemos nos hace envejecer diez años.

De nuevo, el estrés

Cuánto puede afectarle el desgaste dental depende de la estructura genética de su diente, del tipo de agresión y de su capacidad de defensa. Hasta ahora se creía que, sobre todo, era un ataque físico: el que causa el bruxismo. Pero utilizar una férula de descarga solo evita uno de los problemas, ya que en el desgaste dental es casi más importante cómo afecta el pH de la boca, según se demuestra en los último sestudios. Hoy sabemos que, sobre todo, lo originan causas químicas. Internas, por los ácidos del reflujo gastroesofágico, que afecta al 60% en algún momento de su vida, y los que provocan ciertos trastornos de la alimentación o intolerancias alimentarias que cursan vómitos.
El estrés, no desayunar lo que debemos, abrir latas de refrescos sin parar o creernos deportistas de élite; así como seguir a pies juntillas todas las tonterías que dicen las celebridades en Internet (como beber agua con limón, en ayunas o no, o hacer del vinagre de manzana el nuevo elixir antigrasa), son algunas de las causas que llaman externas o medioambientales. Pero, ¿quién no toma un zumo de naranja por la mañana? ¿Y cuántos están limitando los lácteos? Bebidas isotónicas, carbonatadas, colas… Todas ellas contienen ácido cítrico que provoca un descenso en el pH de la boca y acelera el desgaste.

Bebidas que cambian el pH de su boca

Correr a por su cepillo de dientes mientras apura las últimas gotas del zumo o su refresco favorito es aún peor: No sabemos por qué nadie dice que después de tomar una bebida ácida, como el jugo de cítricos del desayuno, hay que esperar al menos 20 minutos antes de lavarse los dientes para no frotar el ácido contra el diente haciendo que se desgaste aún más. Otra recomendación de los especialistas es que si no podemos evitar las bebidas gaseosas, mejor tomar a la vez alimentos. Y si queremos aromatizar la ensalada con limón, poner unas rodajas impregnadas en aceite.
Las bacterias que viven en nuestra boca también atacan. El desgaste por erosión ácida puede provenir de la gran cantidad de bacterias que viven en su interior. Bien por falta de mantenimiento o hábitos, hay veces que las bacterias se descontrolan haciendo que los dientes pierdan hueso sin parar.
La medicación es otra de las amenazas. No solo hablamos de las tetraciclinas, que sabemos que tiñen los dientes, sino que tomar más de tres medicamentos al día hace que nuestras glándulas salivales pierdan la capacidad de proteger nuestro esmalte.

La importancia de la saliva

Cada día se produce una sucesión de agresiones que, si superan los mecanismos de defensa del diente, pueden desencadenar un deterioro precoz que conduzca a la destrucción de la dentición. Empezando por el esmalte, responsable de la dureza, la resistencia y el color.
La saliva es la primera línea de defensa de la boca. Un sistema natural que nos provee de protección, lubricación, humectación, capacidad antimicrobiana, remineralización… Arrastra las bacterias y lubrica las superficies en los constantes movimientos de los dientes. Traducido, la saliva nos protege de sufrir daños ante gestos tan comunes como machacar las tapas de los bolígrafos o abrir botes con las muelas; de que no rayemos los dientes al mordisquear muslos de pollo o costillas; hace de aduana de la fauna (bacteriana) que entra con los besos ajenos y trata de compensar una relativa higiene.

Qué se puede hacer

Como medidas de prevención, combatir el bruxismo diurno con la risa y el nocturno con férulas (miorrelajantes, de descarga o Michigan); comer mientras beba refrescos, zumo de naranja o limón, café o vino; mejorar la higiene y utilizar aceite de oliva para combatir bacterias (el aceite impide que el estreptococo mutans desencadene erosión o desmineralización) y vigilar que la producción de saliva no decaiga (durmiendo con la boca abierta o abusando del alcohol). Si se detecta pronto, la solución pasa por remineralizar el diente (y combatir las causas que lo provocan). Existen tipos de flúor de alta concentración o barnices de flúor que sellan bien. En casa toca cepillarse con pastas remineralizantes y enjuagarse con colutorios que lleven flúor. También se pueden aplicar geles que cubren los dientes con un aceite, ayudando a que los ácidos no viajen bien por la superficie. Y si llegan tarde, siempre quedarán las carillas.

Fuentes: elpais.com

 
 
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Es verdad que algunos de los síntomas asociados al embarazo, especialmente en el primer trimestre, pueden debilitar el esmalte dental, pero eso que se suele decir de que cada hijo «cuesta un diente», no es cierto. Hoy repasamos algunas de las verdades y mentiras sobre la salud de los dientes durante el embarazo:

VERDADERO. En el embarazo se pueden producir dolor, inflamación o un sangrado al cepillarse, síntomas principales de la gingivitis. Cualquier persona puede sufrir de enfermedades gingivales, pero las embarazadas a veces tienen más posibilidades debido a los cambios hormonales.

FALSO. El dicho «cada hijo me costó un diente». Es un dicho popular que no tiene ningún fundamento si se mantiene una correcta higiene bucal y revisiones periódicas.

VERDADERO. Los vómitos provocan erosión del esmalte, haciéndolo más susceptible a las caries.

FALSO. El bebé obtiene el calcio de los dientes de la madre. El bebé necesita mucho calcio para generar su propio esqueleto, pero éste proviene fundamentalmente de los huesos y no de los dientes. Es aquí donde entran en juego los meticulosos cuidados prentales que tienen que ver con la alimentación de la embarazada. Para no ‘robarle’ calcio a los huesos de la mamá, es importante incrementar el consumo de este mineral, lo mismo que el de proteínas.

FALSO. Durante el embarazo no se deben hacer tratamientos dentales ni recibir anestesias para evitar lesiones o problemas en el feto. Aunque hay que tener más cuidado durante el primer trimestre, durante el resto del embarazo no sólo es posible ir al dentista sino además recomendable, precisamente para evitar los problemas mencionados antes. A veces es posible incluso utilizar algunas anestesias, como las anestesias sin vasoconstrictor en el segundo trimestre, o las radiografías digitales.

VERDADERO. Es posible tener mal sabor de boca o aliento, debido a las malas digestiones, el ardor de estómago, los vómitos o los cambios en la composición de la saliva. También la sequedad en la boca o exceso de salivación, efectos menos probables pero que pueden ocurrir en el primer trimestre del embarazo.

CUÁNDO IR AL DENTISTA

Si notamos las encías sensibles, hinchadas o enrojecidas, si los dientes sangran con facilidad durante el cepillado o si no podemos eliminar el mal aliento y el mal sabor de boca. También hay que tener cuidado de cepillarse entre horas y más a menudo de las dos veces diarias recomendadas, sobre todo si se comen alimentos y bebidas azucarados o los consabidos antojos, usando siempre pasta fluorada y un cepillo pequeño para evitar las náuseas. Se puede complementar este cuidado con hilo dental y cepillos interproximales: para aprender a usarlos, mejor visitar al dentista y comprobar si se necesita un complemento adicional para la higiene bucal durante el embarazo.

 

Fuente: hola.com

 
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