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Resuelve tus dudas sobre técnicas y tratamientos dentales de la mano del internacionalmente reconocido Dr. Alberto Meriñán Sebastián.







La saliva es un líquido que no tiene color, no huele, es insípido y un poco espumoso. Básicamente está constituido por agua, pero este líquido tiene una importancia vital dentro de nuestra salud bucodental.
La principal función del líquido salival responde en cuanto a protección se refiere. Este actúa sobre la microflora, y ejerce de forma simultánea efectos tanto antimicrobianos como nutricionales (estimulando su crecimiento). Es decir, que excluye agentes patógenos, mantiene la flora normal, aporta los nutrientes necesarios y controla el pH bucal. Todas estas funciones son fundamentales en nuestra boca a la hora de prevenir todo tipo de enfermedades.
La gran mayoría de avances que se han producido en la historia de la humanidad, tanto de carácter científico como técnico y tecnológico han sido conseguido gracias a observar el funcionamiento de todos los seres vivos presentes desde hace millones de años. Naturalmente, en el terreno de la medicina, por ejemplo, una gran multitud de avances en la curación de patologías han sido logrados después de que se imitaran remedios naturales que existían ya en la propia naturaleza.
Es por este motivo por lo que resulta muy importante el siempre tener presente que el cuerpo humano dispone de sus propias “medicinas”, que en muchos casos pueden bastar a la hora de afrontar una patología.
La saliva no es diferente en este aspecto, y es que este fluido orgánico que nos acompaña durante todo el transcurso de la vida se encarga de cumplir diversas funciones en la cavidad oral, y una de estas es la de proteger la cavidad oral y las piezas dentales ante posibles infecciones. Además de esto, también está encargada de reducir el riesgo de padecer patologías como la caries dental.
Se calcula que una persona normal, a lo largo de un día puede producir entre 1 y 1’5 litros de saliva; esta cantidad tiende a disminuir con el paso de la edad en el paciente, por lo que puede llegar a ser una causa directa para la proliferación de patologías relacionadas con la cavidad oral.

La función de la saliva contra las enfermedades

Existen algunos alimentos que pueden estimular la producción de saliva. Esto es importante tenerlo en cuenta en caso de que suframos enfermedades como el Síndrome de la Boca Seca, ya que la xerostomía está caracterizada por la falta o disminución de saliva, con lo cual podríamos tener enfermedades relacionadas con la falta de la misma. La saliva se encarga de lavar aquellos residuos que permanecen en nuestra boca, y actúa como un amortiguador frente a los altos niveles de acidez, ayudando a la remineralización de los dientes cuando están rodeados de ácidos.
Existen algunos estudios realizados por odontólogos que ha demostrado que la saliva posee una vital importancia en el campo de la prevención de la caries dental. Este drástico aumento de lesiones de etiología cariosa en los individuos con un flujo salival reducido debido al empleo de ciertos medicamentos u otras razones, es la muestra más evidente. En este tipo de casos podemos observar con frecuencia la destrucción completa de la dentición en un lapso muy corto de tiempo.
Pero la saliva no sólo resulta de importancia en la prevención de la caries, sino que también juega un papel determinante cuando ya se ha desarrollado la lesión inicial, durante el proceso de remineralización.
Al mejorar nuestra higiene bucodental e incrementar el uso de agentes que posean flúor, la saliva también lo tiene más fácil para lograr hacer llegar sus sales minerales a las piezas dentales, evitando de esta manera la pérdida del tejido dentario.
 

¿Cómo funciona la saliva?

