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Resuelve tus dudas sobre técnicas y tratamientos dentales de la mano del internacionalmente reconocido Dr. Alberto Meriñán Sebastián.







La pérdida de dientes por traumatismo se da con más frecuencia en niños que en adultos. Distinguiremos entre dos situaciones de pérdida de pieza dental o avulsión: cuando el diente caído por traumatismo es de leche, o cuando se trata de una pieza dental definitiva.

A) Se caído un diente de leche

Nunca se reimplanta un diente de leche, ya que puede generar complicaciones posteriores en el germen del diente permanente, infecciones, etc.

Habitualmente no hay más consecuencias, salvo lo aparatoso del incidente: dolor y sangrado. Evitar que el niño escupa, para ayudar a que cicatrice, y en caso necesario aplicar y comprimir con gasa estéril.

Es conveniente llevar al niño al dentista cuanto antes, si:
  • Se sospecha que el diente no ha salido entero, y queda algún trozo en la encía: fractura coronal.
  • El diente se ha hundido en el hueso: intrusión.
  • El diente ha salido de su alvéolo parcialmente y dificulta la mordida con dolor: extrusión.

B) El diente caído no es de leche, es definitivo

Lamentablemente ya no tenemos recambio natural para un diente permanente, así que intentaremos conservarlo para encajarlo en su sitio cuanto antes. El tiempo es crucial para que el reimplante tenga éxito.

1 Conservar la calma y recoger el diente, sujetándolo por la corona, no tocar la raíz.

2 Lavarlo con suero fisiológico o, en su defecto, agua. No frotar, ni cepillar ni usar jabón.

3 Intentar colocar el diente en su sitio. En la posición correcta, el encaje debería ser perfecto. Acudir rápidamente al dentista.

4 Si no es posible recolocarlo, el diente se puede transportar en un vaso lleno de leche (mejor entera que desnatada), un vaso con suero fisiológico o, como última opción, dentro de la boca junto al carrillo.

5 Acudir a la clínica dental enseguida, a ser posible que no transcurra más de una hora: insistimos en que el tiempo es el factor más importante para que funcione el reimplante del diente.

El mejor tratamiento es la prevención, pide cita con nosotros en Deltadent y te haremos una revisión completa de manera gratuita.
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La luxación de mandíbula es un problema que se puede presentar de forma imprevista, y lo indicado es acudir al especialista cuanto antes, ya que además de resultar doloroso, puede derivar en mayores complicaciones, si no se trata.

Mandíbula

La mandíbula o maxilar inferior, se une con los huesos temporales del cráneo mediante la articulación temporomandibular o ATM. La mandíbula cuenta con dos articulaciones, una en cada extremo de la “herradura”.
Esta articulación está formada por un extremo convexo del hueso (cóndilo), a modo de bola, que encaja en otra parte cóncava del cráneo. Es similar a las articulaciones de la cadera, hombro o rodilla, y se encuentra en la parte inferior del oído.
La principal característica de esta articulación, es la amplia variedad de movimientos que permite (de arriba hacia abajo, lateral y delante hacia atrás –protrusión–) y para ello cuenta con numerosos ligamentos, desde los largos y gruesos que parten de la base del cráneo, hasta los frenos meniscales, que limitan el recorrido del menisco, y devuelven la mandíbula a la posición de reposo.

Síntomas de la luxación de mandíbula

Dolor, inflamación, chasquido al mover, dificultad para abrir la boca o movimiento lateral, bloqueo y desalineación de los dientes. En un grado superior, imposibilidad de cerrar la boca

Causas

Pueden ser variadas: traumatismos, apertura forzada de la boca, alineación dental defectuosa, bruxismo… que pueden tener origen en movimientos bruscos, dentaduras postizas mal alineadas, o enfermedades como artritis o fibromialgia.

Diagnóstico

El odontólogo examinará el movimiento del maxilar mediante pruebas y palpación, y hará una observación radiológica en caso de ser necesaria.

Tratamiento

Generalmente, la mandíbula se puede recolocar en la clínica, siempre contando con la relajación del paciente. Si fuera necesario, se suministrarán relajantes o antiinflamatorios. En casos más agudos, puede ser necesaria la tracción o sujeción mediante gomas elásticas, o incluso cirugía.
Cambiar de hábitos en la alimentación, aprender a gestionar el estrés, cuidar nuestra higiene postural, pueden ser medidas indicadas en caso de que el problema se reproduzca con frecuencia.



Las aftas o llagas se manifiestan en la mucosa bucal; interior de las mejillas, encías, paladar o lengua, en forma de pequeñas llagas blancas o amarillentas, rodeadas por una zona enrojecida.

¿Aftas o herpes labial?

Las aftas no son contagiosas, pero se las suele confundir con el herpes labial, causado por el virus del herpes. La diferencia es que, mientras las aftas aparecen en el interior de la boca, el herpes –también llamado ampollas de fiebre o herpes simplex– lo hace en el exterior –alrededor de los labios, bajo la nariz o en mentón– y es contagioso, de origen vírico.
La primera infección por herpes se suele producir en la infancia, sin síntomas o confundido con otra dolencia como gripe o resfriado. De adulto, este virus se puede manifestar de forma recurrente o permanecer inactivo.

Causas del afta

No está claro el origen exacto de esta dolencia, pero la aparición de aftas se relaciona con déficit de vitaminas, estrés, tabaquismo, traumatismos –mordeduras accidentales– algunos medicamentos como antibióticos, cambios hormonales o predisposición genética, entre otros.
Algunos dentífricos o enjuagues bucales contienen sustancias que pueden provocar la aparición de aftas, así como un cepillado agresivo con un cepillo de cerdas excesivamente duras.

Consejos para tratar y prevenir las aftas

Habitualmente desaparecen solas, pero si persisten durante varias semanas, es conveniente acudir al médico para prevenir otras enfermedades. No está de más seguir unas sencillas pautas para aliviar los síntomas:
Evitar picantes, alimentos ácidos y bebidas muy calientes.
Enjuagues con agua y sal, o agua y bicarbonato.
Dieta equilibrada con aporte de ácido fólico –verduras de hoja verde, legumbres–, vitamina B –carnes, mariscos, lácteos, huevos, cereales– y hierro –carnes rojas, frutos secos–.
Higiene adecuada con cepillo no excesivamente duro, evitando un cepillado agresivo.

 


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