El líquido que nos ocupa ayuda a cumplir una gran parte de las funciones de la cavidad oral, y como comentábamos con anterioridad, está compuesta en un 99% por agua. La saliva está segregada por las glándulas salivares de la boca, como respuesta a un reflejo nervioso complejo que está relacionado con otra gran multitud de aspectos. Pasemos a explicar de qué está compuesta y cuáles son sus funciones.
Como comentábamos anteriormente, la saliva es segregada por las glándulas salivales, estas se encuentran distribuidas por toda la boca. Existen algunas mayores y menores, y hay tres pares de las primeras (patótidas, sublinguales y submaxilares) y más de 600 de las menores que están repartidas a lo largo de la mucosa oral.
Este líquido tiene entre su composición algunos componentes orgánicos y componentes inorgánicos. Los componentes orgánicos son las proteínas, las glucoproteínas, las inmunoglobinas y las enzimas, mientras que entre los componentes de origen inorgánico incluyen el bicarbonato y el fosfato, encargados de neutralizar los ácidos causantes de. La caries. La saliva, junto con otros elementos como la secreción gingival o las partículas de alimentos forman en conjunto un líquido conocido como el fluido oral, que se encarga de la creación del bolo alimenticio y protege las estructuras orales.
Las funciones de la saliva son muy variadas en nuestra cavidad oral. En primer lugar, es una de las responsables de proteger la cavidad oral, además de controlar el pH de la boca, facilitar la creación del bolo alimenticio y ayudar en el proceso digestivo.
Durante el transcurso de la noche, su producción se ve reducida debido a una menor utilización de la boca, por lo que también experimenta una merma la capacidad protectora de la misma. Esto convierte la higiene oral en un aspecto fundamental para todas las personas, por lo que siempre se remarca la importancia de realizar un cepillado dental antes de ir a dormir.
La patología relacionada con la saliva llamada xerostomía tiene que ver con la disminución de la producción. Esto aumenta el riesgo de padecer enfermedades de etiología cariosa, facilita la irritación de la mucosa con una mayor facilidad, dificulta el hecho de tragar alimentos, provoca mal aliento y aumenta la posibilidad de infecciones por hongos.
Es por todo esto, por lo que la saliva es un elemento clave de nuestra salud oral, y al igual que todos los demás aspectos de nuestra boca, esta también tiene que ser tenida en cuenta.
 
 
 
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Las prótesis, así como los implantes dentales, permiten a muchos pacientes recuperar la estética de su boca y, sobre todo, su salud tras haber perdido una o más piezas de su dentadura. Sin embargo, la falta de información que rodea a este tema propicia la aparición de mitos que pueden provocar confusión a aquellos que se planteen optar por esta solución. Por ello, es importante conocer cuál es la verdad sobre ellos.

  1. Sólo las personas mayores pueden usarlas. Las dentaduras postizas pueden ser utilizarlas por todas las personas que hayan concluido su desarrollo óseo. La edad a la que se calcula que esto ocurre son los 18 años, por lo que a partir de ella no existe ningún tipo de límite en este sentido. De hecho, los problemas ocasionados por fracturas o traumatismos dentales graves que implican la pérdida de una o varias piezas pueden ocurrirnos a cualquier edad, no sólo en la vejez, por lo que las prótesis son una solución, a partir de la mayoría de edad, que debemos tener en cuenta.
  2. Impiden comer y hablar con normalidad. Utilizar una prótesis dental no implica que haya que dejar de comer ningún alimento ni, en la mayoría de los casos, hacerlo de forma diferente a como ocurre con normalidad. Pero sí que es cierto que los odontólogos advierten que morder ciertos alimentos con los dientes frontales puede causar dolor. Por otro lado, en cuanto al habla, puede ocurrir que sea necesario practicar la pronunciación de algunas palabras durante los primeros días o las primeras semanas de uso de la dentadura. Sin embargo, tanto la capacidad para comer alimentos difíciles de masticar como parar pronunciar las palabras menos sencillas volverá aumentará con la práctica y el tiempo.
  3. Tener el hueso de la mandíbula de gran tamaño es imprescindible. No existen dos prótesis dentales iguales porque nunca se generan a partir de un molde común. Se crean partiendo de las medidas tomadas de una impresión de la mandíbula y la boca. Por ello, no resulta indispensable que la persona a la que se la vaya a realizar el implante tenga un hueso maxilar lo suficientemente amplio, tanto en altura como en anchura. Además, al ajustarse a cada paciente, no causará un cambio en su apariencia.
  4. Puede desarrollar rechazo por parte del cuerpo y provocar enfermedades. El material que se utiliza para el desarrollo de este tipo de implantes es el titanio y es biocompatible. Esto quiere decir que los tejidos del organismo humano lo toleran sin provocar reacciones alérgicas del sistema inmunitario ni rechazo por parte del paciente. Lo que sí podría ocurrir es que la osteointegración, es decir, la conexión directa entre el hueso y la superficie del implante, no sea la adecuada.
  5. Son para toda la vida. Las prótesis dentales tienen una duración muy prolongada, pero no son indestructibles. Hay que cuidarlas tanto como a los dientes, ya que su mal uso y una limpieza inadecuada puede empeorar su apariencia y alterar el ajuste. Mantener una correcta higiene bucodental puede evitar enfermedades como la mucositis, que provoca inflamaciones en los tejidos. El paciente debe cuidar su boca y, con ella, sus implantes y visitar periódicamente a su especialista.

 
Fuente: vivirmasymejor.elmundo.es
 
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La higiene bucodental es un hábito básico y cotidiano. Estos consejos te ayudarán a que sea la más apropiada:
La higiene bucal es una de las más importantes en el cuidado diario de nuestro cuerpo. Los dientes cumplen una función fundamental en el organismo humano. Su limpieza es parte de las tareas cotidianas que deben aprender los niños desde pequeños, pero que también deben cumplir los adultos. A continuación, te damos pautas para que tu limpieza bucodental sea la más apropiada.

Un cepillado correcto

A la hora de cepillarnos los dientes, es conveniente saber que el movimiento del cepillo debe ser de arriba a abajo y no de izquierda a derecha, ya que de esa manera se puede contribuir a mover los restos de un lado a otro de la boca, generando problemas de sarro y gingivitis. Una limpieza efectiva no es mover el cepillo de un lado a otro, sino saber moverlo por las zonas más ocultas, como la parte trasera de los dientes y también los espacios que hay entre cada uno de ellos.

La saliva, una aliada

Beber agua es otro de los gestos que ayudan a mantener la higiene de los dientes. Es una acción que contribuye a generar saliva, una aliad en la prevención de caries o sarro. La saliva contribuye a reducir el nivel de ácido que desgasta el esmalte de nuestros dientes. Masticar chicles sin azúcar puede ser también un buen método para generar saliva. Los expertos dicen que masticar una pequeña pieza de queso después de las comidas también es beneficioso, puesto que ayuda a disminuir el PH de la placa bacteriana.

La pasta de dientes, con moderación

La abundancia de pasta en nuestro cepillo no garantiza una mejor limpieza, aunque tampoco hay que quedarse corto. Colocarla a lo largo del cepillo ayudará a llegar con él a zonas fundamentales de la boca, como las encías o la parte situada bajo la lengua. Si se abusa de las pasta de dientes, se produce una espuma en la boca que puede dificultar que hagamos una limpieza correcta.

Esperar media hora después de la comida

Una de las pautas más extendidas desde siempre es aquella que dice que los dientes deben lavarse inmediatamente después de las comidas. Muchos expertos lo desmienten. Al parecer, después del acto de comer, el esmalte de los dientes necesita un tiempo para recuperarse. Cepillarse los dientes justo después podría dañar al esmalte, por lo que se recomienda esperar una media hora. Ese período de tiempo ayuda, además, a que se recupere saliva dentro de la boca, un elemento importante para luchar contra los ácidos.

Dos veces al día, innegociables

Las prisas hacen que muchas veces nos ´saltemos´ el hábito de lavarnos los dientes. Por lo general, los dentistas recomiendan proceder a la higiene bucodental dos veces al día como mínimo. Una por la mañana, después de desayunar, y otra a la noche, después de cenar. Durante el sueño, la menor actividad de la saliva y de la lengua hacen que las bacterias encuentren un mejor caldo de cultivo dentro de la boca. Además, si se duerme con la boca abierta, se incrementa el riesgo de que los dientes queden menos protegidos.

Los tres minutos, como mínimo

Ya hemos indicado que el movimiento del cepillo debe hacerse de arriba abajo, tanto en las partes frontales como traseras del diente. ¿Durante cuánto tiempo? La duración no debería ser inferior a los tres minutos, siempre de manera firme pero sin provocar un daño innecesario a nuestras encías. El sangrado habitual a la hora de lavarse los dientes puede ser un síntoma de problemas de sarro o gingivitis. Y no debemos olvidarnos de que también hay que pasar el cepillo por las encías y la lengua, que acumula muchos restos de comida.

¿Qué cepillo me conviene?

Los dentistas aconsejan que se cambie de cepillo cada tres meses. Tras este tiempo, las cerdas perpendiculares se desgastan y corren el riesgo de no cumplir con su función. Los cepillos, en cualquier caso, no deben ser excesivamente duros, puesto que se corre el riesgo de que se dañe el esmalte. Los expertos también aconsejan no colocar un capuchón sobre el cepillo una vez hayamos acabado de lavar los dientes, puesto que de esa manera no se eliminarían correctamente las bacterias acumuladas en él. Por supuesto, conviene limpiarlo cuando terminemos.
 
Fuente: diarioinformacion.com
 
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Limitar el consumo excesivo de azúcares ayuda a mantener una buena salud bucodental

La caries dental es el proceso más frecuente de las 291 enfermedades más comunes en el mundo. Según el ‘Atlas de la Salud Bucodental’, en España hay 371 millones de dientes afectados por la caries, aunque la mayoría de los factores de riesgo que la producen son evitables, como la ingesta excesiva de azúcar.
Así, la reducción del ataque ácido del esmalte dental puede llevarse a cabo a través de una disminución de la ingesta azúcar, cuyo consumo mundial se ha triplicado en los últimos 50 años. «El consumo de azúcar altera los niveles de bacterias presentes en la boca, las cuales convierten el azúcar en ácido, desmineralizando el esmalte de los dientes. Los episodios repetidos de ingesta de azúcar durante todo el día aumentan la frecuencia de los ataques ácidos y el riesgo de desarrollar caries dental. Además, el consumo excesivo de azúcar se relaciona con el sobrepeso y obesidad, los cuales son factores de riesgo importantes para las enfermedades cardiovasculares y la diabetes, entre otros», explica Óscar Castro Reino, presidente del Consejo General de Dentistas. Si la caries no se trata, ésta alcanzará a la pulpa (nervio del diente), produciendo dolor. Además, una caries no tratada puede provocar infección en otros órganos del cuerpo (corazón, riñón…), y provocar la pérdida del diente. Por este motivo, se recomienda acudir a revisiones periódicas al dentista y así detectar de forma precoz la caries y otras patologías.
La incidencia de la caries en niños de 12 años es más alta en países con renta per cápita media, donde el 66% están sin tratar. Actualmente en España, 1,8 millones de niños menores de 12 años tienen caries en sus dientes primarios; 33 millones de personas de más de 12 años tienen caries en sus dientes permanentes y 803.000 personas mayores de 65 años no tienen ningún diente.
Para poner freno a esta creciente epidemia de caries y otras enfermedades, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo diario de azúcares libres, así como garantizar un etiquetado de los alimentos transparente para el consumidor y proporcionar pautas de nutrición simplificadas, incluido el consumo de azúcar, para promover una alimentación saludable.
Según datos de la OMS, cada año mueren cerca de 2,8 millones de personas a nivel mundial a causa de la obesidad y el sobrepeso. Este grave problema sanitario repercute también, y de manera importante, en la población española: el 57% de la población padece obesidad o sobrepeso en nuestro país, lo que nos posiciona como el segundo país de Europa después de Reino Unido. Pero no solo afecta a la población adulta, sino que la obesidad infantil también crece: tres de cada diez niños tienen sobrepeso u obesidad en España.

Directrices OMS

Las directrices de la OMS del 2015 recomiendan que la ingesta diaria de azúcares libres se limite a menos de 50 gramos, tanto en adultos como en niños. Una mayor reducción a 25 gramos aportaría beneficios adicionales y ayudaría a minimizar los riesgos para la salud (incluido el de caries dental) a lo largo de la vida.
En este sentido, el Consejo General de Dentistas recuerda que seguir una dieta sana y equilibrada desde la infancia, baja en azúcar, sal y grasas, y alta en frutas y verduras, evitando el consumo de bebidas carbonatadas y las comidas entre horas, reduce las enfermedades bucodentales y contribuye a una buena salud general. Asimismo, insiste en la importancia de cepillarse los dientes con pasta dentífrica fluorada, como mínimo, dos veces al día, y el uso de seda dental o cepillo interdental para mantener una buena higiene bucodental.
 
Fuente: abc.es
 
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La enfermedad periodontal agrupa la inflamación de encías, llamada gingivitis, y la periodontitis, y  es muy común. Sin embargo, esta enfermedad se puede prevenir con una buena higiene bucal.

Una enfermedad común

Alrededor del 40% de los adultos sufre de enfermedad periodontal, muchas veces sin ser consciente de ello. La enfermedad evoluciona lentamente, en muchas ocasiones sin presentar ni dolor ni señales de alerta visibles. Cuanto antes se diagnostica y se trata, mejor.

Encías sanas

La encía sana tiene una textura firme y es de color rosado pálido. Queda bien sellada al diente. Una encía sana no presenta sangrado al cepillado, ni con el uso de los cepillos interdentales.

Inflamación de encías – gingivitis

La placa bacteriana se genera constantemente sobre los dientes en forma de película. Si no se elimina correctamente a diario queda placa, sobre todo entre los dientes y dentro del surco gingival (entre diente y encía). Tras dos o más días de acumulación de placa en estas zonas se produce una inflamación de las encías, llamada gingivitis. Ésta se caracteriza por una encía de color rojo y textura hinchada. Las encías sangran al cepillar los dientes o al usar cepillos interdentales.

La periodontitis

Si no se elimina la placa bacteriana, se acumula y crece entre encía y dientes, en el llamado surco gingival. En la superficie del diente, la placa se endurece y se convierte en cálculo, aumentando la rugosidad, por lo que las bacterias se adhieren con aún más facilidad.
Esto conlleva una inflamación más profunda que afecta a los tejidos de soporte del diente. La gingivitis ha evolucionado a periodontitis. Es un proceso lento, que muchas veces pasa desapercibido y sin dolor alguno. En el peor de los casos, el diente empieza a tener movilidad, y puede llegar a caerse.

Prevención y tratamiento

Usted mismo puede prevenir la inflamación de las encías y la periodontitis a través de una buena higiene bucal. Cepíllese los dientes dos veces al día. Una vez al día, limpie entre los dientes, usando cepillos interdentales oseda dental. Puede ser necesario completar la higiene con algún cepillo especializado para zonas de difícil acceso. Pídale consejo e instrucciones específicas a su dentista o higienista dental.
Si sufres periodontitis avanzada, el tejido de tus encías quizá no responda a los tratamientos no quirúrgicos menos invasivos y a una buena higiene oral. En este caso, el tratamiento de la enfermedad puede requerir un procedimiento quirúrgico para evitar que siga avanzando hasta provocar la pérdida de tus dientes.

 
 

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